VALENCIA. Las deplorables declaraciones del gobernador del Banco de España sobre la reestructuración de las cajas de ahorro, y muy especialmente sobre la CAM, han provocado un torrente de respuestas a cual más airada hasta insinuar algunas de ellas que es él el responsable de la situación en la que se encuentra la caja alicantina. Nada más incierto por cuanto los responsables del desastre, porque no de otra manera cabe calificar lo sucedido, son sus directivos y administradores que la han gobernado como si de la sala de estar de sus casas se tratara. Con el agravante de que ninguno de ellos arriesgaba su dinero ya que se guardaron de invertir sumas relevantes en las cuotas participativas que, por el contrario, sí colocaron entre los clientes.
Las declaraciones de Miguel Fernández Ordoñez son difíciles de justificar y absolutamente impropias de un encargado de la supervisión del sistema financiero español como es el gobernador del Banco de España. Un cargo al que accedió en julio de 2006, con plazo suficiente hasta hoy por tanto para que pudiera haber hecho mucho por acotar los problemas de mala gestión de las entidades de ahorro. Sorprende en cambio su preocupación pública por la reforma del mercado laboral desde que accedió al cargo, muy superior a la que ha mostrado para frenar los excesos en las cajas. Debiera por tanto ser más prudente a la hora de opinar sobre una reestructuración del sistema realizada tarde y no es seguro que bien.
Pero esta imprudencia manifiesta de Fernández Ordoñez no altera un ápice las claras responsabilidades que ahora algunos insensatos quieren ocultar. La CAM ha sido objeto de una gestión nefasta y sus causantes tienen nombres y apellidos. Incluido el de quien nombró a su presidente, que se ha demostrado indigno del cargo y que ha contribuido decisivamente a hundirla. Cada día que pasa se conoce un nuevo estropicio de directivos y consejeros. Ninguno de ellos es responsabilidad del gobernador del Banco de España.
Como señalaba un comentario anónimo, la argumentación que se viene utilizando contra el gobernador es comparable a la de considerar a la policía responsable de atracos y robos en lugar de a atracadores y ladrones. Una balandronada más de quienes ni se dan cuenta del ridículo que hacen ni menos todavía son conscientes de la imagen de falta de seriedad y rigor de los valencianos que transmiten. Si fuera cierto que ha empezado una etapa de cordura en la Administración valenciana, alguno de sus dirientes debiera exigirles silencio a estos irresponsables que hasta ahora han vivido generosamente subvencionados.