Entrevista

España

García-Margallo: "La Unión Europea ha caído en una irrelevancia absoluta"

El exministro de Asuntos Exteriores y exparlamentario europeo analiza la crisis política internacional tras la operación de Trump en Venezuela y su interés en Groenlandia

  • El exministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo.
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VALÈNCIA. La operación de Donald Trump en Venezuela y sus pretensiones sobre Groenlandia han agitado el tablero político mundial en los últimos días. El exministro de Exteriores y exeurodiputado José Manuel García-Margallo (Madrid, 1944) analiza en Plaza las causas y consecuencias de estos movimientos internacionales, así como la posición de España y la Unión Europea frente a los retos geoestratégicos que se derivan de los últimos acontecimientos.

 

-¿Le ha sorprendido la operación de Trump en Venezuela? 

 

-La respuesta es sí y no. No sabía ni el cómo ni el cuándo pero estaba convencido de que se iba a producir algún tipo de operación porque llevamos mucho tiempo con señales evidentes de que Trump había decidido actuar. Empezó por calificar al gobierno de Maduro de organización narcoterrorista, desplazó medios aéreos y navales al Caribe… me parecía obvio que no habría una intervención militar en tierra, entre otras cosas, porque la opinión pública americana, que todavía tiene el recuerdo de las antiguas actuaciones en Siria, Afganistán, Irak y más lejos en Vietnam, no estaba preparada para recibir cadáveres cubiertos con la bandera americana. Entonces, descartado ese escenario, y siendo consciente que se iba a producir una intervención, las piezas fueron encajando. Hubo un momento en que, además, Donald Trump, empieza a bombardear lanchas que, en su opinión, transportaban droga a Estados Unidos y lo que es más importante, empieza a sancionar con gran intensidad a los barcos tanqueros que extraían el petróleo de Venezuela. 

 

-¿Qué factores reales son los que cree que ha llevado ha llevado a Trump a actuar? Más allá del narcoterrorismo que se utiliza como justificación; también está el petróleo, el oro, el factor geoestratégico…  ¿Qué opina que ha tenido más peso?
 

-Bueno, hay un factor esencial, que se llama Donald Trump. Estoy ahora preparando un libro que se llamará algo así como Civilizaciones y depredadores: las reglas del juego y hojeé hace unos días otro que se llama Trump: el arte de la negociación, de 1987, cuando Donald Trump ni se había planteado entrar en política. Ahí se observan tres claves que explican todas las operaciones que está realizando ahora: explica la intervención en Oriente Próximo, la explica en Ucrania, la explica en Venezuela y probablemente explique lo que vaya a hacer en Europa. Él dice de sí mismo tres cosas: la primera es que él juega siempre a lo grande mientras los demás juegan a lo pequeño y eso le da ventaja. Lo segundo que dice es que tiene una política transaccional: él es un promotor inmobiliario del Bronx y aplica a la política las mismas reglas que ha aplicado en negocios inmobiliarios. Empieza pidiendo un máximo y a partir de la negociación va reculando, pero avanzando hasta alcanzar el punto al que quería llegar. Y la tercera y más importante, él dice que le acusan de ser un jugador. Y replica: "Yo no soy un jugador. Los jugadores meten las fichas en la máquina tragaperras, yo quiero quedarme con la banca". Esa es la filosofía de Donald Trump. Considera además que, en su primer mandato, las cosas no salieron como él quería por no ir demasiado lejos. Quería terminar el tema del Caribe, está obsesionado en concentrarse en el sudeste asiático y con China y por eso quiere terminar los otros conflictos que hay por el mundo. Resucita la doctrina Monroe, que es de 1823, cuando Estados Unidos no era una potencia en absoluto. Luego fue Theodore Roosevelt, a partir de la guerra  hispanocubana, el que la perfila y la amplía más. Trump la retoma hasta tal punto de que le ha cambiado el nombre y la denomina la doctrina ‘Donroe’, porque su megalomanía es estratosférica.

 

-Entonces, ¿cree que su manera de actuar ha sido previsible en este caso?

