El suelo común

Opinión

Opinión

EL JOVEN TURCO
Publicado: 13/07/2026 · 06:00
Actualizado: 13/07/2026 · 06:00
  • Alberto Núñez Feijóo.
Suscríbe al canal de whatsapp

Suscríbete al canal de Whatsapp

Siempre al día de las últimas noticias

Suscríbe nuestro newsletter

Suscríbete nuestro newsletter

Siempre al día de las últimas noticias

Arendt alertaba que, para la democracia, el fin del mundo común era una tragedia. Suponía el hundimiento, bajo nuestros pies, del suelo que nos permitía contemplar la realidad desde perspectivas distintas, pero nos evitaba negar la existencia de esas realidades que observábamos. El debate solo es posible sobre esa superficie.  No puede existir si se produce la sustitución de ese perspectivismo o esa posibilidad de mirar lo mismo desde varios puntos, por un dogmatismo que borra los objetos que observamos. Aunque no estamos de acuerdo sobre lo que pensamos respecto a ellos. 

De hecho, hay quien confunde la necesidad de llegar a acuerdos, con la ausencia de debates. Y los falsos consensos son tan peligrosos como los imposibles. Precisamente, la democracia es pluralidad. 

Recurro mucho a ella, pero casi todo estaba ya escrito en lo que contaba la filósofa a la que el nazismo convirtió en apátrida. Y no viene mal recordar a una apátrida para darnos cuenta de que negar la nacionalidad es una constante de la intolerancia. Una que ahora alcanza hasta los artículos del mundial de Mariano Rajoy, tratando de decidir quiénes son o no son franceses. Hay veces que esa negativa proviene del color de piel, otras de la religión y, en ocasiones, la razón fueron las ideas, pero todas están conectadas entre sí.

Con todo, le pese a quien le pese, los países y las naciones están hechos de diferentes. Incluso mostrar la diferencia es una obligación para quienes se proponen gobernar un pueblo, ciudad o, más aún, todo un país. 

Mostrar la diferencia ideológica es lo que hizo Feijóo el otro día cuando defendió recortar sueldo y prestaciones a los trabajadores de baja, con o sin acuerdo. Yo se lo agradezco, porque simplemente dijo lo que pensaba o lo que pensaba hacer. Y el problema no está en cuanto habla, sino en cuanto calla. Está en la sucesión de declaraciones tratando de tapar lo dicho de forma cristalina e incluso reprochándole al presidente del Partido Popular sus palabras, como una metedura de pata. 

Tribunas de medios y activistas –difíciles de diferenciar– que reman a favor de un gobierno de la derecha y la ultraderecha pidiendo que, por favor, no les arruine su trabajo. Goebbels se mira en el espejo. Y ve muchos chicos con su corte de pelo. Y un traje diseñado por él. Canta Alcalá Norte. Y algún juez Peinado pensará lo mismo.

La tesis parece ser que es mejor que se calle lo que piensa, porque la gente no está de acuerdo con ello. 

Pero ¿cómo puede estar toda una propuesta de país basada en que no se hable sobre lo que propones para ese país? ¿Cómo puede pretender elecciones sobre la base de borrar los objetos de debate? No se debe hablar sobre los derechos laborales, la educación pública o la sanidad. Nada sobre política exterior o gasto en defensa. Ni de cambio climático o economía. Todo tiene que ser un mal identitarismo, aún peor llamado futbolístico. Una especie de nosotros contra ellos, vacío de contenido. Donde ganar al de enfrente importa mucho más que para qué ganarle.

Yo le pido a Feijóo todo lo contrario que sus compañeros. Que proponga y podamos discrepar sobre suelos comunes. Sobre hechos. Hay preguntas que podemos hacernos, aunque suenen mal. 

¿Nos parece descabellado que una persona de baja tenga derecho a su sueldo? O ¿que una persona que afronta una enfermedad pueda conservar una parte importante de su sueldo (en el mejor de los casos, una minoría, su totalidad), mientras está de baja, algo que debemos cambiar? A mi juicio, no. 

A mí me pasa que este país me gusta la selección, pero también sus derechos laborales. Y cuantos más logremos, más orgulloso me siento de él. Pero oye, de eso van precisamente las elecciones. De elegir entre este tipo de alternativas. A Feijóo le gusta solo la selección. O eso tampoco, que cualquiera sabe si milita en la tesis de Rajoy.

Pero que se hable cuanto más mejor. Y a poder ser sobre algo. Porque no nos sobra la sinceridad sobre los grandes asuntos. Nos falta.  Y es triste que cuando aparezca, asomándose una verdad, sea por un desliz. Porque privarle a la gente de poder evaluar lo que cada cual haría es un rapto democrático. 

Al contrario que con la alineación de España donde todos opinan y solo el seleccionador decide, de las políticas que decidimos todos, parece que no debe opinarse. Los que dicen que ya no se puede hablar de nada, quieren literalmente que no hablemos de nada. Al menos de nada importante.

Recibe toda la actualidad
Valencia Plaza

Recibe toda la actualidad de Valencia Plaza en tu correo