De "pseudoautopista" a supermanzanas: el plan que transformaría el Camí Nou entre Benetússer y Silla

Comarca y empresa

Donde hoy mandan el asfalto y los coches, la propuesta de un grupo de jóvenes imagina aceras más amplias, árboles, carril bici y espacios para recuperar la vida en una calle de 12 kilómetros que transcurre por l'Horta Sud

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BENETÚSSER. Una ambulancia intenta abrirse paso por el Camí Nou de Benetússer en plena hora punta de la mañana. Delante, un coche detenido le impide avanzar. Invadir el carril contrario tampoco es una opción: una fila de vehículos espera ante un semáforo. A escasos metros, en la acera, algunos peatones tienen que echarse a un lado —e incluso bajar momentáneamente a la calzada— para dejar pasar a quienes vienen de frente. Apenas caben tres personas caminando juntas.

En una terraza cercana, varios hombres toman café y leen el periódico bajo la sombra de uno de los pocos árboles de este tramo. Las mesas prácticamente se salen de la acera y quedan pegadas al tráfico. Coches, autobuses, comercios, viviendas, cafeterías y peatones comparten unos pocos metros de anchura en una de las principales arterias de l'Horta Sud.

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Es el Camí Nou de siempre. Pero, ¿y si dejara de serlo? Imaginar esta vía con menos coches, aceras mucho más anchas, carril bici, árboles, zonas verdes, espacios de juego o lugares para sentarse resulta extraño para quien lleva décadas recorriéndola tal y como es ahora.

"El ser humano es un ser de costumbres, le cuesta mucho adaptarse a lo nuevo", reconoce Javier Martínez. Él, junto a Gabriela Guajardo, David Saleh y Henrique, forma parte del grupo de estudiantes de la Universitat Politècnica de València (UPV) que ha planteado precisamente esa transformación. Su propuesta, ganadora del IV Hackathon de Movilidad del Mobility Summit 2026, parte del modelo de las supermanzanas para intentar resolver uno de los grandes problemas de este continuo urbano: una parte importante del espacio público continúa organizada alrededor del vehículo privado.

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Una misma calle que atraviesa l'Horta Sud

El Camí Nou es mucho más que una avenida de Benetússer. Forma parte del antiguo eje de la N-340 y del histórico Camino Real de Madrid, una arteria que todavía hoy permite recorrer prácticamente de forma continua los municipios situados al sur de València.

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La calle cambia de nombre conforme atraviesa cada término municipal, pero el paisaje urbano apenas entiende de fronteras administrativas. Desde València, el eje entra en Benetússer por el Camí Nou, continúa hacia Alfafar, atraviesa Massanassa, alcanza Catarroja y prosigue hacia Albal y Beniparrell hasta Silla. Entre Benetússer y Catarroja apenas hay dos kilómetros: el primero aparece aproximadamente en el kilómetro cinco desde València y, poco después, se suceden Alfafar, Massanassa y Catarroja.

En la práctica, constituye una larga calle metropolitana que atraviesa uno de los espacios más densamente urbanizados de l'Horta Sud. Viviendas, pequeños comercios, supermercados, bares, servicios y numerosas líneas de autobús conviven con un tráfico intenso que durante buena parte del día condiciona el funcionamiento de la vía.

Ahí es donde los estudiantes sitúan su propuesta. No se trata únicamente de reformar una avenida o ensanchar una acera, sino de cambiar la lógica con la que se mueve el tráfico por los núcleos urbanos. "Pseudoautopista", la define Javier. "Gris" y "oscura", añade Gabriela mientras recorre el Camí Nou.

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¿Cómo sería una supermanzana en Benetússer?

Para entenderlo basta con detenerse en uno de los tramos del Camí Nou, a la altura de la gasolinera de Benetússer. Actualmente existen dos carriles de circulación, uno por sentido, utilizados tanto por vehículos privados como por los autobuses que atraviesan el municipio. A ambos lados hay espacio destinado al estacionamiento y unas aceras que, en determinados puntos, apenas permiten caminar cómodamente a dos personas juntas. La vegetación es escasa y el tráfico ocupa buena parte del espacio disponible.

La fotografía que imaginan los estudiantes es muy diferente. La primera decisión pasaría por sacar de esta vía una parte del tráfico que únicamente utiliza el Camí Nou para atravesar los municipios. En lugar de circular por el centro de Benetússer, Alfafar o Massanassa, esos desplazamientos podrían dirigirse hacia ejes alternativos como la CV-400 cuando el objetivo sea llegar a València o desplazarse entre municipios sin necesidad de entrar en sus núcleos urbanos.

