VALÈNCIA. Este viernes, el líder nacional del PP, Alberto Núñez Feijóo, protagonizó un mitin en el Palau de les Arts de València que supone la antesala en la región de la campaña electoral que dará comienzo la noche del viernes 13 de noviembre.
Una visita que llegaba en un momento de cierta confusión e incluso malestar en las filas de los populares valencianos. En los últimos tiempos, el control de la dirección nacional del partido situada en la madrileña calle Génova ha sido especialmente acentuado, hasta el punto de que la autonomía de la filial valenciana se ha visto tan constreñida que no son pocos los que comparan el funcionamiento en la formación popular al de Vox, donde todas y cada una de las decisiones y líneas discursivas se controlan al milímetro desde Madrid.
De hecho, el último episodio que corrobora esta situación se ha vivido con las candidaturas al Congreso y al Senado. El PP de la Comunitat Valenciana, junto al de Canarias, ha sido el último en conocer los nombres de sus cabezas de lista, y lo hizo a pocas horas de la visita de Feijóo a València, dando además una abultada sorpresa con la designación de la alcaldesa, María José Catalá, como número uno por esta provincia.
Un nombramiento que, tal y como ha informado este diario, contradice toda lógica —o al menos toda lógica discursiva— respecto a las posiciones que venía manteniendo la propia dirigente en los últimos meses, dado que siempre se había desmarcado de cualquier otra responsabilidad que no fuera la Alcaldía, incluida la Presidencia de la Generalitat, que le fue ofrecida por Feijóo con la salida de Carlos Mazón.
Otro de los factores que evidencia este férreo control y marcaje es la ausencia de confirmación del presidente de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca, como futuro candidato para las elecciones autonómicas del próximo mes de mayo. Pese a la incertidumbre provocada y el perjuicio generado para el jefe del Consell, en Génova han decidido mantener la decisión final en el limbo, especialmente tras la filtración de un dossier contra el presidente y la convocatoria electoral. De hecho, Feijóo, aunque fue algo más cálido que en otras ocasiones con el jefe del Consell, no hizo ningún guiño respecto a su futuro como candidato.
De la misma manera, cabe recordar que el PPCV se encuentra en un estado de permanente interinidad puesto que no se ha celebrado el congreso regional aplazado desde julio de 2025. Más aún, la formación popular está gobernada por una gestora, que preside eso sí Pérez Llorca, que se impuso desde Génova en diciembre de aquel año y que, a día de hoy, continúa vigente, pese a que en los estatutos del partido se insta a que el máximo periodo en esta situación sea seis meses.
Así pues, esta serie de hechos concentrados en los últimos meses evidencian el alto control que ostenta la dirección nacional sobre la filial valenciana. Un escenario que el contrasta con épocas pasadas, cuando el PPCV tenía un peso específico para Génova, con nombres propios que eran tenidos en cuenta por la cúpula estatal, como fue el caso de Eduardo Zaplana, que terminó siendo ministro, el presidente de la Generalitat, Francisco Camps, o la propia alcaldesa de València, Rita Barberá. Esto no significa, por la propia jerarquía organizativa del PP, que Madrid no mandara, pero sí que la voz de los populares valencianos era más escuchada y tenida en cuenta.
De hecho, echando la vista atrás, resulta relativamente sencillo rememorar algunos hitos donde el PPCV exhibió su representatividad e influencia ante Génova. Sin ir más lejos, el histórico mitin de Mestalla de 1996 organizado por Eduardo Zaplana, con 55.000 asistentes y 15.000 personas que no pudieron acceder al estadio, fue una demostración de músculo en presencia de José María Aznar que además le sirvió como trampolín para ser presidente del Gobierno.
También puede recordarse el mítico mitin de 2007 en la Plaza de Toros de Valencia en la campaña de las elecciones autonómicas, con Mariano Rajoy como invitado y celebrado bajo la lluvia con un lleno absoluto. Aforo que se repetiría un año después en un acto, ya en la recta final de la campaña a las generales, donde se volvió a demostrar el poderío del partido en la Comunitat Valenciana, si bien no fue suficiente para que el candidato popular lograra la victoria.
Es más, poco después se produjo otro hito que puso de manifiesto el peso del PPCV, cuando con Francisco Camps al frente, se encargó de albergar el congreso nacional del partido que, con el apoyo de los populares valencianos, sirvió para que Rajoy se mantuviera como líder pese a los vientos de cambio que se trataban de articularse desde Madrid con Esperanza Aguirre a la cabeza.

- Barberá y Rajoy, juntos en una reunión en la Moncloa en 2014. Foto: POOL MONCLOA
Al hilo de esta antigua influencia de los populares valencianos en Madrid, en la retina queda aquel paseo de la alcaldesa Rita Barberá por los jardines de la Moncloa junto al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, que concluyó con el compromiso de la primera para volver a presentarse a las elecciones municipales.
Un peso estructural, político y orgánico de los populares valencianos que entró en crisis con la proliferación de procesos judiciales relacionados con la corrupción y con la mala relación de Génova con el elegido para la transición de liderazgo de Camps, Alberto Fabra. Más de una década después, el PPCV sigue sin haber recuperado la posición y fortaleza en relación a Madrid que ostentó hace dos décadas.