 

-En cierto modo, sí. Lo que ya no era tan previsible es lo que está haciendo con la oposición democrática venezolana: con Corina Machado, con Antonio Ledezma, con Leopoldo López, etc., que, puedo asegurarlo, les ha cogido completamente por sorpresa y que, además, han sido descartados para participar en el proceso de transición. ¿Por qué? Desde el punto de vista de Trump, creo que ha querido es asegurar que esta transición se hiciese sin demasiada violencia. Y la única fórmula de garantizarlo era entregarle los mandos a los jerarcas del régimen. Porque en Venezuela no se ha cambiado el régimen, se ha cambiado al líder, pero el régimen sigue exactamente igual, continúan las mismas personas, las mismas instituciones represivas, las mismas faltas de libertades… Eso es, a mi juicio, un tema extraordinariamente grave.

-¿Considera que se puede construir un régimen nuevo, sentar las bases de un proceso electoral, con el antiguo equipo de Maduro?
 

-Creo que aquí nos podemos encontrar con una situación muy poco estable a medio y largo plazo si no se abre un cauce en el que participen todos los venezolanos. Si yo tuviese que elegir un modelo para la transición venezolana, iría a la transición española. El éxito de la transición española tuvo varios pilares. Primero, que fue una transición protagonizada por todos y para todos. Es decir, el reconocimiento del Partido Comunista, o el reconocimiento de la Generalitat, indicaba que todos debían ser parte del juego. En segundo lugar, que se iba a mirar hacia el futuro y no hacia el pasado. Eso fue la primera amnistía que hizo Adolfo Suárez antes de la Constitución, y la segunda amnistía: vamos a hacer borrón y cuenta y nueva y vamos a poner de acuerdo en trabajar para adelante. La tercera y más importante, que lo dice Julián Marías en su libro Cinco años de España: primero se produce la liberalización y luego la democratización. Con la muerte de Franco, se podía haber optado por convocar unas elecciones generales y empezar el proceso en aquel mismo momento, pero se optó por la solución de liberalizar, ir estableciendo instituciones que no existían, las Cortes no existían, no había sindicatos, no había organizaciones empresariales, no había grupos periodísticos libres, etc. Y cuando pasó ese periodo de liberalización se convocaron elecciones, que son elecciones en las que concurre todo el mundo y a las que nadie pone pegas. Y yo creo que eso es lo que habría que hacer.

 

Hubo un ejemplo precisamente en Venezuela en el 58 con el dictador Pérez Jiménez, que intentó un plebiscito para seguir pero tuvo que irse del país por las huelgas generales. Se instauró una junta cívico-militar presidida por Wolfgang Larrazábal que duró un año y, después, cuando ya había instituciones más o menos neutrales, se fueron a unas elecciones libres y Venezuela entró en un periodo de estabilidad. La gran pregunta ahora es, ¿pueden hacer ese proceso de liberalización, de ir abriendo puertas y ventanas, los mismos que durante 25 años las han tenido cerradas? Ese es el gran problema. Trump asegura que sí, que Delcy Rodríguez va a hacer exactamente lo que diga, que va a contener al ejército y que irán avanzando, pero yo lo dudo mucho. A mí me ha defraudado mucho que no hablase con la oposición: no contar con los que han demostrado que tienen el 70% del apoyo popular es una barbarie.

-Esa nula participación de la oposición y la continuidad de Delcy Rodríguez al frente del gobierno, ¿no le suena a una operación contra Maduro con ayuda y acuerdo previo desde dentro?

-De eso no tengo la menor duda. Yo estoy convencido de que aquí lo que se ha producido es una operación interna de sustitución de Maduro, que ha jugado como chivo expiatorio. No se puede hacer una operación militar, por muchos medios que tengan los americanos, en la que los helicópteros vuelen sin que haya un solo disparo de defensa antiaérea. Hay una imagen que vale más que mil palabras: en una parte de la pantalla estabas viendo a Maduro y a su mujer declarando en un tribunal de Nueva York y en otra a Delcy Rodríguez tomando posesión como presidenta ejecutiva.

 

  • El exministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo. 

 

-La intervención de Trump, no obstante, infringe el derecho internacional. ¿Qué opina de eso?

