La salud sexual, otra de las necesidades que quedó desatendida durante la Dana del 29-O

Comarca y empresa

Un informe de la ONG Plan International documenta las dificultades de adolescentes y mujeres jóvenes de l'Horta Sud para acceder a revisiones ginecológicas, anticonceptivos e información sobre salud sexual tras la riada

  • Una mujer camina entre los estragos de la Dana frente a una farmacia de Sedaví (Imagen de archivo).
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VALÈNCIA. "A mí me bajó la regla ese mismo día y en mi casa no hubo agua corriente hasta dos semanas después. Las duchas que habilitó mi pueblo estaban en la otra punta". El testimonio de una joven de l'Horta Sud resume una de las consecuencias menos visibles de la Dana del 29 de octubre de 2024. En los primeros días, la respuesta se centró en retirar el barro acumulado en las calles y recuperar los servicios básicos. Pero, a medida que avanzaba la emergencia, las necesidades relacionadas con la salud sexual y reproductiva de adolescentes y mujeres jóvenes no encontraron una respuesta suficiente. 

Algunas tuvieron que aplazar revisiones ginecológicas durante meses, desplazarse a otros municipios para conseguir anticonceptivos o afrontar la menstruación sin agua corriente ni espacios adecuados para asearse. Así lo recoge Donde nadie mira: los derechos sexuales y reproductivos de las adolescentes y mujeres jóvenes en la Dana, un informe de la ONG Plan International elaborado con el apoyo técnico de la cooperativa valenciana El Rogle y financiado por el Ministerio de Juventud e Infancia. 

Se trata de la cuarta investigación que realiza la ONG tras la catástrofe de hace dos años y, en esta ocasión, reúne los testimonios de 55 adolescentes y jóvenes y 43 profesionales de 12 municipios de la comarca de l'Horta Sud. El informe concluye que los problemas derivados de los daños en los centros sanitarios van más allá, pues la catástrofe evidenció que las necesidades específicas de las jóvenes no estaban lo suficientemente integradas en los protocolos de emergencia. 

  • Una mujer en la zona afectada por la Dana, en Paiporta (Imagen de archivo). - Foto: CARLOS LUJÁN/EP

Los datos ilustran el alcance de esas dificultades. El 76% de las personas consultadas afirmó que las adolescentes y mujeres jóvenes de su comunidad habían tenido problemas para acceder al menos a un servicio de salud sexual y reproductiva. Más aún, el 68% aseguró haberlos sufrido personalmente y el 37% de las jóvenes que respondieron al cuestionario señaló dificultades para acceder a información, educación o asesoramiento sobre salud sexual.

Meses de retrasos en la atención sanitaria

Los cuantiosos daños en infraestructuras, la falta de materiales y el traslado de la actividad a espacios provisionales dificultaron el trabajo de los equipos sanitarios. Durante aquellas semanas, las urgencias y los tratamientos graves tuvieron prioridad, mientras que las consultas de seguimiento y prevención quedaron relegadas.

En algunos casos, la actividad se desarrolló durante meses en instalaciones que no reunían las condiciones habituales. Según detalla el informe, se aplazaron o cancelaron procedimientos como la colocación o retirada de dispositivos intrauterinos e implantes anticonceptivos; las pruebas del virus del papiloma humano (VPH); el diagnóstico y tratamiento de infecciones de transmisión sexual (ITS); el seguimiento posparto y la dispensación continuada de anticonceptivos.

Algunas mujeres tardaron meses en retomar pruebas y revisiones pendientes. Una joven explica en el cuestionario que estaba siendo atendida en el hospital por un síndrome de ovario poliquístico cuando llegó la Dana. Después, le retrasaron los seguimientos y tuvo que desplazarse hasta València para conseguir los anticonceptivos que necesitaba.

  • Una mujer con una bolsa de la compra camina en Paiporta tras la Dana (Imagen de archivo). - Foto: ROBER SOLSONA/EP

Asimismo, las dificultades surgidas tras la catástrofe afectaron al embarazo y al parto. El 49% de las personas consultadas por Plan International observó más problemas de salud en estos ámbitos en su comunidad, como abortos espontáneos o complicaciones durante el nacimiento. 

Sin agua, intimidad ni información 

La distribución de compresas y tampones mejoró con el paso de los días gracias a la solidaridad de los voluntarios y a las entidades colaboradoras, pero no siempre llegó de forma homogénea. El 50% de las personas consultadas aseguró que las jóvenes de su comunidad habían tenido dificultades para conseguir productos de higiene íntima o agua limpia. Por su parte, un 17% dijo haber sufrido personalmente estos problemas.

La falta de espacios privados también complicó el acceso a otros recursos. Los preservativos y otros métodos de prevención apenas llegaron a algunos puntos de reparto de ayuda, según los testimonios recogidos en el informe. "Creo que no hubo ni una sola partida de condones", relata un profesional de servicios sociales. Otra trabajadora describe "la vergüenza" que podía sentir una adolescente al pedirlos en un punto de distribución rodeada de personas que acudían a buscar ayuda.

Además, la emergencia interrumpió programas de educación sexual que ya tenían una implantación desigual antes de las inundaciones. Con el cierre de centros educativos y espacios juveniles, algunas iniciativas se paralizaron y otras no se habían retomado cuando se realizó el trabajo de campo. Sin canales institucionales accesibles, muchas jóvenes recurrieron a sus amistades, internet y redes sociales para resolver dudas.

  • Dos mujeres se abrazan en Benetússer (Imagen de archivo). - Foto: ALEJANDRO MARTÍNEZ VÉLEZ/EP

Sin embargo, el cierre de colegios, instalaciones deportivas y otros espacios privó a los adolescentes de lugares donde encontrarse, lo que a su vez complicó que pudieran buscar apoyo o compartir preocupaciones. "Desde la Dana siento que me he alejado de mis amistades y mi grupo de amigos se ha disuelto", expresa una de las jóvenes encuestadas. "Todo el mundo se encerró, dejó de verse y tampoco teníamos dónde hacerlo". 

Con todo, Plan International reclama que la salud sexual y reproductiva se integre en los protocolos de emergencia desde el inicio, con continuidad en la atención sanitaria y la educación sexual, puntos confidenciales para solicitar información y anticonceptivos y condiciones adecuadas de higiene e intimidad. Asimismo, la ONG pide que se recuperen los espacios juveniles y se tenga en cuenta a los adolescentes en el proceso de la reconstrucción.

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