Al poco de saber lo de la captura del dictador Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos escribí un post en una red social que sigue en parte vigente: No entiendo en absoluto el veto de Trump a Corina Machado. Y que vaya a tomar las riendas la corrupta Delcy Rodríguez, cuya actual pareja se lo está llevando en crudo, cientos de millones de dólares, a costa de contratos estatales. No entiendo nada, aun alegrándome mucho tirando a muchísimo, de la caída de Maduro. Trump prefiere un chavismo domesticado y humillado que le controle de momento el orden social. La democracia en Venezuela le importa un pimiento, Lo que quiere es el petróleo pasándose por el forro todo el derecho internacional. Y legitimando de facto la invasión de Ucrania y en un futuro, más pronto que tarde, la anexión china de Taiwán. Qué payaso [Trump].
Y así siguen las cosas más o menos: Delcy, y su hermano Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, entregada a Trump. Y Diosdado Cabello enrocado en su discurso ultrachavista y belicista, arengando a las masas. Ya veremos qué papel juega Nicolasito Maduro. Igual hay hasta una guerra civil en el propio chavismo.Nos pregunta Carlos Arcaya, estimado, en la tertulia política de la SER, sobre las manifestaciones que se produjeron casi al día siguiente de la captura, el mismo domingo día 5 con la euforia de todo el exilio y la participación de tres concejales del PP en Alicante. Euforia desmedida, puesto que la dictadura sigue en pie, aunque maniatada.
Isabel Díaz Ayuso entra en el lote de esta euforia, apoyando además a Trump. Núñez Feijóo titubea en los primeros momentos hasta admitir que la intervención norteamericana está fuera de la legalidad internacional, la misma opinión que mantuvo esta misma semana la mismísima Marine Le Pen. El PP es, por excelencia, el partido del titubeo... También nos pregunta Carlos sobre las manifestaciones en España a favor de Maduro. "¿Dónde?", le respondo con ironía.
El exministro García Margallo, en una entrevista en este mismo periódico, se pregunta hasta qué punto es legal o no la intervención de Trump, aun admitiendo claramente que se ha subvertido la soberanía de Venezuela. Matiza y recuerda al respecto que el regimen chavista lleva años pisoteando los derechos humanos (torturas, encarcelamiento de la oposición y de la disidencia en general, pucherazo en las elecciones de 2024 que ganó Edmundo González), restando de este modo importancia a la captura. Una captura que tendría medio pase -medio, insisto- si Trump fuera un demócrata en vez de un macarra populista, bravuco, con exóticas preferencias como las de cazar y matar a ciudadanos latinos (el asesinato de Minneapolis clama al cielo). La doctrina Monroe la suprimió Obama y todo se ha ido al traste para revivir una nueva versión de la misma, una “diplomacia carroñera”, en expresión de Ricardo Mir, periodista de El Periódico.
La izquierda norcoreana, la de Ione Belarra, las otras izquierdas a la izquierda del PSOE, están más que cabreadas por la operación Trump sin ocultar siquiera su admiración por el chavismo, el mismo que desde 1999, cuando accedió al poder Hugo Chávez, se cargó casi al completo la industria petrolera del cuarto país más rico en reservas: proceso que se intensificó en la etapa de Maduro, donde se situó a gentes inexpertas, cuando no a analfabetos funcionales, en los puestos claves de la empresa nacional que gestiona el petróleo, PDVSA, uno de los grandes focos de corrupción en el país caribeño. Venezuela es el tercer país más corrupto del mundo según Transparencia Internacional, con más de 7 millones de exiliados. Harían falta más de 100.000 millones de dólares, según algunas estimaciones, para reconstruir el entramado petrolífero saqueado por el chavismo. Se trata además de un crudo de opaca calidad que requiere de unos procesos complejos y caros para su refinamiento.
Aun ilegal, la invasión de Trump tendría algún sentido si fuera el paso previo para la reinstauración de la democracia y el retorno de parte de los millones de exiliados. Pero no; la operación de Trump va más lejos, con amenazas a la presienta de México, Claudia Sheinmaum, sometiendo a Petro en Colombia, Cuba, Groenlandia... El Nerón de Washinton no tiene límite, menos aún con una Unión Europea silenciada, neutra, incolora e insabora.
Me quedo en toda esta hisoria con las palabras de K, que es venezolana/portuguesa y pareja mi sobrino F. Ella, exiliada en Barcelona y el resto de la familia en Madrid: “Desde mi perspectiva civil, los ciudadanos no tenemos nada más que perder, lo hemos perdido todo, vidas, familia, amigos, un futuro para los jóvenes y una vejez digna para nuestros ancianos. A nosotros, los ciudadanos de a pie, no nos podría importar menos el petróleo; muchos países sin petróleo pueden lograr ser prósperos y tener derechos humanos básicos y una vida normal, esa pequeña oportunidad es la que celebramos”.
CODA: Habrá que canonizar a Rodríguez Zapatero, o darle el Premio Nobel de la Paz, como a Corina, por haber mediado para la liberación de ocho presos políticos, incluidos cuatro españoles. Aún quedan casi un millar. ¡Al toro, que es una mona!