 

-Aquí se están mezclando cosas que confunden a la gente. La legalidad internacional no se ha aplicado en Venezuela nunca. Es decir, se está aplicando una violación de la legalidad internacional contra un régimen que no aplicaba la legalidad internacional. En política hay dos legitimidades de los gobernantes: la legitimidad de origen y la legitimidad de elección. La legitimidad de la elección es que tú hayas deducido el poder de unas elecciones libres, limpias y justas. Eso no ocurrió. Estamos todos de acuerdo, incluido el Gobierno español, en que Maduro robó las elecciones y, de hecho, instó al régimen de Maduro a que enseñara las actas que probaran que había ganado las elecciones. No lo hizo. La oposición sí las presentó y tenía el 70%. Ahí, lo lógico hubiera sido reconocer al ganador de las elecciones y no se hizo. A partir de ese momento, Maduro no era un presidente legítimo. Y el que no sea un presidente legítimo tiene efectos muy importantes en el día de hoy. La Convención de Viena del 61 reconoce la inviolabilidad y la impunidad de los jefes de Estado, pero de los jefes de Estado legítimos, no de los usurpadores. No obstante, sí está amparado por un principio básico del derecho internacional que es el respeto a la soberanía de integridad territorial incluso para detener a un delincuente . Entonces, en este punto se ha violado el derecho internacional y yo no tengo la menor duda de ello, pero no por lo que argumenta la defensa de Maduro, que no se sostiene porque no es un jefe de Estado legítimo, pero sí por el otro motivo.

 

-Entonces, ¿cree que el fin justifica los medios en este caso?

 

-En política internacional no hay una respuesta nítida a eso. Es que siempre hay principios, valores, ideales, etc. y luego lo que se llama realpolitik. Aquí se produce una mezcla de elementos tremendos. Pero hay otro tema que es más importante, por el cual yo creo que es una buena noticia que haya salido Maduro, insisto, con un procedimiento que no es canónico. En Venezuela te encuentras con 9 millones de exiliados, 900 presos políticos, un 78% de población en el umbral de la pobreza.... Y si a eso hubiese seguido el embargo petrolero, se hubiera llegado a una situación parecida a la de Cuba. No había respeto alguno por las instituciones democráticas, es decir, es que allí no regía el Estado y no cortar este régimen iba a llevar a Venezuela a la ruina.

 

-Por lo que explicaba antes de la personalidad de Trump, ¿cree que ha utilizado esta operación en Venezuela como termómetro de cara a otras que se plantea como ahora Groenlandia?

 

-Estados Unidos, desde que entra en la escena internacional en la guerra hispano-cubana y luego ya en la guerra de 1914-18, siempre ha querido intervenir en la política mundial. Lo que pasa es que el fin era distinto. Había una serie de presidentes como Wilson, Truman o Kennedy, para los que Estados Unidos era el guardián liberal internacional: intervenían allí donde ese orden se había vulnerado para reestablecerlo. Trump sigue con esa tentación intervencionista, pero ya no interviene para restablecer el orden internacional y hacer prevalecer los valores liberales, entra exclusivamente para defender y proteger los intereses americanos. Eso es el America First y eso es lo que ha cambiado. Entonces, cuando Trump considere que tiene que intervenir en otro país porque eso es bueno para el suyo, lo hará. Lo ha dicho respecto a Groenlandia: “Oiga, es que la necesitamos a efectos de seguridad”. “Oiga, ¿pero cómo que usted la necesita...? ¿Y qué pasa con el principio de soberanía e integridad territorial?”. Por eso estamos en un punto de inflexión en la historia, dado que el orden internacional liberal ha desaparecido. Lo hemos visto en tres acontecimientos sucesivos: la invasión de Ucrania que empezó en 2014 cuando Putin se anexiona Crimea y la invasión de Ucrania en 2022; la operación militar en Venezuela y la operación de Israel reconociendo a Somalilandia, que poca gente sabe dónde está, pero que precisamente está en un sitio estratégico que controla los estrechos.


