VALÈNCIA. La vivienda se ha convertido en el principal obstáculo para las personas en riesgo de exclusión social atendidas por Casa Caridad. Así lo refleja la Memoria de Actividad de 2025 presentada este martes por la entidad valenciana, que advierte de que el encarecimiento de los alquileres está frenando los procesos de inserción sociolaboral de personas que, en muchos casos, ya han logrado estabilizar su situación económica.
En este contexto, uno de los recursos que más peso ha ganado durante los últimos años ha sido el Proyecto Fénix, el programa de viviendas supervisadas que Casa Caridad puso en marcha hace una década y que en 2025 ha permitido alojar a 121 personas entre València y Torrent. La iniciativa cuenta en la actualidad con 22 viviendas compartidas y 100 plazas, donde las personas usuarias encuentran un entorno más autónomo para consolidar su proyecto de vida al mismo tiempo que reciben apoyo profesional.
De las 121 personas alojadas durante el pasado ejercicio, 45 residieron en las diez viviendas compartidas que la entidad gestiona en València, con capacidad para 38 plazas. El perfil de los usuarios en el Cap i Casal estuvo compuesto por un 38% de mujeres, un 47% de hombres y un 15% de menores. Por su parte, las 12 viviendas supervisadas de Torrent acogieron a 76 personas en 2025. En este caso, el porcentaje de niños y niñas que se alojaron en estos inmuebles fue superior, pues un 40,8% eran menores de edad, mientras que el 30,3% eran mujeres y el 28,9% hombres.
De alojar a las familias de la Dana a recuperar el proyecto original
Cabe recordar que la expansión del Proyecto Fénix en Torrent estuvo marcada por la Dana del 29 de octubre de 2024. Casa Caridad adquirió 12 viviendas en el municipio gracias a una donación de 2,37 millones de euros de la Fundación para la Promoción de Acciones Solidarias. Aunque en un inicio la idea de la entidad era ampliar este programa residencial, la catástrofe obligó a adaptar temporalmente el recurso para atender a familias que habían perdido sus hogares como consecuencia de las inundaciones.
"Las viviendas adquiridas en Torrent fueron para el Proyecto Fénix, pero nos sorprendió la Dana. Entonces, por la emergencia, alojamos a familias afectadas", explica Guadalupe Ferrer, secretaria y directora-general de Casa Caridad. Con el paso de los meses, y a medida que las familias damnificadas han ido recuperando o rehabilitando sus viviendas, la entidad ha comenzado a recuperar la finalidad inicial del programa. "Ahora ya volvemos a recuperar el proyecto original y están entrando personas en riesgo de exclusión social", señala Ferrer.
Las viviendas fueron adquiridas el 17 de diciembre de 2024 y se acondicionaron en tiempo récord para poder recibir a las primeras familias. Ferrer explica que Ikea colaboró a través de su proyecto En Mano, diseñando y amuebló los pisos con rapidez, aunque el coste fue asumido por Casa Caridad. "Nos hicieron un proyecto para tenerlo todo listo muy rápido. Hasta el belén les pusimos", bromea la directora-general.
Según detalla la presidenta de Casa Caridad, Elena Sánchez, las personas que acceden a estas viviendas ya han pasado previamente por otros recursos de la entidad y llegan a ellas cuando ya se encuentran en una fase más avanzada de recuperación. "Son personas que conocemos porque han pasado por el centro de acogida temporal o por otros recursos y para ellas este es el último paso antes de hacer una vida lo más normal posible", explica Sánchez.

- Elena Sánchez y Guadalupe Ferrer leen la Memoria de Actividad 2025 de Casa Caridad.- Foto: CASA CARIDAD
En este proceso, las familias continúan contando con acompañamiento profesional. "En los pisos del Proyecto Fénix tenemos un trabajador e integrador social y un psicólogo que les ayudan con los trámites, con los cursos de formación para buscar empleo o, cuando hay menores, con la escolarización y las actividades para los niños", detalla Sánchez. "Muchas personas llegan a un país que no conocen y son estos profesionales quienes les ayudan a conseguir lo que necesitan", añade la presidenta de Casa Caridad.
