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La paradoja (o no) de las inversiones chinas en la Comunitat: así se gestan las grandes operaciones

Las cifras oficiales apenas reflejan la presencia inversora del gigante asiático, mientras crece el interés por la logística, la energía, la tecnología y la automoción valenciana

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VALÈNCIA. La fotografía que ofrecen los datos de inversión china en la Comunitat Valenciana parece, a simple vista, decepcionante. Según DataInvex, la inversión procedente del gigante asiático apenas alcanzó los 760.000 euros en 2024 y los 715.000 euros en los nueve primeros meses de 2025. Son cantidades modestas para una economía que aspira a posicionarse como uno de los principales polos industriales y logísticos del Mediterráneo.

Sin embargo, detrás de esas cifras se esconde una realidad bastante más compleja. Mientras los registros oficiales muestran una actividad limitada, el interés de grupos chinos por España y por la Comunitat Valenciana no ha dejado de crecer. La posible llegada de Geely al entorno de Ford Almussafes, el peso estratégico de Cosco en el Puerto de València o la consolidación de firmas como Hisense son algunos de los indicios que alimentan la sensación de que la relación económica entre ambas partes atraviesa una fase de maduración.

La pregunta es inevitable. Si existe tanto interés, ¿por qué las cifras siguen siendo tan bajas?

La inversión que no siempre aparece en las estadísticas

Francisco Martínez, socio de Uría Menéndez en Valencia y uno de los abogados con mayor experiencia en operaciones vinculadas al mercado chino, considera que una parte de la explicación reside en la propia naturaleza de muchas inversiones. Según explica, conviene distinguir entre las grandes operaciones corporativas, las inversiones directas que terminan registrándose en otras jurisdicciones y una amplia tipología de movimientos empresariales que tienen impacto en la Comunitat Valenciana pero no siempre aparecen reflejados de forma evidente en las estadísticas regionales.

En los últimos años, señala, han proliferado las adquisiciones de participaciones societarias, plataformas logísticas y centros de distribución ejecutados a través de estructuras internacionales. Son operaciones menos visibles que la compra de una gran empresa industrial, pero que contribuyen igualmente a reforzar la presencia china.

La Comunitat Valenciana, además, juega un papel singular. Según Martínez, es una de las autonomías que más activamente busca atraer capital chino, especialmente en ámbitos como las energías renovables, la automoción, la logística portuaria o determinadas tecnologías industriales. A ello se suma el factor del endurecimiento regulatorio.

  • Archivo - Ceremonia de izado de la bandera nacional en la Plaza de Tiananmén, en Pekín, capital de China. -

Aunque parece haber contradicción entre unas cifras modestas y los mensajes de un creciente interés inversor, lo cierto es que ambas realidades son compatibles. La Comunitat Valenciana concentra varios de los elementos que más valoran las compañías chinas: una posición logística privilegiada, un puerto de referencia internacional, experiencia industrial, capacidad exportadora y un ecosistema consolidado en sectores como la automoción, las energías renovables o determinadas tecnologías.

Pero al mismo tiempo, la inversión china se mueve hoy en un entorno mucho más regulado, más selectivo y más lento que el de hace una década. Por eso, los datos actuales reflejan más el presente administrativo de las operaciones que el interés real existente. Mientras las estadísticas siguen mostrando cifras discretas, bajo la superficie se acumulan contactos, estudios, prospecciones y proyectos que todavía no han dado el salto definitivo.

La gran incógnita es cuántos de ellos acabarán convirtiéndose en inversiones reales. Y si operaciones como Geely terminan materializándose, la Comunitat Valenciana podría pasar en pocos años de recibir apenas cientos de miles de euros a "protagonizar uno de los mayores desembarcos de capital chino de su historia", tal y como explica Pablo Cubel, socio de Cuatrecasas y especialista en operaciones corporativas con una amplia trayectoria vinculada a China.

Por otro lado, las cifras también están influidas por el llamado efecto sede. "Las estadísticas atribuyen la inversión a la comunidad autónoma donde está ubicada la sede social de la empresa receptora, que no siempre coincide con el lugar donde se desarrolla la actividad económica o se ejecuta el proyecto de inversión. Se trata de una característica metodológica habitual de las estadísticas de inversión que conviene considerar al interpretar los datos regionales", explican desde el Icex.

