Las elecciones municipales en Valencia dejaron un panorama similar al de la última legislatura, pero más diáfano si cabe, desapareció la formación de Podemos/València en Común y Compromís ganó con diez ediles que sumados a los siete del PSPV les permite gobernar con relativa comodidad y tranquilidad, pese a ser un triunfo ajustado pues el bloque de centro/derecha suma dieciséis concejales. La cuestión es que contra todo pronóstico seguimos sin gobierno municipal y dentro de una semana está convocado el pleno de organización y las comunicaciones siguen congeladas.
En esta historia debe haber algo que se nos escapa, que nadie sabe o pocos cuentan, quizá un giro radical en la aparente bonhomía del alcalde Ribó que considera que sólo hay un alcalde y el resto son concejales, ediles, regidores en igualdad de condiciones y protagonismo. Es aquello de Orwell en Rebelión en la granja: “Aquí todos somos iguales, pero unos más iguales que otros”.
Desde el lunes posterior a la celebración de las elecciones, las declaraciones, reuniones y demás informaciones entre el pacto Compromís y PSPV han estado empañadas por una continua tensión entre sus líderes, desencuentros, críticas cruzadas y una serie de posicionamientos que se pueden calificar de surrealistas si sabemos que van a pactar sí o sí, que tanto unos como otros quieren ser socios y que la actitud del alcalde de negar la posibilidad de crear una vicealcaldía para Sandra Gómez es un extraño empecinamiento entre quienes están destinados a regir juntos los destinos del cap i casal durante cuatro años más.