Opinión

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EL BILLETE

El vaso medio lleno

Publicado: 14/06/2026 · 06:00
Actualizado: 14/06/2026 · 06:00
  • Mesa de negociación de Educación..
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La huelga de cuatro semanas del profesorado valenciano ha sido un éxito. 

Es cierto que se prolongó innecesariamente por la torpeza de los negociadores de la Generalitat, que pensaron que les iba a funcionar la estrategia thatcheriana de dejar pasar el tiempo esperando derrotar a los huelguistas por agotamiento. La demostración de fuerza de los docentes y su resistencia demostró que tenían sobrados motivos para protestar. La batalla de la opinión pública la ganaron desde el primer minuto.

La movilización ha logrado dar a conocer al conjunto de la sociedad el estado lamentable de la enseñanza pública valenciana y, lo más importante, ha conseguido que la Generalitat acepte poner en marcha medidas que van a mejorar notablemente este servicio esencial. Medidas que, conviene recordarlo, van a costar miles de millones de euros a una administración infrafinanciada.

Medir el resultado de una negociación por aquello que queda pendiente en lugar de por lo logrado es la diferencia entre ver el vaso medio lleno o medio vacío. Y quedarse con la sensación de que se podía haber logrado más en lugar de ver el conjunto de los logros puede llevar a una frustración sin sentido y a que el profesorado acabe pensando que sus representantes han fracasado.

La lista de reivindicaciones era tan exigente, que los docentes tenían que saber —los representantes sindicales seguro que lo sabían— que no iban a lograr el 100% porque así ocurre en la mayoría de conflictos laborales. Quedan flecos y todavía habrá mejoras, pero no parece que los futuros avances hasta cerrar el acuerdo vayan a ser sustanciales. 

Las cesiones de la Conselleria de Educación incluyen la incorporación de 5.000 nuevos docentes durante los próximos años, junto con medidas para reforzar las plantillas de los centros y reducir la burocracia. También contempla la reducción de las ratios de alumnado por aula, gradual a partir del próximo curso y más ambiciosa que la propuesta por el Gobierno central, que ya veremos si se aprueba en el Congreso. 

Además, un refuerzo del personal de inclusión educativa, la ampliación de apoyos especializados y actuaciones vinculadas a la Formación Profesional. Asimismo, se incluye el Plan EduClima, destinado a la climatización de aulas, y medidas para mejorar los equipamientos, junto a promesas de más inversión en nuevos colegios y eliminación de barracones a través del programa Edificant, a los que habrá que hacer seguimiento porque la historia nos enseña que no siempre avanzan a la velocidad anunciada.

Y en el plano salarial, una subida de retribuciones de 200 euros brutos al mes, que no llega a lo que pedían los sindicatos pero que es importante teniendo en cuenta que se suma al 11% de aumento en tres años que firmó el Gobierno con los sindicatos para todos los empleados públicos hace seis meses.

Inciso: cuando se habla de subida salarial, deberían valorarse, junto a los 200 euros al mes, los seis días moscosos al año que forman parte del acuerdo, porque trabajar menos horas sin perder ingresos es una mejora retributiva. De hecho, los días moscosos se crearon en 1983 porque un ministro llamado Javier Mocoso pactó con los sindicatos dar días libres a los funcionarios en lugar de subirles el sueldo porque el Gobierno no tenía dinero. Si cada día de huelga cuesta a los docentes 160 euros brutos de ingresos, seis días de libre disposición equivalen a 960 euros anuales, 80 euros brutos al mes. 

El gran escollo para algunos sindicatos es el asunto del valenciano, pero ahí el Consell de Pérez Llorca no va a ceder porque, aunque los docentes están en su derecho de hacer huelga por eso, no es una reivindicación laboral sino un debate de política educativa sobre el que los padres tienen el mismo o más derecho a ser escuchados que los profesores.

El éxito de la huelga es indudable y el profesorado debería felicitarse. El hecho de que haya reivindicaciones pendientes no resta valor a lo conseguido. Quedan ajustes que, con un poco de voluntad por ambas partes, se pueden cerrar en las próximas semanas sin necesidad de llegar embroncados al inicio de curso, donde sospecho que otra huelga no tendría la misma acogida por parte de los padres ni de los profesores.

A lo que habrá que estar atentos es a que se cumplan las promesas y los calendarios.

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Pérez Llorca y la escuela pública