VALÈNCIA. La Comunitat Valenciana es tierra de empresas. Muchas de ellas desarrollan un trabajo desconocido para el gran público, aunque ampliamente reconocido dentro de su sector y entre grandes compañías internacionales. Trayectorias que esconden detrás historias de esfuerzo, crecimiento y visión empresarial. Ese es el caso de BPM Lighting, una firma de iluminación cuyo germen nació hace más de 30 años en un pequeño taller de Aldaia y que hoy desarrolla proyectos para marcas y compañías como Carrefour, Google o la ONCE. Ahora, la empresa inicia un nuevo camino con la inauguración de nueva sede de 10.000 metros cuadrados en El Verger, con la que busca acelerar su salto internacional en mercados como EEUU, Reino Unido o Emiratos.
Diseñadores y fabricantes de luminarias en línea, carriles, apliques de pared o focos, BPM Lighting fue fundada en 1992 por Bernardo Palomares y su mujer, ambos vinculados a una tradición familiar ligada al sector de la iluminación. El origen de la compañía se remonta a una pequeña empresa fundada años atrás en Aldaia por el abuelo de la familia, experiencia que sirvió para catalizar el proyecto de BPM. Tras mudarse unos años a Alaquàs, en 1999 la firma se trasladó a Dénia, donde ha permanecido hasta el salto actual a El Verger.
Actualmente, la compañía vive una nueva etapa liderada por la segunda generación, las hermanas Cristina, Silvia y Mónica Palomares tras la jubilación de su padre en 2023. "Para nosotras es una nueva responsabilidad y el reto de continuar con todo lo construido”, explica a este diario Mónica Palomares, que es, a su vez, jefa de administración. Su propio producto también ha experimentado una evolución a lo largo de los años, pasando de una primera etapa centrada principalmente en focos y con un canal de venta orientado a tiendas de iluminación y almacenistas a dirigirse en este momento al canal contract, trabajando de la mano de diseñadores y arquitectos.
Por tanto, su foco está en proyectos corporativos y retail, desarrollando soluciones de iluminación para clientes y espacios como la ONCE, Google, Carrefour, Galerías o las tiendas Paco Martínez. "Nuestro fuerte es la fabricación y poder adaptar cada proyecto lumínico a las necesidades de cada cliente. Nuestro valor diferencial es la personalización de cada proyecto, adaptando el tamaño o el color del producto a la demanda del cliente", destaca Palomares.

Uno de los primeros grandes hitos de la compañía llegó con el lanzamiento de un modelo de focos halógenos que comenzó a comercializarse en un momento de crecimiento del mercado y que permitió a la empresa ganar dimensión. También ha sido clave en su crecimiento la internacionalización, con unas primeras operaciones en distintos punto de Europa, Rusia y países árabes. En este momento, el mercado exterior es una vértebra más dentro de la compañía.
Tanto es así que de los 11 millones de euros de facturación del pasado año, el 48% fue en el exterior y el 52% en el mercado nacional. De hecho, uno de sus objetivos para el próximo trienio es incrementar su presencia en Estados Unidos, Reino Unido y Emiratos Árabes, mercados clave en sectores como retail, hospitality, oficinas y residencial, en colaboración con arquitectos y diseñadores. En EEUU ya han hecho alguna incursión, pero su voluntad es intensificar su negocio, pese a la situación geopolítica y el proteccionismo de Donald Trump. "Está costando entrar. Empezamos en 2025, pero en 2026 ha habido ajustes. Tenemos ya un equipo de distribución y estamos introduciendo comerciales propio. Es un mercado en el que vamos a poner todos nuestros esfuerzos para que salga adelante pese a la tensión", incide.
Nueva sede
Y, para hacerlo posible, BPM Lighting ha ampliado sus instalaciones, mudándose a una nueva sede en El Verger. Se trata de un espacio que integra oficinas y un showroom con una superficie de 10.000 metros cuadrados y una inversión aproximadamente a los 10 millones de euros. El objetivo es contar con un espacio productivo más amplio, organizado y eficiente. "Nos va a permitir ordenar mejor todo el proceso de producción, desde el inicio de la luminaria hasta el embalaje final, con procesos más definidos y ágiles. Además, hemos incorporado nueva maquinaria de mecanización y pintura para mejorar la eficiencia del sistema productivo", explica Palomares.
De este modo, la nueva planta permitirá incrementar un 30% la capacidad productiva de la compañía, que gestiona alrededor de 55 pedidos diarios. Además, el complejo cuenta con un laboratorio interno para desarrollar y validar sus soluciones. La mudanza a las nuevas instalaciones comenzó a principios de año y se ha realizado por fases.

Uno de los retos actuales de la compañía es reforzar la colaboración con diseñadores y arquitectos externos y adaptar continuamente sus luminarias a las demandas del mercado y ampliar su catálogo. Solo este año ha incorporado 20 nuevos modelos. Entre ellos destaca el sistema Alarik Nano, una solución de baja tensión caracterizada por su perfil ultracompacto, que permite una integración prácticamente invisible en arquitectura.
Además, potencian el uso de Crismosil, un material propio desarrollado por la propia firma a base de yeso técnico reforzado con fibra y resinas, que permite crear luminarias con alta resistencia, acabados continuos y una integración total en la arquitectura.
Una nueva etapa que la compañía afronta con importantes retos por delante: adaptarse a las nuevas dinámicas del mercado, profesionalizar su estructura y seguir creciendo en el exterior. Todo ello, eso sí, con el firme convencimiento de mantener la esencia de una empresa familiar y artesanal, basada en la cercanía con el cliente y en una fabricación personalizada que sigue siendo una de sus principales señas de identidad.