MADRID (EP). El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado la muerte del líder supremo de Irán, Alí Jamenei, de 86 años como consecuencia de los ataques lanzados por Estados Unidos a Israel este sábado contra el centro del poder en Teherán en una operación con el objetivo declarado de forzar un cambio de régimen en Irán.
"Jamenei, una de las personas más malvadas de la historia, ha muerto. Esto no solo es justicia para el pueblo de Irán, sino también para todos los grandes estadounidenses y para aquellas personas de muchos países de todo el mundo que han sido asesinadas o mutiladas por Jamenei y su banda de matones sanguinarios", ha señalado el presidente estadounidense en un mensaje en redes sociales con el que ha confirmado que ha sido eliminado el líder supremo iraní, en la cúspide de la República Islámica desde 1989.
Estados Unidos e Israel han lanzado este sábado una ofensiva sorpresa con cientos de bombardeos contra "ubicaciones que suponían una amenaza inminente", con el sector militar y nuclear en el foco. Washington ha declarado que el objetivo de la ofensiva es "desmantelar el aparato de seguridad del régimen", apuntando a un cambio de régimen y la caída de los ayatolás.
Teherán estaba negociando con Estados Unidos un acuerdo sobre su programa nuclear cuando Estados Unidos atacó este sábado a Irán con el apoyo de Israel. Teherán ha denunciado una "agresión militar criminal" que viola los principios de la Carta de Naciones Unidas y ha lanzado ataques en represalia contra bases militares estadounidense en países del Golfo, incluyendo Arabia Saudí, Bahrein, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Qatar.
Según Trump, el ayatolá "no pudo eludir los sofisticados sistemas de inteligencia y rastreo" en colaboración con Israel. "Ni él ni los demás líderes que han sido asesinados junto a él pudieron hacer nada", ha afirmado sobre la operación que ha acabado con la vida de Jamenei, segundo líder de la República Islámica tras el fundador, el ayatolá Ruholá Jomeini, al que sustituyó.
En palabras del presidente de Estados Unidos "esta es la mayor oportunidad que tiene el pueblo iraní de recuperar su país" y en una llamada a las fuerzas de seguridad y a los miembros de la Guardia Revolucionaria ha asegurado que pueden tener "inmunidad" si se rinden en este momento.
"Esperemos que los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica y la Policía se unan pacíficamente a los patriotas iraníes y trabajen juntos como una unidad para devolver al país la grandeza que se merece", ha insistido y en una llamada a acelerar una transición ha recalcado que el proceso "debería comenzar pronto".
Cúspide del sistema político piramidal de la República Islámica
El ayatolá Alí Jamenei estaba en la cúspide del sistema político instaurado en Irán tras la Revolución Islámica de 1979 y cuenta con importantes competencias a la hora de dibujar las políticas del país.
Jamenei es el líder supremo desde 1989, cuando reemplazó al fundador de la República Islámica, el ayatolá Ruholá Jomeini, convirtiéndose en la segunda y hasta ahora última persona en ocupar este cargo.

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Los últimos años había mantenido un discurso de línea dura sobre asuntos internacionales, especialmente en torno a la proyección de Teherán en la región, así como a nivel interno en lo relativo a la imposición de políticas conservadoras entre la sociedad, lo que ha generado críticas en por la represión contra disidentes y la obligatoriedad del velo.
Nacido en 1939 en la ciudad de Mashhad —una de las más importantes a nivel religioso para los chiíes—, estudió en Qom y estuvo encarcelado durante el régimen del sah de Irán, una época en la que mantuvo estrechos lazos con Jomeini, de quien fue presidente entre 1981 y 1989.
Antes de asumir el cargo de presidente fue viceministro de Defensa, representante de Jomeini en el Consejo Supremo de Defensa y comandante de la Guardia Revolucionaria. Durante su etapa como candidato a la Presidencia fue objetivo de un atentado con bomba que le causó heridas en el brazo y las cuerdas vocales.
Jamenei era un firme defensor del programa nuclear de Irán, si bien aprobó una 'fatua' o edicto religioso prohibiendo el desarrollo de armas nucleares. El líder supremo mantuvo una postura escéptica durante las negociaciones que derivaron en el acuerdo de 2015 y, tras la salida de Estados Unidos del acuerdo de 2018, venía sosteniendo que veía improbable un nuevo pacto por la postura de Washington.