Cada cierto tiempo —un tiempo indefinido— alguien me insta a llevar a la agenda pública lo que sucede en Campanar. También cada cierto tiempo, paseo por su calles y me apena que no haya más vida en un barrio ni tan lejano ni tan ajeno a proyectos que podrían estar en el Ruzafa o L’Eixample, como Ciro o la barra de Kaymus.
Puntualizo respecto a lo de la localización: muchas de las calles de Campanar podrían estar en una ciudad cualquiera (“Una ciudad tan buena… / Para morir como otra cualquiera. / Una ciudad cualquiera para morir” cantan Biznaga), pero en Campanar hay un BRL (bien de relevancia local) que ha resistido a la reurbanización sin alma ni aprecio por el pasado arquitectónico de esta tierra. A la loable valor del Forn de Manuela, el ADN de Campanar para Vicent Marco, se le suma El Carrer, el proyecto de Two many chefs.
Medina y Soriano junto a Juanra Castro y Rubén Montesinos han diseñado una carta que se columpia entre la taberna y el gastrobar. Hay un bocadillo que homenajea al Superbombón de la Pérgola, unas bravas parecidas a las de la taberna Amparín de Patraix y un par de homenajes a casas como Marvi o Ricardo.
Néstor Espinosa y su estudio ojo_de_arquitecto firma el diseño del espacio en el que se pueden comer estas y otras relecturas de las recetas clásicas que perduran en el imaginario del tapeo y la informalidad valencianas.