Entrevista

AGRO

Carles Peris (La Unió): "Sin cupos ni aranceles para proteger nuestros productos en la UE, el mercado acaba cambiando"

El secretario general de la Unió Llauradora i Ramadera alerta de las consecuencias de una política comercial europea basada en la "foto fija" actual sin tener en cuenta las consecuencias a largo plazo para el sector primario

  • Carles Peris, secretario general de La Unió Llauradora i Ramadera.
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CASTELLÓ. Citricultor de profesión y por convicción, Carles Peris es, desde 2018, secretario general de la Unió Llauradora i Ramadera; entregado en cuerpo y alma a la defensa de la agricultura y la ganadería valencianas en un momento en que el sector se despierta con noticias desalentadoras casi a diario. "Es una batalla continua", reconoce. Una lucha en la que cada pequeño avance cuenta. Ante una política europea de acuerdos de libre comercio que parece empeñada en poner zancadillas a los productores locales, "por fin hemos conseguido que el Ministerio de Economía escuche nuestra propuesta de cláusulas de salvaguarda por el daño que supone para nuestros cítricos el acuerdo con Sudáfrica", celebra. Así, buscando ganar una batalla tras otra, su objetivo es asegurar un futuro al campo valenciano frente a los desafíos que ponen en juego su supervivencia. "Sin rentabilidad no habrá relevo", advierte. 

- ¿Qué balance hace de la actual campaña citrícola?

- Se confirma la baja productiva, es decir, continuamos teniendo aforos por debajo de las medias productivas que veníamos teniendo y, por lo tanto, es un efecto negativo. ¿Por qué? Porque, al final, a pesar de que hemos tenido precios estables en origen y en destino, que eso siempre da valor al productor, hay una parte importante de productores que no tienen un ingreso remunerador en su explotación porque han producido poco. Es decir, han percibido un precio razonable por la fruta, pero no les compensa. Y después tenemos el aspecto del aumento e incremento del coste de producción, que va a más, por lo tanto eso también es negativo, y la presión de terceros países en las importaciones de cítricos a la Unión Europea, tanto al inicio de campaña como en la segunda parte de campaña, que también nos presionan y es un hándicap negativo.

- ¿Qué implicación puede tener en el futuro esa pérdida de cuota de mercado en Europa, que es el principal mercado de nuestros cítricos?

- Ahora mismo, en estos momentos, la pérdida de cuota de mercado, en cuanto a precios, no se ve reflejada como algo negativo porque hemos bajado mucho la producción. Lo que estamos viendo es que en los últimos diez años los precios han mejorado, y también hemos perdido cuota de mercado. Lo que ocurre es que el mercado ahora está en un impás en el que la demanda y la oferta están bastante equilibradas, por lo tanto se defienden un poco los precios. Pero de cara al futuro sí que es algo negativo, porque el mercado europeo, que es el principal nuestro, está conociendo ya nuevos proveedores, como son los terceros países, y los está fidelizando.Se están fidelizando porque cada año envían más fruta al mercado europeo, y eso es un aspecto que en un momento determinado, cuando haya más oferta que demanda, puede generar problemas realmente graves como sector. Además, el sector no puede estar en una constante regresión productiva, porque lo que dejamos de hacer nosotros lo están haciendo los demás países.

- Entonces, ¿esta campaña no ha sido igual de rentable para todos? 

- Claro, depende de para quién. Ahora tenemos oportunidades en aquella explotación que está en manos de gente más profesional, más dedicada al campo. Esa gente ha reconvertido fincas, tiene fincas más jóvenes, más vigorosas, con más producción, están más encima de la dinámica agronómica, del control de plagas, de calidad del fruto. Este perfil más profesional sí que puede ganarse la vida. Pero necesitamos a toda la gente del sector que tiene campos y que es a tiempo parcial, porque ellos también ayudan a mantener estructuras, como por ejemplo las sociedades de riego, los almacenes donde se confecciona la fruta… todo eso es importante.

