ALAQUÀS. Hace año y medio, miles de jóvenes valencianos se convirtieron en una de las imágenes más reconocibles de la respuesta a la Dana. Fueron quienes retiraron el barro de las calles, repartieron comida y sostuvieron una red de solidaridad que ayudó a los municipios que intentaban recuperarse de una catástrofe sin precedentes. Sin embargo, muchos de ellos sienten que aquella implicación no ha tenido continuidad en la siguiente fase: la reconstrucción.
"Al principio los jóvenes éramos héroes, todos contaron con nosotros... pero a partir de marzo y abril, cuando todo volvió, ya somos otra vez los últimos monos", lamenta un joven de Benetússer. La frase resume el sentir general de los adolescentes entrevistados por la ONG Plan International, en el marco del informe 'De lo urgente a lo importante: la juventud en la reconstrucción después de la Dana', que aseguran que han pasado de ser protagonistas a meros espectadores de un proceso que condicionará su futuro.
El estudio, presentado este miércoles en el Castillo de Alaquàs y financiado por el Ministerio de Juventud e Infancia, recoge las voces de adolescentes y profesionales de l'Horta Sud año y medio después de las inundaciones del 29 de octubre de 2024. La principal conclusión apunta a que la juventud reclama espacios reales de participación y una reconstrucción que no se limite a levantar infraestructuras, sino que atienda también las consecuencias sociales, educativas y emocionales que dejó la riada.
La directora general de Plan International España, Virginia Saiz, ha explicado a los medios que existe una paradoja que se repite en prácticamente todos los testimonios. Durante los primeros meses tras la emergencia, los jóvenes tuvieron un papel central en las tareas de limpieza. Sin embargo, cuando llegó el momento de decidir cómo reconstruir calles, colegios, espacios públicos o servicios, dejaron de estar presentes en la conversación.
"Se contó con ellos de forma muy activa durante el proceso de limpieza, pero cuando se ha empezado el proceso de reconstrucción no se les ha preguntado", ha señalado Saiz, quien también ha insistido en que los adolescentes no quieren ser "simples receptores" de políticas públicas, sino interlocutores válidos en las decisiones que afectarán a los municipios en los que vivirán durante las próximas décadas.
"Echo en falta una reconstrucción más equilibrada en mi pueblo"
Los datos respaldan esa percepción. La mitad de los jóvenes consultados considera que no se ha tenido en cuenta su opinión en las decisiones adoptadas por su municipio y seis de cada diez aseguran desconocer qué cuestiones se debaten sobre sus centros educativos, viviendas o espacios de ocio. La experiencia de Ana Lerma, vecina de Massanassa, refleja esa realidad. La joven reconoce que participar en el proyecto de Plan International le permitió sentirse escuchada por primera vez desde la Dana.
Acostumbrada a que las opiniones de personas de su edad tengan poco peso en el debate público, Lerma explica que compartir cómo vivió la riada y escuchar las experiencias de otros adolescentes fue especialmente significativo. Pero también apunta a algunas de las carencias que todavía percibe en la recuperación de su municipio.
"Echo en falta que la reconstrucción sea más equilibrada. Hay partes del pueblo, como las calles más transitadas, donde las obras se han agilizado. Pero hay recovecos o sitios más ocultos donde parece que solo hayan pasado tres meses desde la Dana", explica. Lerma también se refiere a algunos garajes que continúan llenos de barro y habla, "en nombre de muchos jóvenes", sobre la sensación de que todavía quedan heridas abiertas en los municipios.

- Ana Lerma, estudiante de Massanassa que ha participado en el informe de ONG Plan International. - Foto: VP
La educación, el "último escalón" de la reconstrucción
Una mirada que conecta con una de las reflexiones más interesantes del informe. Según el estudio, la reconstrucción no puede medirse solo por el número de carreteras reparadas o de edificios rehabilitados. Debe evaluarse en función de cómo recuperan las personas su vida, sus relaciones sociales, su bienestar emocional o sus oportunidades de futuro.
Es, en este punto, donde el informe introduce el tema de la educación. Plan International advierte de que se ha convertido en "el último escalón de la reconstrucción", pese a ser uno de los ámbitos más afectados por la Dana. El 97% de los jóvenes encuestados vio afectado su centro educativo. La mitad permaneció más de un mes sin clase y una parte importante del alumnado no contó con alternativas durante ese periodo.
A día de hoy, alrededor de 3.000 estudiantes continúan en aulas prefabricadas mientras numerosos centros siguen pendientes de actuaciones de reconstrucción total o parcial. Para la ONG, el problema va más allá de las infraestructuras. La interrupción de las clases por la riada ha tenido consecuencias académicas y emocionales que todavía persisten.
Casi cuatro de cada diez adolescentes reconocían meses después de la catástrofe tener dificultades para concentrarse y un 30% afirmaba que su rendimiento académico se había visto notablemente afectado. Los profesionales entrevistados alertan incluso del riesgo de un incremento del abandono escolar entre el alumnado que ya se encontraba en situación de vulnerabilidad antes de la riada.