Es decir, que cada cual hemos hecho lo contrario de lo que se quiso hacer con la Sociedad de Naciones y Naciones Unidas, que era establecer la fuerza como fuente del derecho. Hasta entonces había un reglamento que aceptamos todos y que administra unas instituciones supranacionales que son Naciones Unidas, en lo político; los acuerdos de Bretton Woods... Todo eso ha desaparecido y estamos en un mundo radicalmente diferente. ¿Qué razones esgrime Trump para reclamar Groenlandia? Pues que le conviene. ¿Qué razones esgrime Trump con Canadá? Resolver el problema del déficit comercial que tiene con ellos. ¿Qué razones esgrime con el Canal de Panamá? Pues que los chinos empiezan a controlar la entrada y la salida y los barcos americanos pagan demasiado. No parecen justificaciones éticas especialmente brillantes.

 

-¿Cree que en Groenlandia está aplicando la estrategia de negociación que explicaba antes, planteando condiciones de máximos para luego rebajar sus exigencias e intentar, por ejemplo, comprar el territorio?

 

 -Creo que en Groenlandia quiere dos cosas: poder controlar el acceso de los rusos y los chinos al Ártico y, en segundo lugar, explotar los recursos naturales y, muy especialmente, las tierras raras. Ahora se impone la tesis de que el pulso entre China y Estados Unidos se va a resolver con las nuevas tecnologías y las nuevas tecnologías necesitan unos materiales en los que parece que China tiene un enorme ventaja estratégica, por lo que Estados Unidos necesita compensar ese desfase.

-¿Cómo está viendo la posición de la Unión Europea en estos últimos acontecimientos, Venezuela y Groenlandia? ¿Cree que está transmitiendo una imagen de debilidad con sus posiciones públicas?

-La Unión Europea ha caído en una irrelevancia absoluta. Yo suelo utilizar como metáfora el decir que nos hemos despertado de un sueño, nos hemos despertado de la edad de la inocencia. Después de la guerra y hasta hace poco tiempo hemos prosperado y crecido en un estado de bienestar sobre la base de tres factores que ya no existen: una energía barata que venía de Rusia, que se ha terminado cuando se ha cortado la dependencia del gas ruso; un mercado incipiente que era el chino, que absorbía todo el exceso de producción de Europa;  y el tercer punto, la seguridad garantizada por los Estados Unidos. Y Estados Unidos ha dicho ahora que esto se ha terminado. Ellos van a intervenir solo, como he dicho antes, donde haya intereses americanos involucrados, pero no en el resto. Y si en esas zonas hay intereses europeos, que seamos nosotros los que lo resolvamos. Y si queremos que intervengan ellos, que pasemos por caja y paguemos.

 

  • García-Margallo. 

 

-¿Y cómo debe resituarse la Unión Europea ante esto?

 

-La Unión Europea solo tiene dos salidas. O vamos hacia los Estados Unidos de Europa o nos dirigimos a que no se cuente con nosotros. De hecho, hoy en día, de las ocho economías más grandes del mundo hay tres que son europeas, incluyendo el Reino Unido. Dentro de 20 años habrá dos, y dentro de 30 habrá una, que es Alemania. Entonces, ¿qué quiero decir con esto? Que en la Unión Europea hay dos clases de países, los que son pequeños y los que todavía no saben que son pequeños. Porque, ¿hacia dónde va el mundo? El mundo va a un modelo que hemos conocido, que es el reparto del mismo entre los grandes depredadores. Lo que Putin llama estados civilizacionales, es decir, estados cuya jurisdicción no se para en sus fronteras, sino que abarca lo que sean sus esferas de influencia. Yo estoy convencido que todas estas operaciones, Venezuela, Somalilandia, Ucrania, las construcciones en el mar del sur por parte de China… están habladas y negociadas entre ellos. Porque hay una norma muy básica, muy elemental si quieres, pero que se entiende muy bien: entre bomberos no se pisan la manguera. Y la Unión Europea no está ahí, ni es bombero ni tiene manguera.

-Entonces, si Trump decide avanzar en la anexión de Groenlandia, ¿cómo debe reaccionar o cómo puede reaccionar la Unión Europea?