Por lo tanto, esa gente tiene que ganar dinero también. Si esa gente no gana dinero es un problema para el sector. Ahora hay una diferencia muy clara, los profesionales tenemos una oportunidad con los precios, pero hay mucha gente que se está quedando fuera de juego. Y esa gente puede acabar abandonando, porque las cifras de abandono no paran.

- De ahí la importancia de ayudas a la reconversión para aumentar los rendimientos... 

- Sin ayudas de la administración a la reconversión de árboles viejos en jóvenes, difícilmente vamos a tener explotaciones otra vez rentables o con una edad productiva adecuada. Porque si no se transforman, cada vez tendrán un rendimiento más bajo y acabarán abandonándose. Por eso insistimos tanto en la línea de reconversión de árboles viejos. Por otro lado, está la línea de reconversión varietal, sobre todo enfocada a reconvertir los híbridos polinizadores que al final provocan la pinyolà en las clementinas, sobre todo en la provincia de Castellón. Ahí también hay que incidir. Se está trabajando en una línea de reconversión varietal de híbridos polinizadores que posiblemente se publique en breve. Veremos si la administración da respuesta, aunque posiblemente no la podamos utilizar porque será tarde, pero en 2027 esperamos tener una línea. Y también necesitamos una línea para enmallar los campos que todavía son rentables o tienen una variedad rentable, para proteger a otras variedades del riesgo de pinyolà. Ese es el camino de futuro, ir mejorando cada vez más, porque la competencia de terceros países es muy fuerte.

- ¿Qué singularidades presenta la provincia de Castellón en este contexto?

- La provincia de Castellón, siendo la provincia con estructuras más pequeñas que el resto, sigue teniendo fuerza porque somos especialistas en pequeños cítricos, el grupo de clementinas y mandarinas. Mandarinas muy bien coloreadas, con más color, más sabor y más jugo, porque estamos más al norte y la climatología nos respeta más. Y después tenemos la clemenules, que es la reina, que en otras zonas productoras hay muy poca porque no se adapta igual. Por lo tanto, el factor clemenules-clementina en Castellón permite tener determinados clientes que otros ya no tienen. Nosotros hacemos mandarinas, clementinas y algo de naranja, hacemos de todo un poco, y eso nos permite aguantar, aunque tengamos estructuras más pequeñas.

- ¿El impacto en los costes de producción que tienen conflictos internacionales como la guerra de Irán tendrá consecuencias a largo plazo?

- La experiencia con la guerra de Ucrania, cuando ya tuvimos un aumento de costes que podíamos pensar que era coyuntural, nos dice que estas subidas se consolidan en el tiempo y acaban convirtiéndose en un cambio estructural. Ahora hemos tenido una subida muy alta de productos básicos en la producción, como el gasóleo o el fertilizante, que es un elemento básico de la nutrición. Y pequeños repuntes de subidas de precio de la energía en momentos como ahora, que vamos de cara a la temporada de riego. La experiencia nos dice que cuando en momentos coyunturales tenemos subidas muy agresivas, después nunca baja a los niveles anteriores. Por lo tanto, cada vez nos está costando más producir, y esto es una constante: año tras año los costes de producción van en aumento.

- El sector primario arrastra una crisis de rentabilidad, pero el precio de los alimentos no para de crecer. ¿Cómo encaja esta situación? 

- Nosotros lo que vemos es que dentro de la estructura de la cadena alimentaria, mayoritariamente, excepto campañas puntuales o algún producto concreto, ahora tenemos menos capacidad productiva prácticamente en todos los sectores agrarios. Estamos produciendo, prácticamente, todos los años menos. ¿Eso en qué se traduce? En que el precio en origen sube. Tenemos un precio en origen más alto y un precio en destino que también es más alto que hace diez años porque hay menos producción. Pero lo que sí vemos es que la cesta de la compra sube mucho más porque los supermercados continúan teniendo unos diferenciales muy altos. Es decir, nosotros vendemos algo más caro, pero el supermercado lo encarece mucho más al consumidor. Todos reconocen que hay aumento del coste de producción en todos los eslabones, pero los márgenes no se corrigen. Eso tiene un efecto negativo: baja el consumo de fruta fresca y hortaliza fresca, porque no todas las familias pueden asumir ese precio. Y eso también es un problema, porque se pierden hábitos de consumo.