"Es una generación que ha vivido varios años afectada por la Covid-19 y ahora afectada por la Dana", ha señalado Saiz. A su juicio, los centros educativos deben ser considerados servicios esenciales en cualquier proceso de reconstrucción, tanto por su función académica como por el papel que desempeñan en el bienestar emocional y social de niños, niñas y adolescentes.

- Niños jugando en un parque por no haber empezado el colegio por las obras con retraso en Massanassa. -
- Foto: JORGE GIL/EP
Salud mental y vivienda
Precisamente la salud mental constituye otro de los grandes problemas identificados por el informe. Una preocupación que ya había aflorado en la investigación presentada por la ONG en mayo de 2025, cuando el 40% de los adolescentes encuestados aseguró que su salud mental había empeorado tras la catástrofe.
Este nuevo estudio confirma que el impacto emocional sigue presente. Los profesionales entrevistados detectan un fenómeno que se repite tras muchas emergencias: una vez superada la fase de supervivencia comienzan a aflorar las secuelas psicológicas. Ansiedad, problemas de sueño, conductas de riesgo e incluso autolesiones forman parte de una realidad que, según advierten, permanece en gran medida invisible.
"Nos olvidamos de la parte que se queda, del impacto emocional que no es tan tangible", ha subrayado Saiz. "Hay un sentimiento que se repite en todas las entrevistas y es el de haber pasado de ser protagonistas a ser invisibles".
La vivienda aparece como otro de los ámbitos donde la Dana ha agravado problemas que ya existían antes de las inundaciones. Según recoge el informe, el encarecimiento de los alquileres alcanza en algunos municipios hasta el 30%, dificultando todavía más las posibilidades de emancipación de la juventud. "La Dana no ha creado el problema de la vivienda, lo que ha hecho es destaparlo y multiplicarlo", recoge uno de los testimonios profesionales incluidos en la investigación.
Durante la jornada celebrada en el Castillo de Alaquàs, la concejala de Cultura, Marta Murciano, ha puesto el foco en esta cuestión. Tras destacar la capacidad de compromiso y solidaridad demostrada por los jóvenes durante la emergencia, ha defendido que la mejor manera de devolverles todo lo que aportaron es construir un territorio más preparado ante futuras crisis y con más oportunidades para desarrollar proyectos de vida. En este sentido, Murciano ha señalado el acceso a la vivienda y al empleo como dos de los principales desafíos para garantizar la igualdad de oportunidades.
Una reflexión que ha compartido el alcalde de Alaquàs, Toni Saura, quien ha recordado que la Dana no solo destruyó infraestructuras, sino que interrumpió trayectorias educativas, afectó a los espacios de cultura, ocio y socialización y dejó una profunda huella emocional en toda una generación. "Ahora toca hacernos preguntas más profundas", ha afirmado Saura. Entre ellas, cómo reconstruir escuchando a quienes han vivido las consecuencias de la catástrofe en primera persona.
Saura ha defendido que los jóvenes deben formar parte activa de las decisiones que afectan a su presente y a su futuro y reivindicó una reconstrucción entendida como algo más amplio que la mera recuperación material. A su juicio, reconstruir implica reforzar los servicios públicos, cuidar los espacios comunitarios y generar nuevas oportunidades para la juventud. El alcalde ha recordado que Alaquàs ha recibido más de un millón de euros del Ministerio de Juventud e Infancia para impulsar programas de acompañamiento psicológico y social y ampliar las infraestructuras destinadas a los jóvenes, como la sala lúdica de la biblioteca municipal.
Abrir espacios de participación
La necesidad de abrir espacios de participación es también una de las ideas centrales de la intervención del secretario de Estado de Juventud e Infancia, Rubén Pérez Correa. El representante del Gobierno ha defendido que tradicionalmente las ciudades se han diseñado pensando en la infancia o en las personas adultas, mientras que las necesidades de la juventud han quedado en un segundo plano.
"Hay que escuchar a los jóvenes", ha reivindicado. Pérez Correa ha destacado que el informe pone sobre la mesa nuevos retos para la reconstrucción y obliga a reflexionar sobre cómo incorporar a las nuevas generaciones en la toma de decisiones. En este sentido, Pérez Correa ha insistido en que su Ministerio ha movilizado más de 160 millones de euros para que ayuntamientos y entidades desarrollen políticas dirigidas a la población joven afectada por la Dana.
Con todo, el informe plantea una transformación de la forma de abordar la reconstrucción. La investigación apuesta por consolidar mecanismos estables de participación que permitan a adolescentes y jóvenes influir de manera real en las decisiones que les afectan y que incluyan sistemas de seguimiento y rendición de cuentas.
Asimismo, plantea avanzar hacia una visión más amplia de la recuperación, capaz de incorporar un enfoque local y no tan centrada en criterios técnicos. La propuesta pasa por situar en el centro a las personas y especialmente a quienes se encuentran en situaciones de mayor vulnerabilidad, fortaleciendo los servicios sociales, sanitarios y educativos y dotando a las administraciones locales de más recursos y capacidades para afrontar procesos complejos de reconstrucción.
