VALÈNCIA. El tejido exportador de la Comunitat Valenciana resiste, por ahora, el envite financiero de la crisis en Oriente Próximo. A pesar de la escalada de tensión en la región, las empresas valencianas están logrando "esquivar" los impagos directos, manteniendo una siniestralidad bajo control. Sin embargo, la calma financiera contrasta con una creciente parálisis operativa. El riesgo bélico y el colapso de las rutas marítimas amenazan con congelar la firma de nuevos contratos y proyectos de inversión.
Según la última actualización de Cesce (Compañía Española de Seguros de Crédito a la Exportación), sus servicios en la zona se mantienen "en los mismos términos" y no se ha detectado un aumento de los siniestros. No obstante, la entidad lanza un aviso a navegantes: la dificultad para el envío de mercancías y la incertidumbre geopolítica "puede frenar nuevas solicitudes de cobertura" y, lo que es más preocupante para la economía regional, "retrasar la ejecución de proyectos que ya están en marcha".
El azulejo, la logística y el campo, los más golpeados
El impacto de esta crisis no es uniforme, pero golpea con especial dureza a los sectores estratégicos de Castellón y Valencia. La industria cerámica, que destina una parte significativa de sus semimanufacturas al mercado del Golfo, se enfrenta a un escenario de pinza: por un lado, la retención de sus exportaciones por la inseguridad en las rutas del Mar Rojo; por otro, el incremento de los costes energéticos derivados del precio del gas.
En la misma línea, el sector agrícola valenciano empieza a notar la presión. El encarecimiento de los fertilizantes y los combustibles, sumado a las complicaciones logísticas para situar productos frescos en mercados lejanos, está obligando a muchos exportadores a replantearse sus rutas habituales.
La logística se ha convertido en el principal cuello de botella. El Puerto de Valencia es el escenario donde primero se reflejan estos efectos indirectos. El desvío de buques y el aumento de los fletes no solo retrasan las entregas, sino que encarecen el producto final, restando competitividad a la marca valenciana en el exterior.
Alerta financiera por posible subidas de tipos
Más allá del movimiento de mercancías, el informe de Cesce apunta a una amenaza en el horizonte financiero. Ante la posibilidad de que la inflación escale por el shock energético, es "previsible" que la banca tradicional ajuste al alza los tipos de interés según el riesgo país y sectorial.
Este endurecimiento del crédito, sumado a la cautela de las propias empresas, es lo que está provocando ese freno preventivo en la contratación de seguros. En definitiva, las empresas valencianas no están cayendo en el impago, pero muchas han decidido poner el "freno de mano" a la espera de que el panorama geopolítico despeje sus incógnitas.