- ¿Qué papel pueden jugar las campañas de promoción para revertir esta situación?

- Es más importante que nunca hacer promoción, porque ya no es solo la fruta o la hortaliza, es que tenemos productos procesados compitiendo diariamente en el lineal. Por lo tanto, hay que ser muy constantes en la promoción. Las interprofesionales son fundamentales, porque recaudan dinero del sector, una parte la pagan los productores, y con eso se hace promoción para intentar llegar a más consumidores, vender más y dar estabilidad al sector.

En el caso de los cítricos, nosotros hemos insistido mucho en campañas con fondos públicos y en potenciar la IGP Cítricos Valencianos, porque tiene capacidad de posicionarse en el mercado. Ahora mismo se ha reconducido la situación de la interprofesional y se ha presentado ya la documentación a Bruselas para la extensión de norma de Intercitrus. En cuanto se apruebe, podremos empezar campañas de promoción de cítricos, además de las que ha anunciado la Conselleria. Es imprescindible.

- ¿Es el sector primario el gran damnificado de los acuerdos comerciales de la Unión Europea?

- Sí, tenemos la sensación de que el sector agrario acaba siendo una moneda de cambio en los acuerdos comerciales. Nosotros siempre hemos defendido que estos acuerdos deben existir, pero con una mayor ordenación: teniendo en cuenta volúmenes y si realmente hay déficit. Si en un momento determinado no falta producto para abastecer el mercado europeo, no tiene sentido facilitar importaciones desde terceros países. El problema es que producimos con los estándares más exigentes del mundo en materia ambiental y de calidad, y aun así competimos con productos que llegan desde miles de kilómetros en plena campaña, lo que desestabiliza el mercado. Por eso creemos que los acuerdos deben regularse mejor, con ventanas comerciales claras, cupos ajustados, cláusulas de salvaguarda eficaces y, cuando coincidan las campañas, incluso aranceles, como se aplican en otros sectores.

En el caso de los cítricos, por ejemplo, si a partir de septiembre ya hay producción suficiente en Europa, no tiene sentido seguir importando. En esa línea, recientemente hemos pedido al ministro que se plantee solicitar una cláusula de salvaguarda en el acuerdo con Sudáfrica. De hecho, la próxima semana tenemos una reunión en el Ministerio de Economía con el ministro Carlos Cuerpo, donde se va a abordar este asunto. El propio informe que hemos trasladado ya apunta a que existen argumentos suficientes para poder plantear esa cláusula, y al menos hemos conseguido que el Gobierno empiece a escucharnos, algo que no había sucedido en años. Aun así, el problema de fondo es que estos acuerdos no se pueden analizar solo con una “foto fija”. A corto plazo pueden parecer poco relevantes, pero a medio y largo plazo tienen un impacto muy importante. Sin cupos ni aranceles, el mercado acaba cambiando: por ejemplo, en el caso del zumo, puede llegar a ser más rentable importar producto de fuera que transformar nuestra propia fruta. Eso puede dejar sin salida a un 20% de nuestra producción que va destinada a la industria. Lo que hemos visto es que, con el tiempo, esta presión acaba desestructurando el sector: se pierde producción en determinados momentos de la campaña y, cuando ya no existe, se utiliza como argumento para seguir importando. Es un círculo que perjudica gravemente a los productores y que, en muchos casos, la política no termina de comprender.

Fotos: ANTONIO PRADAS

- ¿Deberían explorarse nuevos mercados para la exportación de nuestros productos agrarios?

- El problema es que, en la mayoría de sectores, estamos produciendo menos y no tenemos margen. No hay capacidad suficiente para garantizar un suministro continuado a terceros países. Aunque existan mercados con arancel cero —como China, Japón o Canadá—, la realidad es que tenemos menos producto, producimos con costes más altos y, además, competimos en economías donde los números no salen.