 

-Pues realmente yo no veo a los belgas luchando en Groenlandia por defenderla. Pero es que lo de Groenlandia es un salto cualitativo más o dos: es que forma parte de la Unión Europea y también forma parte de la OTAN. Estaríamos en un ataque de un miembro a otro miembro. Sería algo nuevo en la historia.

 

-¿Cómo valora el papel del Gobierno de España en estos últimos asuntos y en general en el escenario internacional?
-Yo parto de la base de que la política exterior, que normalmente es una política de Estado, exige que esté concertada con todos los partidos que pueden gobernar, para que así nuestros socios sepan dónde vamos sin grandes vaivenes. Sin embargo, en este caso, la política exterior está exclusivamente al servicio de la permanencia en Moncloa de Pedro Sánchez. No hay más norma. Y a partir de ahí, todo lo que resulta es incoherente. Es decir, hablamos de Venezuela. El Partido Popular, con defectos y virtudes, siempre ha apostado por la democracia y la libertad. El  sanchismo, ha apostado siempre por apoyar y sostener a Maduro en todos los foros internacionales e internamente, eso no es ningún secreto. Cuando se produce el robo a mano armada de las elecciones por parte de Maduro y los suyos, el gobierno, y lo ha repetido Sánchez ahora, no reconoce al régimen, ¿de acuerdo? Pero ¿cuál era la consecuencia lógica? Si esas elecciones han dado un resultado fraudulento y ha habido un vencedor, la consecuencia lógica es reconocer al vencedor, cosa que Pedro Sánchez no hace, y es más, ostensiblemente, se distancia de Corina Machado: fue de los últimos en reconocer su premio Nobel. Creo que ahora, prudentemente, debían haber estado con la declaración de la Unión Europea y no entrar una declaración conjunta con los países iberoamericanos que están más alejados de la política occidental, incluyendo a un Chile en que firma el presidente Boric, que es presidente saliente, ya ha perdido las elecciones. Yo creo que Pedro Sánchez en lo interno y en lo externo está jugando a ser una especie de Juana de Arco de lo que él llama la democracia progresista y está dejando a España en un lugar, si hablamos de América Latina, espantoso. 

 

Por otro lado, estamos hablando de que esto es un mundo de depredadores que se entienden entre ellos. Si los europeos queremos estar en la mesa debemos tener músculo y ser lo suficientemente poderosos para que nos tengan en cuenta. Se dice entonces que hay que subir el porcentaje de la OTAN, que es del 2%, al 5%.  Él dice que sí, que no…si ha acabado la edad de la ilusión, ya no podemos confiar en el paraguas americano y, por tanto, si llueve tiene usted que hacer su paraguas propio y eso cuesta dinero. Nosotros no, los únicos. Si tenemos algún día, Dios nos lo quiera, un problema y tenemos que pedir ayuda a nuestros socios… En definitiva, si tú formas parte de un club y quieres utilizar el restaurante y la piscina, tienes que pagar la cuota. Yo quiero hacer todo eso, pero no pagar la cuota, que me la paguen el resto. Eso no te hace simpático.
 

-¿Cómo ha visto la posición de su partido, el PP, respecto a la operación en Venezuela?

 

-Al PP se le puede acusar de muchas cosas, pero no se le puede acusar de tibieza en lo que se refiere a la defensa de la libertad y la democracia en Venezuela y a la oposición frontal al régimen dictatorial de Maduro. Eso no quita que, con la misma claridad, se diga que eso de entrar en un país vecino a llevarse a un señor está muy feo. Eso es contrario al principio de integridad territorial y soberanía y rompe los esquemas sobre los que este derecho internacional se fundamenta.  Por otro lado, yo creo que el PP debería ofrecer un modelo, y en eso sí tenemos cierta credibilidad, de cómo debe ser la transición venezolana. Es decir, ir a la inmediata libertad de presos y exigir una inmediata repatriación, permiso de entrada de todos los venezolanos que están fuera por razones políticas, exigir la regeneración de las instituciones para crear un espacio neutral, que tú no puedes ir a elecciones con el Consejo Electoral, con el Tribunal Constitucional, etc., en manos ahora de Delcy Rodríguez y lograr unas elecciones como las que tuvimos nosotros.

 

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