Por su parte, la directora-general de la entidad considera que "el futuro son los pisos supervisados", ya que permiten a las personas recuperar algo tan básico como disponer de un hogar. "Es un paso más hacia una vida normalizada. Aunque no sea una solución definitiva, durante el tiempo que están allí tienen su hogar", subraya Ferrer. Y así lo evidencia la evolución del programa.
Según la Memoria de Actividad de 2025, el Proyecto Fénix acogió en 2023 a 52 personas, una cifra que se duplicó hasta las 108 en 2024 y volvió a crecer hasta las 121 personas durante el pasado ejercicio. Además, cinco familias, formadas por 16 personas, accedieron a una vivienda definitiva y otras once lograron acceder a un empleo.
La oportunidad de decir "vamos a casa"
Entre quienes han encontrado una oportunidad en el Proyecto Fénix se encuentra Giahomy Nava, una madre soltera de 28 años que abandonó su Venezuela natal por la situación política y económica del país. Su objetivo es intentar construir un futuro mejor, por lo que, tras llegar a España y agotar los recursos con los que contaba, fue atendida por Casa Caridad y accedió a una de las viviendas supervisadas en Torrent.
"Se me dio la posbilidad de estar en el Proyecto Fénix. Son pisos supervisados y realmente son una oportunidad para que uno pueda realizarse gracias al apoyo de Casa Caridad", relata Nava. En la actualidad comparte vivienda con otra mujer, también madre soltera, y sus respectivos hijos, ambos de siete años. "Somos de diferentes nacionalidades, pero la convivencia es muy buena y nos hemos ayudado mucho", asegura.
Nava destaca que las viviendas están completamente equipadas y que le han permitido recuperar estabilidad. "Nos dieron una sensación de hogar", explica. Durante los nueve meses que lleva en el piso ha podido centrarse en regularizar su situación administrativa y buscar empleo mientras su hijo continúa con su rutina. "Tuve la oportunidad de decir 'vamos a casa'...", expresa y no termina la frase porque le invade la emoción. Sánchez le ayuda a continuar: "Lo más bonito que puede decir una persona es 'tengo un hogar'. Parece algo sencillo, pero poder llegar a casa, acostarte en una cama limpia y tener un sitio al que volver es un privilegio".

- Una de las 12 viviendas del Proyecto Fénix de Casa Caridad en Torrent.- Foto: CASA CARIDAD
Todos los recursos, al 100% de ocupación
Por todo ello, Casa Caridad considera que el acceso a la vivienda es el principal desafío social en València. "Nos encontramos con personas que han conseguido empleo y están preparadas para iniciar una vida independiente o abandonar recursos residenciales, pero no encuentran alternativas habitacionales a precios asequibles. La vivienda se ha convertido en una barrera que frena muchos procesos de inserción", advierte Sánchez.
La presidenta asegura que todos los recursos de alojamiento de la entidad están ocupados. "Si tuviéramos el doble de plazas, también los llenaríamos", afirma. Ferrer pone cifras a esta situación. "Una habitación en València puede costar ya 600 euros. Una persona que cobra el salario mínimo tiene que elegir entre pagar el alquiler o comer", señala la directora-general de Casa Caridad.
En total, la entidad atendió a 4.705 personas durante 2025. El 53% fueron mujeres y aproximadamente un tercio menores de edad. Gracias al acompañamiento de Casa Caridad, 117 personas accedieron a un empleo y otras 159 encontraron una solución habitacional acorde a sus posibilidades.
En materia de alojamiento, los distintos recursos residenciales de Casa Caridad atendieron a 553 personas y registraron 82.279 pernoctaciones. Los centros de acogida temporal de Pechina y Benicalap, con 63 y 65 plazas respectivamente, funcionaron al 100% de ocupación y acogieron a 211 y 133 personas. Asimismo, el Centro de Atención a Emergencias Sociales (CAES), impulsado por el Ayuntamiento de València, atendió a 88 personas durante el pasado ejercicio.
La presión económica también se dejó sentir en el reparto de alimentos. La entidad entregó una media de 120 carros diarios con alimentos y productos básicos, alcanzando las 33.602 entregas a lo largo del año. "La vulnerabilidad ha cambiado. Cada vez atendemos a más personas que trabajan y que hace unos años probablemente nunca habrían necesitado acudir a una entidad social. El aumento de los precios está reduciendo el margen económico de muchas familias hasta límites muy preocupantes", concluye Sánchez.