VALÈNCIA. El pasado mes de diciembre, este diario ya hizo hincapié en que el presidente de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca, había modificado la decisión adoptada por su predecesor, Carlos Mazón, respecto al día elegido para celebrar el pleno del Consell. Así, el jefe del Gobierno valenciano transmitió internamente a su equipo que las reuniones con los miembros del ejecutivo se realizarían los viernes en vez de los martes, regresando así a la costumbre de gobiernos anteriores.
Una iniciativa que, más allá de razones logísticas, contiene de fondo un deseo de modificar ciertas rutinas en el Consell que venían arrastrándose de la etapa anterior con Mazón al frente.
En este sentido, la tragedia acaecida con la dana de 2024 dejó al Gobierno valenciano y al propio presidente sumido en una crisis emocional, política y de gestión que se prolongó durante prácticamente un año entero, hasta la salida del también líder del PPCV. Más allá de la obligación de dedicar todos los esfuerzos a la reconstrucción, el problema de credibilidad arrastrado por Mazón y la intensificación de la estrategia por parte de su equipo de Presidencia de generar un 'embudo informativo' en asuntos políticos pero también de gestión, contribuyeron a que la inacción o, al menos, la falta de iniciativa, fuera relativamente común en buena parte de las consellerias.
Un paradigma al que Pérez Llorca parece querer dar la vuelta. Es cierto que, debido a su reciente aterrizaje, necesita un esfuerzo extra para lograr visibilidad y conocimiento ante la ciudadanía, por lo que la lógica indica que debe tratar de aprovechar cualquier acción de gobierno para asumir el protagonismo en primera persona. Pero también lo es que, para lograr este objetivo, los miembros de su gobierno tienen que lanzarse a aportar ideas, gestión e iniciativa política, con vistas a que luego el presidente pueda rentabilidad el trabajo de su ejecutivo.
Un ejemplo de ello se vio el lunes con el anuncio del vicepresidente tercero y conseller de Infraestructuras, Vicente Martínez Mus, de la posible construcción de dos estaciones de autobuses en València para sustituir a la actual, inaugurada en 1970. Esto, precisamente, es lo que Pérez Llorca quiere empezar a activar entre sus responsables autonómicos, la capacidad de generar anuncios, proyectos y novedades con los que ocupar, enriquecer y, en definitiva, controlar la agenda política.

- Pérez Llorca y Martínez Mus, este lunes. Foto: GVA
También el cambio de día del pleno del Consell se sitúa en esta idea del presidente. La celebración de la reunión del ejecutivo en viernes obliga a un trabajo sostenido a lo largo de la semana que culmina con la rueda de prensa del portavoz, Miguel Barrachina, casi a mediodía. Una manera en la que se refuerza la presencialidad del Ejecutivo, dado que con el pleno el martes, ocurría que a menudo el viernes se convertía en un día mucho menos activo con, en todo caso, agenda de los consellers en sus lugares de origen.
Sobre esto, con el Consell de Mazón, en su día se defendió el cambio al martes con la justificación de que los anuncios tenían mayor impacto mediático entre semana, dado que ayudaban a marcar la agenda. No obstante, ese día también se compite con el Consejo de Ministros, lo que en ocasiones solapa o amortigua los acuerdos autonómicos y, por otro lado, el calibre de los anuncios del Gobierno valenciano está siendo menor ahora dado que los proyectos de mayor empaque se hicieron públicos en la primera parte de la legislatura.
Con todo ello, en definitiva, Pérez Llorca y su equipo quieren aumentar la implicación e iniciativa de los miembros de su gobierno. Los motivos son obvios: falta poco más de un año para las elecciones autonómicas y el nuevo presidente, consciente de su falta de notoriedad entre la ciudadanía y de los ecos negativos del último año tras la dana, necesita un ejecutivo dinámico, activo y con ideas en el que apoyarse y del que servirse para dar un espaldarazo a su propia imagen pública en los próximos meses.