De un taller familiar a vestir 10.000 hoteles: el viaje centenario de Resuinsa por más de 150 países

Empresas

La empresa valenciana de textiles para hostelería factura 55 millones de euros, estrena una planta de 35.000 metros cuadrados en Anna y prepara el relevo a su cuarta generación

  • Felix Martí, director general de Resuinsa.
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VALÈNCIA. La historia centenaria de la valenciana Resuinsa empezó en 1908 con un viaje desde Montaverner a Barcelona, mucho antes de vestir los hoteles de medio mundo. Fue entonces cuando el abuelo de su actual director general, Félix Martí, dejó el municipio empujado por la pobreza, llegó al Puerto de València y embarcó en un buque llamado Esperanza. Allí trabajó como aprendiz en una tienda de telas, donde dormía y recibía manutención mientras aprendía el oficio. Con sus ahorros fue comprando máquinas y llamó a sus hermanos para enseñarles el trabajo hasta que todos regresaron a Montaverner. En 1926, fundaron la primera empresa del grupo familiar. Un siglo después, aquella aventura empresarial se ha convertido en una compañía que viste más de 10.000 hoteles, trabaja en más de 150 países y factura 55 millones de euros anuales, cifra que supera los 70 millones al sumar el conjunto del grupo.

"Mi abuelo empezó con tejidos de punto que fueron transformándose hasta montar una fábrica de toallas en Montaverner", relata Martí. La primera generación aprendió con la práctica cotidiana, mientras que fueron sus hijos quienes dieron un carácter más técnico al negocio. Dos de ellos estudiaron ingeniería textil en Terrassa y se ocuparon de profesionalizar la producción. "Toda mi familia ha tenido muchas empresas textiles en la Comunitat Valenciana. Unas han sobrevivido y otras no, debido a la coyuntura", recuerda. De esa trayectoria surgió en 1976 Resuinsa, acrónimo de Red de Suministros Industriales SA, creada al detectar que los hoteles, en su ropa de cama y baño, requerían productos y procesos diferentes a los del textil doméstico. Martí se incorporó a la dirección en 1996 y, tras una reorganización accionarial, la empresa inició a partir del año 2000 una estrategia de internacionalización ligada inicialmente a la expansión exterior de las cadenas hoteleras españolas.

 

Un textil que resista a los hoteles

Según explica Martí, la especialización hotelera obliga a fabricar prendas muy distintas a las que se utilizan en una vivienda. Una sábana, una toalla o un albornoz pueden permanecer hasta tres años en circulación y soportar entre 300 y 400 lavados industriales sin que desaparezca la sensación de producto nuevo. "El textil para hostelería no tiene nada que ver con el hogar", advierte Martí. Todas las piezas que componen una cama deben conservar un aspecto homogéneo aunque no tengan la misma antigüedad, y a esa resistencia se suma la exigencia creciente de que el producto contribuya a la experiencia del huésped. "Cuando empecé, se decía que ir a un hotel era llevarte lo mejor de tu casa. Ahora se le ha dado la vuelta y vas al hotel para disfrutar de lo que no tienes en casa. La gente espera sorprenderse y vivir una experiencia nueva", afirma. 

Para Martí, parte de la diferenciación de Resuinsa se encuentra en sus acabados. El director general recuerda cómo, durante su infancia, veía a su madre lavar y almidonar las sábanas en el pueblo antes de tenderlas, de forma que quedaban rígidas y frescas al entrar en contacto con la cama. Años después, durante uno de sus viajes profesionales, volvió a experimentar aquella sensación y la compañía comenzó a investigar cómo reproducir industrialmente un acabado nacido de una práctica doméstica. "Hemos llegado a un ‘mix’ que funciona muy bien y que forma parte de nuestro secreto", indica. Esa combinación de resistencia, tacto y diseño es la que la empresa utiliza para competir en la "liga de los diez grandes" fabricantes internacionales del sector.

Frente a la competencia asiática basada en el precio, la firma valenciana sitúa su verdadera pugna en el segmento de mayor calidad, junto a fabricantes estadounidenses e italianos. "Con quien nos pegamos es con los italianos, que tienen un buen diseño y una fama impresionante en Estados Unidos, América y Europa", explica el empresario.

La mitad de la facturación, internacional

Actualmente, Resuinsa genera un 45% de su facturación en el extranjero y cuenta con empresas o estructuras comerciales en Estados Unidos, República Dominicana, México, Costa Rica, Panamá, África y Asia. El grupo incluye también compañías como Carmela Decoración, especializada en textiles decorativos para establecimientos turísticos. "No queremos operaciones puntuales, sino un crecimiento orgánico en el que exista compenetración en toda la cadena", señala Martí. La empresa dispone de tres grandes zonas de fabricación -Europa, Asia y un área intermedia entre ambos continentes-, aunque sostiene que la mayor parte de sus productos se fabrica o termina en Europa gracias a un sistema propio de acabado.