A esto se suma un hándicap importante: la Unión Europea negocia los protocolos de importación, pero los de exportación los negocia cada Estado de forma bilateral. Eso nos resta fuerza, porque cuando vamos a negociar ya se han concedido muchas ventajas, como ahora con los países de Mercosur. Es una de las críticas que hacemos: la negociación debería hacerse como bloque, en lo bueno y en lo malo.

Además, abrir nuevos mercados no es sencillo, especialmente en productos perecederos, que requieren logística, volumen y estabilidad. Y ahora mismo no tenemos ni los volúmenes ni, en muchos casos, el incentivo, porque ya existen mercados cercanos más viables. De hecho, los propios datos lo reflejan: en el caso de los cítricos, la exportación está muy concentrada. La promoción se centra principalmente en Alemania (60%) y Francia (40%) dentro de la Unión Europea, y en Reino Unido fuera de ella. En otros países terceros —como Estados Unidos, Canadá, Japón o China— los volúmenes son muy bajos, en torno a cifras testimoniales, lo que hace inviable incluso plantear campañas de promoción.

- ¿Qué impacto tendrían en la Comunitat los recortes en la Política Agraria Común?

- El impacto puede ser muy grande. Si se consolidan los recortes de entre el 20% y el 22% del presupuesto de la PAC, afectarán especialmente a territorios como la provincia de Castellón o la Comunitat Valenciana, que ya son de los que menos perciben estas ayudas. En las zonas de interior, desfavorecidas, con bajos rendimientos y en riesgo de despoblamiento, la PAC supone entre un 30% y un 40% de los ingresos. Sin ese apoyo, muchas explotaciones no son viables. Son territorios donde los condicionantes son todos negativos —secano, menor productividad— y esa ayuda es la que permite mantener la actividad y complementar la renta agraria. Perderla sería, literalmente, una “muerte anunciada” para muchos productores.

En las zonas citrícolas el impacto sería menor, porque la PAC no tiene tanto peso como en el interior, pero en estas áreas sí es absolutamente determinante. Por eso estamos presionando para que no se reduzca, e incluso para que se refuerce en esos territorios. Además, la PAC no solo garantiza la producción de alimentos y la suficiencia alimentaria en Europa; también cumple una función clave de mantenimiento del territorio y de la población rural. Reducirla es, en la práctica, favorecer el despoblamiento. Y ahí es donde la política debe actuar: no se puede recortar la PAC y luego lamentar el abandono del interior. En provincias como Castellón, un paso atrás en este sentido tendría consecuencias muy graves.

- ¿Cómo valora los controles en la Unión Europea para evitar la entrada de plagas y materias activas prohibidas en importaciones?

- Los protocolos de importación que aplica la Unión Europea son, en general, laxos para frutas y hortalizas de terceros países. Y los datos lo demuestran: la entrada continuada de plagas indica que ni los protocolos son lo bastante estrictos ni los controles en frontera pueden ser totalmente eficaces. Es materialmente imposible contar con un volumen de inspectores que controle todo el flujo comercial, tanto en plagas como en materias activas no autorizadas o por encima de los límites de residuos. Al final, se están ofreciendo al consumidor dos estándares: el europeo, mucho más exigente, y otro inferior, sin el mismo nivel de control.

Por eso, si no se actúa en origen —exigiendo a los países terceros elevar sus estándares— o no se condicionan los acuerdos comerciales a ese nivel de exigencia, seguirá existiendo esa doble vara de medir, que perjudica tanto al productor como al consumidor. Desde el sector se denuncian de forma constante las detecciones en frontera a través del sistema RASFF, pero aun así no se aprecia un refuerzo claro de los controles. Existen controles aleatorios y, en algunos países con más incumplimientos, porcentajes mínimos que en la mayoría de casos están por debajo del 50%. Se plantea llegar a ese nivel de control físico, pero, a día de hoy, sigue siendo insuficiente.

- ¿En qué nivel de riesgo nos encontramos en materia de plagas que pueden afectar a la agricultura valenciana?

