VALÈNCIA (F.P./EP). Buñol ha vuelto a teñirse de rojo este miércoles con la celebración de la 79 edición de la Tomatina, que ha reunido a cerca de 22.000 personas en una multitudinaria batalla en la que se han lanzado 150.000 kilos de tomate, 30.000 más que el pasado año.
Como cada último miércoles de agosto, las principales calles del municipio se han convertido durante unas horas en el escenario de una de las fiestas valencianas con mayor proyección internacional. Hasta Buñol han llegado participantes procedentes de diferentes puntos de España y de países como Australia, Estados Unidos, Japón, China, India o Canadá, muchos de ellos preparados para la ocasión con gafas de buceo, pelucas rojas, gorros con forma de tomate y ropa blanca destinada inevitablemente a acabar teñida de rojo.
Desde primera hora de la mañana, cientos de personas han ido ocupando las calles por las que posteriormente debían circular los siete camiones encargados de repartir las 150 toneladas de tomate. La batalla ha comenzado oficialmente a las 12.00 horas con el disparo de la tradicional carcasa y la llegada del primero de los vehículos, que ha descargado su mercancía entre los asistentes.
A partir de ahí, Buñol se ha convertido durante cerca de una hora en una auténtica marea roja. Los tomates han volado de un lado a otro, las camisetas blancas han cambiado rápidamente de color y las calles han quedado cubiertas por una mezcla de pulpa y zumo. Para quienes participaban por primera vez, la experiencia ha servido para comprobar que en la Tomatina resulta prácticamente imposible mantenerse al margen: durante algunos momentos, los tomates llegan desde todas las direcciones hasta dar la sensación de que prácticamente llueven sobre los asistentes.
La fiesta también ha comenzado antes de que aparecieran los primeros tomates. Vecinos del municipio han rociado con agua desde los balcones a los participantes, mientras desde las plataformas también se han utilizado mangueras para refrescar a una multitud que esperaba la llegada de los camiones.
Entre veteranos y participantes que se estrenaban este año, la receta se ha repetido: dejar a un lado cualquier intención de mantenerse limpio y entrar de lleno en una batalla que muchos utilizan también como una peculiar forma de liberar tensión y estrés. El resultado, tras una hora de lanzamientos, ha sido el habitual: miles de personas completamente cubiertas de tomate y las calles del centro prácticamente irreconocibles.
Nino Bravo pone fin a la batalla
La batalla ha llegado a su fin al ritmo de 'Libre', de Nino Bravo, que ha vuelto a servir como banda sonora para cerrar una nueva edición de la Tomatina. Inmediatamente después ha comenzado el dispositivo de limpieza para retirar los restos acumulados y devolver progresivamente la normalidad a las calles del municipio.
La jornada se ha desarrollado además sin incidencias de gravedad. Según fuentes municipales, únicamente se han contabilizado cuatro atenciones a personas que habían recibido gas pimienta en los ojos. Todas ellas han sido atendidas y posteriormente dadas de alta.
Buñol cierra así una nueva edición de su fiesta más internacional, con 22.000 participantes, siete camiones y 150.000 kilos de tomate que durante unas horas han vuelto a convertir el centro del municipio en una enorme batalla roja.