El crecimiento ha llevado a la compañía a abrir unas instalaciones de 35.000 metros cuadrados en Anna. El complejo concentra las últimas fases del proceso productivo -corte y confección-, además del embalaje, el almacenamiento y la logística, y reserva espacio para el desarrollo de proyectos de investigación. Las oficinas principales continúan en la playa de la Patacona, en Alboraya. Resuinsa emplea directamente a más de un centenar de personas, a las que se añaden las pequeñas estructuras implantadas en cada mercado internacional. Cerca del 90% de su actividad procede de la hotelería, aunque también suministra productos a hospitales, residencias, colegios mayores y otras colectividades.

De contar toallas a controlar su vida útil

La tecnología se ha convertido en otro de los pilares del crecimiento. Hace más de una década, Resuinsa comenzó a incorporar sistemas de identificación por radiofrecuencia, conocidos como RFID, a las prendas hoteleras. Los códigos QR convencionales no soportaban los procesos de lavado, secado y planchado, por lo que la empresa desarrolló junto con sus colaboradores una etiqueta con chip y antena capaz de resistir todo el ciclo industrial. Este dispositivo permite saber cuándo se puso una prenda en circulación, cuántas veces se ha lavado, dónde se encuentra y cuándo alcanza el final de su vida útil.

"La gente piensa que sirve para evitar que se roben los productos, y también puede ser una utilidad, pero sobre todo permite conocer la vida de una prenda», señala Martí. El sistema elimina buena parte de los recuentos manuales de ropa que tradicionalmente han asumido las camareras de piso en los almacenes, los cuartos de planta y las lavanderías. "Es un oficio muy sacrificado y se ha dedicado mucho tiempo a hacer inventarios. Con esta tecnología, el inventario ya no tarda una semana, sino que se hace con un clic. Es una revolución en el sistema", asegura el director general.

Esta trazabilidad también sustenta la apuesta de la compañía por la economía circular. Durante más de un año, Resuinsa recogió textiles usados de más de una treintena de hoteles para llevarlos a sus instalaciones, clasificarlos y estudiar qué parte podía regresar al proceso productivo. En colaboración con Aitex y otras entidades, la firma ha triturado las prendas y analizado qué porcentaje de fibras recicladas puede incorporarse a nuevos artículos sin reducir su calidad o resistencia. De este trabajo surgió hace alrededor de año y medio la gama VITA, que incluye zapatillas de hotel y otros complementos de tejido no tejido producidos en la Comunitat Valenciana como alternativa a los artículos importados de China.

La empresa ha dado un paso más con Circularis, una línea con la que ha fabricado una primera partida industrial de toallas y albornoces que incorporan un 20% de materia textil reciclada procedente de los propios hoteles. Las prendas se encuentran ahora en establecimientos y lavanderías para comprobar cómo reaccionan ante el uso intensivo. "Una cosa es lo que desarrollamos en fábrica y otra ver qué ocurre cuando lo metes en una lavandería", explica Martí. Resuinsa espera analizar los resultados entre octubre y noviembre para avanzar en una producción a mayor escala, en un contexto en el que los hoteles deberán asumir mayores obligaciones en la separación y recogida de los residuos textiles.

Una empresa familiar que prepara su relevo

Tras tres generaciones, Resuinsa prepara ya el siguiente relevo. Félix Martí prevé dejar progresivamente la gestión en manos de sus hijos e hijas, que representan la cuarta generación de una familia dedicada al textil desde hace cien años. "Las empresas familiares de la Comunitat Valenciana y de España tienen un futuro difícil en el textil si no están profesionalizadas. Nosotros estamos en un cambio en el que voy a dejar paso a mis hijos y a mis hijas", señala.

Ese carácter familiar se mantiene pese al interés que despierta el grupo entre fondos de inversión y otras compañías. Martí asegura que reciben semanalmente propuestas de empresas que buscan comprador y aproximaciones de inversores interesados en entrar en Resuinsa, aunque por el momento la familia no contempla ninguna operación. "Las decisiones no las tomo yo, sino la familia como accionista. Mi criterio personal siempre ha sido que vender a fondos que buscan revender la empresa cuatro o cinco años después puede acabar poniéndola en manos de nuestra competencia", afirma. "Somos una empresa muy valenciana, aunque el futuro nunca se puede decir".

La compañía encara esta nueva etapa pendiente de una geopolítica que puede cerrar mercados de forma repentina o abrir oportunidades para la fabricación europea. Argelia prácticamente ha desaparecido de su mapa comercial, Estados Unidos plantea incertidumbres por los aranceles y cualquier tensión en rutas como el estrecho de Ormuz puede alterar costes y suministros. Sin embargo, la paralización de la producción o el transporte desde Asia también eleva la demanda de los fabricantes europeos. "Cualquier cosa nos afecta. Por ejemplo, Argelia se nos ha caído como mercado y ahora es difícil recuperarlo. Estados Unidos es complicado porque no sabemos los aranceles que nos aplican", explica Martí.

Pero esa inestabilidad también puede jugar a favor. "Cuando todo lo de Asia se paraliza nos aumenta la demanda", señala. Martí confía, además, en que el Mundial de fútbol pueda convertirse en un escaparate indirecto para las empresas españolas, como ya ocurrió tras el triunfo de la selección en 2010. "Cuando ganamos el Mundial fue una pasada. Espero que ahora sea lo mismo", reconoce. 

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