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El tráfico interior, mientras tanto, se reorganizaría alrededor de las supermanzanas. Algunos tramos podrían pasar a tener un único sentido de circulación, de manera que el espacio que hoy ocupa el segundo carril pudiera recuperarse para otros usos.

Y ahí comienza la transformación. Las aceras ganarían varios metros y permitirían caminar, detenerse o colocar terrazas sin competir constantemente por el mismo espacio. El transporte público mantendría su presencia en el eje e incluso podría disponer de mayor prioridad para evitar que los autobuses quedasen atrapados entre atascos, semáforos o vehículos estacionados en segunda fila.

La bicicleta y otros medios de movilidad ligera ganarían también un itinerario propio. Y el asfalto convencional podría combinarse con materiales fonoabsorbentes u otras soluciones dirigidas a reducir el ruido que genera el tráfico. El objetivo, en definitiva, sería que el Camí Nou dejase de funcionar únicamente como una carretera que atraviesa una ciudad para comportarse también como una calle en la que vivir.

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Más verde y preparado ante inundaciones

La transformación tendría además una segunda vertiente: renaturalizar el eje. La propuesta plantea introducir arbolado y zonas verdes a ras de suelo capaces de recoger y drenar parte del agua cuando llueve. No se trataría únicamente de colocar árboles en determinados alcorques, sino de crear pequeñas superficies permeables y conectarlas hasta formar una infraestructura verde a lo largo del municipio.

Gabriela imagina incluso una red que permita conectar distintos espacios verdes actualmente aislados. Henrique resume la filosofía en "renaturalizar lo máximo posible el entorno y priorizar las zonas verdes", sin eliminar completamente el tráfico rodado, pero reduciéndolo al necesario y equilibrándolo con el espacio reservado al peatón.

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Una cuestión que adquiere todavía mayor importancia en l'Horta Sud después de la Dana. La recuperación de espacio permeable, la incorporación de vegetación y la capacidad de las calles para gestionar el agua pasan así a formar parte de una reflexión que ya no se limita únicamente a la movilidad o a la estética urbana.

Entre árbol y árbol podrían aparecer bancos, pequeñas áreas infantiles o espacios de estancia. Lugares que permitan hacer precisamente algo que hoy resulta complicado en buena parte del Camí Nou: permanecer en él sin necesidad de estar caminando hacia algún sitio. "Darle vida a la calle, bien sea social, comercial o de cualquier otro tipo", resume Javier.

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¿Y dónde aparcan los coches?

Es probablemente una de las primeras preguntas que surgirían ante una transformación de estas características. Si desaparece parte del estacionamiento del Camí Nou, los vehículos tienen que ir a algún sitio. La propuesta plantea concentrar una parte de esas plazas en aparcamientos situados en solares o espacios actualmente infrautilizados, especialmente en el perímetro de las supermanzanas. Benetússer ya ofrece algún ejemplo de superficies de este tipo, como el aparcamiento situado junto al mercado municipal.

La lógica sería sencilla: aparcar el vehículo y recorrer a pie los últimos metros, en lugar de garantizar que prácticamente cada calle tenga estacionamiento a ambos lados. Algo parecido ocurriría con los desplazamientos. Quien necesite moverse dentro del municipio podría hacerlo a través de la nueva red de circulación, mientras que quien únicamente quiera atravesar l'Horta Sud tendría alternativas exteriores capaces de absorber ese tráfico. La propuesta no pretende, por tanto, hacer desaparecer el coche. Pretende decidir dónde es realmente necesario que esté.

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Una transformación que tendría que hacerse con los vecinos

Sobre el papel, el resultado parece sencillo: menos tráfico, más árboles, aceras más amplias y calles con mayor actividad social. Llevarlo a la práctica sería bastante más complicado. Porque el Camí Nou no es un dibujo sobre un plano. Miles de personas viven en él o en sus inmediaciones, cientos de comercios dependen de su accesibilidad y buena parte de los vecinos lleva décadas organizando sus desplazamientos alrededor del vehículo privado.

Por eso los estudiantes insisten en que una transformación de estas características no podría plantearse de espaldas a quienes viven allí. El diseño de cada supermanzana tendría que partir de las necesidades de residentes, comerciantes, personas mayores, familias o usuarios del transporte público y adaptarse a la realidad de cada tramo. Quizá por eso cuesta imaginarlo mientras una ambulancia sigue intentando abrirse paso entre los coches del Camí Nou.

La calle que plantean los estudiantes todavía no existe. Donde hoy hay dos carriles podría haber uno; donde aparcan coches podrían crecer árboles; donde una terraza pelea por unos centímetros de acera podrían quedar varios metros para caminar, jugar o simplemente sentarse. "El ser humano es un ser de costumbres", decía Javier al comenzar el recorrido. 

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