Opinión

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Desde mi rincón

Ciudadanos libres e indignados

Publicado: 15/06/2026 · 12:29
Actualizado: 15/06/2026 · 12:29
  • Archivo - Varias personas hacen cola para conseguir documentación de la regularización en una Oficina de Asistencia en Materia de Registro, a 22 de abril de 2026, en Madrid (España).
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Uno de los problemas más graves, si no el que más, que padece España en esta época podría fijarse en ser una sociedad convulsa y desorientada. Y lamentablemente esta situación ha empeorado debido a los casos recientes de corrupción, como también los de gobiernos anteriores que ahora se están juzgando. La joven democracia española tiene mucho que mejorar. 

No somos lo suficientemente conscientes de la vulnerabilidad innata del ser humano. Toda persona nace con los instintos que le impulsan ciegamente a sobrevivir. La Historia nos muestra cómo en la Antigüedad era práctica común la corrupción, y era frecuente corromper a los jueces con prebendas. El código más antiguo escrito, el de Hammurabi, ya contenía castigos contra los corruptos. Filósofos o moralistas antiguos como Confucio, Platón, Aristóteles, Séneca… alertaban o pugnaban contra este mal. Jesús de Nazaret gritó a unos fanáticos: el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. 

Se podría afirmar que todos hemos cometido a lo largo de nuestra vida algún fallo, fraude, engaño, ocasionado un daño a otro a nivel individual. Pero cuando este fraude o engaño se ejercen desde el poder público por líderes elegidos o representantes de la sociedad, la situación es más grave.

Este lamentable talón de Aquiles de la sociedad hace que la joven democracia española esté obligada a crear mecanismos eficaces y preventivos que impidan o hagan más difícil los fraudes públicos de líderes que administran las diversas esferas económicas, sociales y políticas del país. A propuestas de Sumar, el ejecutivo ya presentó, para debatir y acordar, una Agenda Independiente de Prevención de la Corrupción, que fue rechazada por el Partido Popular.  

Los partidos políticos, institución reciente en la Historia, no nacieron para aniquilarse entre sí, como si fueran enemigos de guerra. Se crearon para aportar propuestas positivas, proyectos que generen progresos de bienestar social, solucionar situaciones conflictivas de forma pacífica, promover la convivencia, plantear novedosos debates públicos,  conseguir acuerdos aunque sean insuficientes que favorezcan un bien común, competir entre ellos para un mejor bienestar y servicio público…. 

No percibimos esta su razón de ser en dos grandes colectivos, lo que supone una lamentable degeneración o corrupción de sus principios políticos. Vox solo pretende destruir instituciones políticas conseguidas por partidos democráticos y alcanzar poder autoritario. El PP, desde que está dirigido por sus actuales líderes nacionales, ha renunciado a cumplir con su noble cometido: hacer política. Rechaza toda aprobación o acuerdo aunque generen beneficios para la mayoría. En cambio ha dedicado todo su saber y poder ("el que pueda hacer, que haga") en acosar y derribar al presidente Pedro Sánchez. Cabe preguntarse si los impulsos de bajas pasiones que  nacen con cada persona, como son el rencor, la envidia, la ambición desmedida… podrían estar motivando este enfermizo acoso y derribo? Han abrazado la rabia y la frustración, y rechazado la racionalidad y humanidad. Es una significativa ironía que la persona más descalificada e insultada en España sea quizás el líder político más valorado en el exterior.

El Partido Popular, de ser un partido democrático que ha gobernado de forma moderada, ha degenerado en políticas destructivas y cínicas, y hasta ha aceptado y copiado de la extrema derecha propuestas y estrategias que no son cívicas, éticas ni morales. Está intoxicando y enfrentando de forma muy negativa y dañina a todo el conjunto de la sociedad. Es una corrupción institucional mucho más grave y ocasiona un irreparable daño al país.

  • Personas caminando y intercambiando mensajes en un parque urbano soleado. -

Urge crear una amplia minoría de personas conscientes, críticas, responsables. Y esta conciencia colectiva no vendrá, ni se la espera, desde instituciones ya establecidas ni de partidos políticos. Ha de surgir de los individuos, de pequeños grupos. Ha de surgir de nuevo de ciudadanos indignados con dicha situación.

El militante, o simpatizante de un partido político, y todo el que le apoye, debe ser el primer interesado, el primero en criticar y corregir al partido de sus preferencias de voto cuando sus actuaciones no son honestas, y rechazar las justificaciones engañosas, o silenciarlas.

Podría parecer que este escrito tiene intención de criticar duramente a esta descarrilada  derecha, pero no es así. Solo pretende expresar el utópico anhelo de recuperar a un partido sensato, moderado, conservador como no hace tanto fue el PP para España. Pues el conservador también tiene legados dignos de conservar para el país, como igualmente el progresista cosas que innovar, mejorar para seguir avanzando.

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