Opinión

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El trabajo que no encuentra a las personas

Publicado: 18/05/2026 · 06:00
Actualizado: 18/05/2026 · 06:00
  • Imagen de archivo.
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CASTELLÓ. Castellón vive una de las grandes paradojas del mercado laboral español: alrededor de 32.000 personas inscritas como desempleadas y, al mismo tiempo, empresas de prácticamente todos los sectores incapaces de cubrir determinados puestos de trabajo.

No hablamos solo de ingenieros o perfiles altamente especializados. Faltan soldadores, electricistas, instaladores, conductores, mecánicos, albañiles, jefes de obra, revestidores, pladuristas, personal sociosanitario, técnicos industriales o profesionales vinculados a la hostelería y al turismo, entre otros muchos. Y esta realidad no es exclusiva de Castellón, pero sí especialmente visible en una provincia profundamente industrial, exportadora y empresarial como la nuestra.

El problema no es únicamente cuantitativo, sino también cualitativo. Y es, sobre todo, un problema de optimización de los recursos y de los sistemas para generar la mejor y más adaptada oferta, conectándola de la forma más quirúrgica posible con la demanda de capital humano actual, pero también con la planificada a medio y largo plazo.

Durante años hemos construido sistemas estadísticos que contabilizan personas, pero no siempre identifican correctamente su disponibilidad real, su cualificación efectiva, su capacidad de adaptación o incluso su voluntad de regresar a determinados sectores. Muchas personas figuran inscritas en ocupaciones vinculadas a su último empleo, aunque ya no quieran o no puedan volver a trabajar en ellas. Mientras tanto, las empresas siguen sin encontrar perfiles adecuados.

En la era del big data, España necesita una gestión mucho más inteligente de la información laboral y formativa. Necesitamos datos más completos, segmentados y permanentemente actualizados para casar perfiles cualificados —o potencialmente cualificables— con las necesidades reales de nuestras empresas, también teniendo en cuenta el relevo generacional y la evolución demográfica de la sociedad y de la mano de obra de cada sector.

Y aquí debemos hacer autocrítica desde todos los ámbitos. Las organizaciones empresariales necesitamos que las empresas y asociaciones sectoriales trasladen información mucho más precisa, actualizada y recurrente sobre las ocupaciones que necesitan cubrir, cuantificando perfiles y anticipando necesidades futuras. Pero las administraciones también deben ser más ágiles adaptando la normativa vigente y la oferta formativa a la realidad productiva y optimizando mejor los recursos públicos disponibles.

Resulta difícil entender que, mientras las empresas reclaman perfiles técnicos, sigan quedando decenas de miles de plazas de Formación Profesional sin cubrir en la Comunitat Valenciana. La Formación Profesional debe ocupar un papel central en la competitividad futura de nuestro país.

España sigue arrastrando, además, una anomalía histórica: una estructura formativa en “V”, con exceso de población poco cualificada y también universitaria, pero insuficientes perfiles técnicos intermedios, precisamente los más demandados por las economías europeas más productivas.

La nueva Formación Profesional Dual avanza en la buena dirección, acercando empresa y formación desde el primer curso. Pero todavía existe un gran desconocimiento sobre sus modalidades y persisten obstáculos normativos importantes: numerosos estudiantes menores de edad no pueden acceder a determinadas obras, instalaciones o maquinaria, dificultando precisamente la formación práctica que el sistema pretende fomentar y exige para que puedan titular.

Necesitamos más flexibilidad, más conexión entre centros educativos y empresas y también soluciones innovadoras compartidas entre sectores para formar talento específico en el momento y en el lugar en que realmente se necesita. Y cuando, aun así, determinados puestos sigan sin cubrirse, debemos facilitar una inmigración legal, ordenada y vinculada al empleo, reforzando la contratación en origen de perfiles con formación previa en los países de procedencia.

Castellón tiene una enorme oportunidad en este escenario. Calidad de vida mediterránea, clima templado, con centros urbanos de tamaño humano, capacidad industrial y proximidad a grandes áreas metropolitanas. Un territorio atractivo para trabajar, emprender y formar una familia.

Pero el futuro no dependerá solo de tener empresas. Dependerá, sobre todo, de ser capaces de conectar personas, formación, conocimiento y oportunidades.

Luis M. Martí Bordera es presidente de CEV Castellón.

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