Europa levanta filtros a la inversión extranjera

La época en la que los grandes grupos chinos podían acometer adquisiciones multimillonarias en Europa con relativa facilidad ha quedado atrás. Martínez apunta que la inversión china se ha complicado en los últimos años debido a los mecanismos de autorización impulsados por la Unión Europea, especialmente cuando las operaciones afectan a sectores considerados estratégicos.

En paralelo, Cubel recuerda que los controles no proceden únicamente de Bruselas. También Pekín impone filtros muy estrictos a las compañías que desean invertir en el exterior. La inversión china en el extranjero está sometida a autorizaciones conocidas como ODI (Outbound Direct Investment), mientras que Europa ha reforzado mecanismos como el FDI Screening (destinado a controlar inversiones extracomunitarias) y el reglamento FSR, que permite investigar si una empresa extranjera se beneficia de ayudas públicas que distorsionen la competencia. El resultado es un escenario mucho más exigente que el de hace una década.

Del "activo trofeo" a la inversión estratégica

Para entender la situación actual hay que remontarse a la evolución de la propia economía china. Cubel recuerda que hasta principios de los años ochenta China era una economía cerrada y extremadamente pobre. La primera fase de apertura consistió en atraer inversión extranjera para producir a bajo coste y abastecer tanto a los mercados internacionales como a una creciente clase media china.

La segunda etapa comenzó aproximadamente a partir de 2010, cuando las empresas chinas adquirieron tamaño, capital y capacidad suficiente para salir al exterior. Fue entonces cuando empezó el verdadero ciclo inversor internacional del país.

Durante aquellos primeros años, explica el socio de Cuatrecasas, se produjeron inversiones que hoy se recuerdan como "activos trofeo": clubes de fútbol, bodegas, edificios emblemáticos o negocios que respondían más a criterios de prestigio que a una estrategia económica definida. Pero Pekín corrigió rápidamente esa tendencia. A partir de 2016 y 2017 comenzó a priorizar exclusivamente inversiones alineadas con intereses estratégicos nacionales. Desde entonces, las operaciones están mucho más planificadas.

Una economía donde el Estado sigue marcando el rumbo

Otro elemento diferencial es la propia estructura empresarial china. Cubel destaca que una parte muy relevante de la economía está controlada por grandes conglomerados públicos, las conocidas como SOE (State-Owned Enterprises), cuya actividad está sometida a supervisión estatal. Por ello, cuando se analiza una inversión china resulta fundamental distinguir si el inversor es público o privado, ya que ambas categorías responden a dinámicas completamente diferentes.

Esa combinación entre planificación estatal, autorizaciones internas y control regulatorio europeo ayuda a explicar por qué muchas operaciones avanzan lentamente o tardan años en cristalizar.

El comercio crece mucho más rápido que la inversión

Si las cifras de inversión son reducidas, los datos comerciales cuentan una historia completamente distinta. Martínez insiste en que una de las claves para comprender la relación entre China y la Comunitat Valenciana es diferenciar inversión y comercio. Porque, mientras la primera sigue siendo limitada, el intercambio comercial no ha dejado de crecer.

De hecho, China se ha consolidado como uno de los grandes socios económicos del territorio valenciano y como uno de los principales clientes y proveedores del Puerto de València, una infraestructura que se ha convertido en puerta de entrada de mercancías asiáticas hacia el mercado español y buena parte del sur de Europa.

Los datos de Cámara Valencia reflejan esa intensidad comercial. En 2024 había más de 20.000 empresas valencianas importadoras desde China, frente a las cerca de 1.400 exportadoras hacia el mercado asiático. La diferencia evidencia el enorme peso de las importaciones procedentes del gigante asiático y el papel de la Comunitat como plataforma de distribución.

También resulta significativo que el número de compañías importadoras haya aumentado de forma sostenida durante los últimos años. Si en 2019 se contabilizaban alrededor de 11.800 empresas valencianas importando desde China, en 2024 la cifra superaba las 20.000. El crecimiento es especialmente llamativo porque coincide con años marcados por la pandemia, las tensiones geopolíticas y las dificultades logísticas globales.

