VALÈNCIA. La huerta continúa ocupando una parte esencial del territorio de buena parte del área metropolitana de València. Los campos de regadío rodean buena parte de la ciudad y toda su corona metropolitana, pero ni tiene el mismo peso en todos los municipios ni toda la superficie que permanece bajo protección conserva las mismas características.
Ponerle cifras a ese paisaje permite hacerse una idea de su dimensión. Cerca de 10.000 hectáreas repartidas entre 40 municipios forman parte del ámbito estricto del Plan de Acción Territorial (PAT) de l'Horta de València, según la cartografía de la Generalitat y de la delimitación oficial de los términos municipales.
El mapa deja algunas diferencias llamativas. El Puig de Santa Maria es el municipio con mayor superficie incluida en este ámbito, con 1.051 hectáreas, seguido de Catarroja, con 858,6; Alfafar, con 778,4; y Puçol, con 751,8. Incluso València, pese al intenso desarrollo urbano de la capital, conserva 613,5 hectáreas dentro de la delimitación.
Pero contar únicamente las hectáreas ofrece una imagen incompleta. El tamaño de cada término municipal cambia por completo la fotografía. Y ahí es donde aparece uno de los datos más significativos: en trece municipios, más de la mitad de todo su territorio está incluido en el ámbito estricto del PAT de l'Horta.
El caso más destacado es Alfafar. Sus 778,4 hectáreas suponen el 78,4% de todo el término municipal. Le siguen Almàssera (70,7%), Meliana (70,5%) y Picanya (70,4%). En estos cuatro municipios, al menos siete de cada diez hectáreas forman parte de la delimitación territorial de l'Horta.
También ocurre en buena parte de Catarroja, donde las 858,6 hectáreas representan el 65,7% del municipio; Alboraya (64,1%); Massanassa (61%); Alfara del Patriarca (60,8%); y Massalfassar (60,4%). Tavernes Blanques, Albuixech, Vinalesa y la Pobla de Farnals completan la lista de trece localidades donde este territorio supera la mitad de la superficie municipal.
La comparación permite entender por qué tener más hectáreas no significa necesariamente ser un municipio donde l'Horta tenga mayor peso territorial. El Puig lidera por extensión, pero sus 1.051 hectáreas representan alrededor del 39% de su término. València aparece quinta por superficie, con 613,5 hectáreas, pero estas apenas equivalen al 4,4% de un término municipal que se acerca a las 13.900 hectáreas.
Algo parecido ocurre en las grandes ciudades de la corona metropolitana. Paterna mantiene 327,3 hectáreas dentro del ámbito estricto, un 8,9% de su territorio; Torrent cuenta con 221 hectáreas, un 3,2%; Quart de Poblet suma 217,7, alrededor del 11%; y Manises alcanza las 142,6 hectáreas, un 7,4%.
Benetússer y Emperador no contabilizan superficie; Rafelbunyol registra 0,1 hectáreas, Mislata 0,3 y Sagunt 0,6. Alaquàs cuenta con 20 hectáreas y Albal supera ligeramente las 46.

- Imagen de archivo de la huerta de València. -
- Foto: AYUNTAMIENTO DE VALÈNCIA
Los diferentes tipos de huerta
Sin embargo, las líneas que aparecen sobre el mapa del PAT esconden también realidades muy distintas sobre el terreno. No todas las hectáreas incluidas en la planificación tienen el mismo valor agrícola y paisajístico ni presentan el mismo estado de conservación. El propio plan establece diferentes grados de protección en función de las características de cada espacio.
La categoría de mayor valor es la Huerta de Protección Especial Grado 1 (H1). Es la que mejor conserva la imagen tradicional de l'Horta: parcelas agrícolas en buen estado, cultivos característicos y, especialmente, el sistema histórico de riego y su red de acequias. Son espacios donde la estructura agrícola tradicional permanece mejor conservada y para los que el PAT contempla un tratamiento especialmente cuidadoso, ligado también a la necesidad de mantener viable la actividad de quienes continúan cultivándolos.
Un escalón por debajo se encuentra la Huerta de Protección Especial Grado 2 (H2). Mantiene un elevado valor, aunque el paso del tiempo y las transformaciones del territorio han dejado una huella mayor. Los cultivos o los sistemas de riego han sufrido más modificaciones que en las zonas H1 y, por ello, son espacios donde cobra especial importancia la conservación y recuperación de sus elementos tradicionales.
La Huerta de Protección Agrícola Grado 3 (H3) muestra ya un paisaje más transformado. En estas zonas la huerta tradicional ha perdido parte de sus características y existe una mayor presencia de cultivos arbóreos, especialmente cítricos, frente a los cultivos hortícolas que caracterizan la imagen más clásica de l'Horta valenciana.
A estas tres categorías se añaden los Espacios de Valor Natural (EVN). Su presencia dentro de la cartografía no significa que sean huerta agrícola. Son espacios con valor ambiental que forman parte de este territorio, pero cuya protección responde a sus características naturales y a otras figuras de protección ambiental o urbanística, como podrían ser diferentes áreas de l'Horta Sud o la ciudad de València ubicadas dentro del Parque Natural de l'Albufera.
Esta clasificación permite ir un paso más allá de conocer simplemente cuántas hectáreas tiene cada municipio. La distribución entre H1, H2 y H3 permite observar también qué tipo de huerta conserva cada localidad y cuánto de ese territorio mantiene todavía las características de la huerta histórica.
Una huerta de norte a sur: el 15% del territorio
La cartografía también rompe con la idea de que el gran paisaje de l'Horta se concentra únicamente al norte de València. L'Horta Nord mantiene, efectivamente, algunos de sus espacios más reconocibles y municipios con un enorme peso agrícola, como El Puig, Puçol, Alboraya, Meliana o Almàssera. Pero los datos muestran que l'Horta Sud conserva también grandes extensiones dentro del ámbito estricto del PAT a pesar de tener mayor términos municipales más urbanizados y extendidos.
En total, las cerca de 9.814 hectáreas analizadas equivalen a unos 98 kilómetros cuadrados. Sobre la superficie conjunta de los 40 términos municipales incluidos en el análisis, representan alrededor del 15,4% del territorio. Una proporción que, sin embargo, esconde enormes contrastes: desde municipios donde siete de cada diez hectáreas forman parte de la delimitación hasta grandes ciudades metropolitanas donde apenas supone una pequeña fracción de su superficie.