VALENCIA. La débil recuperación del crédito ha servido para reactivar la expansión del negocio hotelero en la Comunitat Valenciana. Tras años de cierres y recortes, sólo en el centro de Valencia, más de media docena de nuevos establecimientos de distinta tipología han abierto sus puertas o están a punto de hacerlo.
"En su mayoría son proyectos que ya estaban ahí, pero que tuvieron que ser aparcados hasta que los bancos han vuelto a abrir la mano, aunque aún sea tímidamente", reconoce Luis Martí, presidente de la Unión Hotelera.
Aunque con la Copa América se rozó la saturación al pasar de 5.000 a 10.000 habitaciones en la ciudad, la evolución del negocio ha permitido digerir este crecimiento y ha permitido nuevas propuestas. "Con un 80% de ocupación media, el problema de Valencia no es la oferta, sino la rentabilidad", advierte Martí.
LA VUELTA DE LOS CLÁSICOS
Este impulso está afectando también a complejos de referencia que debieron echar el cierre en los años más duros de la crisis. Éste fue el caso tanto de los hoteles de la cadena Sidi en El Saler (Valencia) y San Juan (Alicante) o el complejo La Calderona de Bétera.
La cadena Sidi cerró en 2011 sus dos establecimientos valencianos dentro del proceso de redimensionamiento por sus problemas económicos internos y, en las últimas fechas, distintos inversores han tanteado a la propiedad, repartida entre BBVA y Caixabank, para comprar o firmar un acuerdo de gestión.
Una de las propuestas más relevantes en este tiempo ha sido la de Manfred Stier, empresario afincado en Alicante que cedió por la modalidad de leasing estos complejos a las entidades, y plantea recuperarlos para su gestión, según fuentes conocedoras del proceso. Sin embargo, otros inversores locales están ya echando cuentas para hacerse con la pieza.
En el caso de la recuperación del Sidi Saler, ubicado en plena Dehesa, algunos de los planteamientos de reapertura han tropezado con los límites de la legislación medioambiental, que plantea distintos inconvenientes para una gestión tradicional del complejo. Sin embargo, esta 'debilidad' no es entendida como tal por todos los inversores.
HACER DE LA DEBILIDAD VIRTUD

De hecho, una de las propuestas más solventes pasa por aprovechar este entorno natural para convertirlo en el valor diferencial que atraiga un perfil de cliente internacional que busca descanso y actividades vinculadas al medio ambiente. Como ejemplos de otras estrategias a contracorriente se pone como referencia el Hotel Las Arenas de Valencia que, pese a encontrarse en un entorno degradado, ha sabido abrirse un hueco en la oferta de lujo internacional.
Distinto es el caso del complejo hotelero La Calderona, también propiedad de un pool de entidades financieras, y que ha recibido diversos tanteos. De hecho, el complejo incluye un centro de talasoterapia y spa que podría reforzar la actividad hotelera, pero partiendo de una estrategia comercial diferente a la llevada hasta el cierre.
Además de captar al cliente extranjero, más si cabe cuando la recuperación del consumo por parte de los españoles es todavía muy tímida, la intención es que se integrara en una cadena de hoteles asociados, lo que le facilitaría aplicar una economía de escala y ampliar sus vías de comercialización.