Cinco coches y veinte pisos

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LA OPINIÓN PUBLICADA
Publicado: 25/07/2026 · 06:00
Actualizado: 25/07/2026 · 06:00
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A pesar del calor, de los incendios, y de esa desalentadora sensación de que cada vez las cosas van más y más a peor -climáticamente hablando-, esta ha sido una buena semana para la Comunitat Valenciana. Lo ha sido, fundamentalmente, por dos razones:

La primera: Ford ha anunciado un acuerdo con la compañía china Geely para conformar una empresa conjunta en España que fabricará cinco modelos en la factoría de Ford en Almussafes; tres de Ford y dos de Geely. El anuncio, que arrancó los aplausos de los trabajadores de Ford en Almussafes, supondrá incrementar el plantel de trabajadores, que se había reducido a la mitad en los últimos años, y además -aseguran- sin modificar las condiciones laborales.

Es una magnífica noticia, que no sólo asegura la supervivencia de Ford en Almussafes, sino que la convertirá, de cristalizar estos planes, en uno de los principales polos de fabricación de vehículos en Europa. Ford había reducido la actividad a la mínima expresión, a un solo modelo, y sus trabajadores veían cómo se cierran plantas en toda Europa. Ahora no sólo no peligra la factoría, sino que puede volver a sus mejores tiempos. Se trata de un acuerdo que asegura la supervivencia de la que sigue siendo la industria más importante radicada en la Comunitat Valenciana, que además ofrece empleos de calidad y con potencial para la innovación y desarrollos tecnológicos. Constituye, en fin, un hito muy importante en la tendencia china, que ya se adivinaba por similares anuncios en el pasado, de convertir España en su principal nodo de producción de vehículos en Europa.

Una tendencia en la que ignoro si tiene algo que ver el comportamiento de Pedro Sánchez con las instituciones chinas en los últimos años y la excelente relación que -por contraste con el choque con Estados Unidos- se ha tejido entre ambos países. Pero que, de ser así, demostraría que esta apuesta estratégica conlleva importantes ventajas, sobre todo si tenemos en cuenta que, visto lo visto, ser aliado fiel de Estados Unidos acaba implicando similares consecuencias que levantar la voz de vez en cuando y tener algún encontronazo: humillaciones y declaraciones desagradables que episódicamente llegan desde Estados Unidos, extorsión, nula fiabilidad. China, por el contrario, busca justamente mostrar previsibilidad a los demás países, certidumbre de que se cumplirán los acuerdos y se beneficiará -en este caso, con inversión y empleo- a los países que prefieran convertirse en colonias comerciales chinas a serlo de Estados Unidos.

Además, como todo el mundo sabe, este domingo España ganó el Mundial de fútbol, por segunda vez. Últimamente nos hemos acostumbrado a que un Mundial es algo que España gana cada 16 años (una Eurocopa, cada 4/8 años), y aunque la noticia se ha recibido por parte de todos los aficionados a la selección española de fútbol con alborozo, probablemente también se nota esa percepción de que ganamos casi siempre en la relativa tranquilidad con la que se ha celebrado el asunto. ¡Si hasta los argentinos nos reprochan que no sabemos ni celebrar la victoria, entre la miríada de cosas que nos están reprochando por, por lo visto, haberles robado el partido por anularnos solamente dos goles de tres, expulsarles el árbitro a un jugador en vez de a medio equipo y, en fin, tirar a puerta muchas veces, por cero de Argentina!

El autor del gol, Ferran Torres, se ha convertido en el héroe, el Iniesta del momento, con el añadido de la historia de redención (una parte de la afición se metía con él por sus fallos cara a puerta) que supone marcar el gol de la final (y un segundo gol que se anuló por uno de esos fueras de juego ridículos, en los que el jugador tiene el dedo meñique adelantado respecto del último defensa). A nadie le ha importado demasiado que luego el héroe saque un tarro de las esencias un poco gañán, como su gorra pseudo-MAGA con la que celebró la victoria en Madrid. Y bien está, porque obviamente los jugadores pueden pensar lo que quieran y es hasta normal que lo hagan en la misma línea en que suelen hacerlo los ciudadanos de su nivel económico (millonarios). Por desgracia, casos como el de Borja Iglesias son la excepción, no la regla.

Como cabría esperar, el entusiasmo por el héroe mundialista ha estallado con más fuerza en la Comunitat Valenciana, porque Ferran Torres es de Foios y de la cantera del Valencia, aunque ahora juegue en el Barcelona. Y ese, justamente ese momento, ha sido el escogido por el diputado de Compromís en el Congreso, Alberto Ibáñez, para atacar a Ferran Torres por “especulador inmobiliario” que cuenta con “veinte pisos”. El caso es que no son veinte pisos, sino veinte despachos de oficinas, que como materia de especulación no dan tanto de sí para hacer moralina barata. Efectivamente, es un gol en propia puerta de Ibáñez. Y no sólo porque no se trate de pisos, o por la evidente ineptitud política que demuestra alguien que piensa que es buena idea meterse demagógicamente con el héroe del momento, que además es valenciano.

Porque, incluso si fuera verdad la denuncia, si Ferran Torres tuviera veinte pisos (algo hasta cierto punto previsible, ya que se trata, en tanto futbolista de alto nivel, de una persona que ingresa cada año unos diez millones de euros), habría que ver en qué condiciones los alquila. Y, en todo caso, habría que ver qué ha hecho el actual Gobierno, al que Ibáñez apoya y al que está adscrito merced a su vinculación con Sumar, para parar la especulación inmobiliaria. Ya se lo digo yo: nada. O al menos, nada efectivo. Nada de nada en ocho años. Por la razón que sea, Alberto Ibáñez está mucho más preocupado por exhibir ridículas ínfulas moralistas a un jugador de fútbol que por exigir a su Gobierno, que para algo está, que tome medidas, comenzando por la ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez, también especuladora inmobiliaria.

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