VALÈNCIA. La compañía valenciana ELE KA ha consolidado, tras más de seis décadas de trayectoria, un modelo mecanizado basado en la tecnología aplicada a la joyería y en la especialización en alianzas de boda. Fundada en 1958 en Godella (Valencia) y con sede en el Parque Tecnológico de Paterna, la empresa inició su actividad como la primera fábrica mecanizada de joyería en la Comunitat Valenciana, centrada en la producción de cadenas de oro y plata.
El origen de la empresa está ligado a la iniciativa de su fundador, Clemente Navarro Fabregat, procedente del ámbito del comercio de piedras preciosas. "Mi abuelo quería crear la primera fábrica de joyería mecanizada de la Comunitat Valenciana. Él era comerciante y se dedicaba a la compraventa de piedras preciosas. Vio que en España no había mucha fábrica aunque sí había distribuidoras y artesanos y, en un momento dado, a raíz de una deuda, le dieron unas máquinas para fabricar cadenas de joyería", explica Merche Navarro, directora general de la compañía.
Tras ese punto de partida, la compañía inició un proceso de aprendizaje e inversión tecnológica mirando a referentes como Italia y Alemania. Desde sus inicios, ELE KA apostó por la mecanización y la diferenciación a través de la tecnología, lo que permitió ampliar rápidamente su catálogo y acceder tanto al mercado nacional como al internacional. La incorporación progresiva de herramientas como tornos, fresadoras, electroforming, corte y grabado por láser o centros de mecanizado CNC ha marcado la evolución de la empresa.

Especialización en alianzas
Uno de los hitos estratégicos de la compañía se produjo en la década de los 90, cuando decidió centrarse en la fabricación de alianzas de boda, redefiniendo su modelo de negocio. "A mediados de los 90 empezamos con las alianzas", señala Navarro. Este cambio supuso también una transformación en el tipo de cliente y en la operativa. "La cadena nos permitía exportar. Pero cuando nos metimos en alianzas, que los envíos son más personalizados, son de dos en dos, tenías que invertir más dinero en mover la pieza que en fabricarla. El cambio de producto condicionó el mercado y el tipo de cliente".
De este modo, la empresa pasó de trabajar con grandes volúmenes y clientes internacionales a un modelo más enfocado en el mercado nacional y en el canal profesional, dirigiéndose principalmente a joyeros. La especialización en alianzas ha ido acompañada de un refuerzo del componente tecnológico como elemento diferencial. En esta línea, la compañía ha incorporado herramientas digitales que permiten ampliar las opciones de personalización. "Lo hemos ido recubriendo de servicios como un configurador de alianzas donde puedes elegir absolutamente todo. Aunque parece que sea una web para cliente final, es para el joyero".

Este sistema facilita la definición del producto y su precio en tiempo real, especialmente relevante en un contexto en el que el coste de la materia prima, como el oro, es variable. "Si el joyero no tuviera esa facilidad se tendría que inventar el precio sobre la marcha", añade.
Actualmente, ELE KA cuenta con un equipo de 17 personas que cubren áreas como dirección, producción, I+D+i y sostenibilidad, además de apoyarse en colaboradores externos en web y marketing. La compañía trabaja con más de 200 proveedores y atiende a más de 700 clientes, principalmente en el ámbito profesional B2B. Su red comercial incluye cinco representantes en España y uno en Portugal. La facturación anual se sitúa en torno a los cuatro millones de euros. "No es que sea una facturación muy elevada para el aprovisionamiento de materia prima que tienes que hacer", señala Navarro.

Del stock a la producción bajo demanda
El desarrollo tecnológico ha permitido a ELE KA evolucionar desde un modelo basado en stock hacia uno centrado en la producción bajo demanda. "El consumidor estaba acostumbrado a que hubiera un modelo en la joyería y llevárselo a casa. Por eso hubo un tiempo que estuvimos trabajando con stock, pero en cuanto querías hacer modificaciones, gestionabas un stock innecesario", apunta.
La posibilidad de fabricar múltiples variantes, hasta 25 perfiles distintos, ha incrementado las opciones disponibles para el cliente final sin necesidad de acumular inventario. "Hay muy pocas diferencias, pero es una personalización que elige la gente. El cliente se siente más involucrado", explica Navarro. Para facilitar la labor del joyero, la empresa combina herramientas digitales con soportes físicos, como muestrarios en latón. La compañía también cuenta con sus propias colecciones que comercializa en joyerías.