- La principal amenaza, por su impacto potencial, es el HLB, que supondría un cambio total en la citricultura actual. Después, hay plagas recurrentes que llevan años presentes y que tienen repuntes en función de las campañas, muchas veces por la desaparición de materias activas eficaces o por la generación de resistencias.

La lucha biológica aún no ofrece una respuesta plenamente efectiva, lo que implica un aumento constante de los costes de producción. Además, están apareciendo nuevas enfermedades, como la clorosis —similar a otros episodios históricos como el virus de la tristeza—, que ya está generando preocupación. En este caso, aunque en naranjos, mandarinos o clementinos puede no mostrar síntomas, en otros cítricos como el limón sí está teniendo efectos relevantes, lo que obligará a desarrollar patrones resistentes o tolerantes. En esa línea, se está trabajando desde Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias en sistemas de detección rápida y en garantizar que el material vegetal de vivero esté libre de virus. Son retos importantes que marcarán la evolución del sector.

Fotos: ANTONIO PRADAS

- ¿El futuro del sector depende en gran medida de que se avance en la investigación?

- El sector depende absolutamente de la investigación; es un pilar fundamental. Desde el control de plagas hasta el desarrollo de variedades más resistentes a enfermedades, virus o condiciones climáticas extremas, la inversión en investigación es clave. Herramientas como la edición genética, por ejemplo mediante CRISPR, se valoran positivamente porque pueden permitir desarrollar plantas más adaptadas.

El cambio climático es otro factor determinante: está reduciendo rendimientos, generando estrés en las plantas, provocando caída de fruta y alterando los ciclos productivos. Se está produciendo una desestacionalización de cultivos: algunos que antes se producían en determinadas épocas ahora no son viables por las altas temperaturas, mientras que otros se desplazan en el calendario. Es una realidad ya en marcha, y la única vía de adaptación pasa, en gran medida, por la investigación y la mejora varietal.

- ¿Hay esperanza de un relevo generacional en el campo valenciano?

- El relevo generacional solo será posible con precios dignos y estables. Sin rentabilidad, no se puede revertir la situación. Las ayudas a la incorporación son necesarias, pero insuficientes: en la última convocatoria, tras cuatro años sin abrirse, se prevé la incorporación de unas 600 personas, una cifra muy baja para un periodo tan largo.

El problema es también estructural: no tiene sentido que las convocatorias se produzcan cada cuatro años. Debería existir un sistema continuo, con recursos disponibles cada año para incorporar a jóvenes en el momento en que decidan hacerlo. Aun así, el factor determinante sigue siendo el precio. Cuando los precios no cubren costes —como ha ocurrido en cítricos con liquidaciones de apenas 9 o 10 céntimos—, el sector se desincentiva completamente. En cambio, cuando hay precios remuneradores, se genera inversión, expectativa y capacidad de atraer a nuevos agricultores. Es una condición imprescindible para garantizar el futuro del sector.

- ¿Y para una mayor presencia de la mujer al frente de explotaciones agrarias y ganaderas?

- Sí, se está notando cierto cambio, pero más en el relato que en los datos. Hay una mayor intención y discurso en favor de incorporar a más mujeres al sector, pero la realidad es que seguimos teniendo un déficit importante de mujeres al frente de explotaciones, ya sea como titulares o en régimen de titularidad compartida. El avance es muy lento, prácticamente estamos estancados, y cuando no se avanza, en realidad se retrocede. Para que haya un cambio real, los datos deberían mejorar de forma sostenida, y eso no está ocurriendo al ritmo necesario.

Desde las organizaciones también estamos haciendo esfuerzos: se han dado pasos hacia estructuras más inclusivas, con mayor presencia de mujeres en órganos de dirección y responsabilidades. Sin embargo, incluso ahí, la sensación es que el avance es más visible en la intención que en los resultados. En cualquier caso, tanto la incorporación de mujeres como la de jóvenes son líneas estratégicas fundamentales para el futuro del sector. Es necesario seguir insistiendo, aunque los avances estén siendo más lentos de lo deseable.

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