El modelo chino: primero comercio, después inversión

Esa creciente relación comercial no es casual. Según Martínez, existe un patrón que se repite con frecuencia en la estrategia de internacionalización china. Primero llega una fuerte presencia comercial; posteriormente se desarrollan actividades de logística y distribución; después aparecen posiciones en sectores estratégicos y, finalmente, se plantean inversiones industriales de gran dimensión.

Hisense constituye un ejemplo de ese modelo. La multinacional utiliza Valencia como plataforma logística y de distribución, una estrategia que encaja perfectamente con la función que desempeña el territorio dentro de las cadenas globales de suministro.

Por eso, para muchos observadores, las cifras actuales de inversión no reflejan necesariamente la situación futura. Lo que muestran es una fase previa de consolidación.

Cosco, el precedente que cambió la relación

Cuando se habla de inversión china en la Comunitat Valenciana hay una operación que sobresale sobre todas las demás: la entrada de Cosco en el Puerto de València.

Martínez, que participó profesionalmente en aquella transacción, considera que sigue siendo la inversión china con mayor impacto sobre la economía valenciana. Sus efectos no se limitan a la actividad portuaria, sino que se extienden a la logística, las aduanas, el transporte terrestre y el conjunto de la cadena de suministro vinculada al comercio exterior.

La relevancia de Cosco trasciende la propia inversión. Simboliza el papel de València como puerta de entrada natural para las mercancías chinas en España.

No es casualidad que, según la estimación de Martínez, alrededor del 60% de la presencia empresarial china en la Comunitat esté relacionada con actividades de comercio y logística.

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Geely y la gran oportunidad de Almussafes

Si Cosco representa el pasado y el presente, Geely encarna el futuro. La posible llegada del grupo chino (propietario de Volvo y una de las grandes referencias mundiales de la automoción) se ha convertido en la gran incógnita económica de los próximos años.

Martínez sostiene que, si finalmente se materializara un proyecto industrial de envergadura alrededor de Almussafes, el impacto sería enorme. No sólo por la inversión directa, sino porque aprovecharía todo el ecosistema de proveedores desarrollado históricamente alrededor de Ford.

Cubel coincide en que la automoción es hoy uno de los sectores que más interés despierta entre las compañías chinas. Tras la pandemia, explica, el sector automovilístico del país experimentó una transformación radical. Nuevas marcas irrumpieron con fuerza en el mercado internacional y comenzaron a competir directamente con los fabricantes europeos.

La respuesta de Bruselas mediante aranceles aceleró una reflexión estratégica: fabricar dentro de Europa para evitar barreras comerciales. Y ahí España aparece como uno de los destinos preferidos junto a Alemania y Hungría.

El efecto arrastre de los proveedores

La automoción presenta además una característica especialmente relevante.

Según Cubel, los fabricantes chinos buscan reproducir en Europa ecosistemas industriales completos. No se limitan a instalar una planta de ensamblaje, sino que tratan de atraer a proveedores que ya trabajan con ellos en China para replicar sus cadenas de producción.

Eso significa que una gran inversión puede generar muchas otras de menor tamaño.

Si un fabricante desembarca en España, es habitual que sus proveedores de componentes, asientos, electrónica o sistemas auxiliares estudien también instalarse cerca de la planta principal. Ese efecto multiplicador es precisamente uno de los motivos por los que las administraciones autonómicas compiten intensamente por atraer estos proyectos.

Un momento político favorable

A todo ello se añade un contexto geopolítico que diversos analistas consideran favorable. Cubel sostiene que las relaciones entre España y China atraviesan uno de sus mejores momentos y que el acercamiento político de los últimos años ha contribuido a incrementar el interés de las empresas chinas por el mercado español.

Eso no significa que las inversiones vayan a llegar automáticamente, pero sí que existe un clima más propicio para que proyectos que hoy están en fase de estudio puedan acabar materializándose. Por ello, el experto considera que la fotografía actual puede ser muy distinta de la que reflejen las estadísticas dentro de tres o cuatro años.

 

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