Opinión

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AL OTRO LADO DE LA COLINA

¿Enfriamiento global?

Publicado: 21/03/2026 ·06:00
Actualizado: 21/03/2026 · 06:00
  • Foto de archivo de la borrasca 'Gloria'.
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En las típicas conversaciones superficiales y banales de ascensor, hay unas que este invierno se han repetido y mucho, algo así como… parece que hace peor tiempo que otros años, pues llega otra borrasca, vaya un nuevo temporal nos azota… Y es un hecho que el agua embalsada se ha incrementado respecto a años anteriores en prácticamente un 60%, hemos pasado de una media histórica del último decenio de un 52,1% a un nivel del 83,2%, en este fin de invierno de 2026. Porque esta temporada invernal 2025-2026 se han producido un "tren de borrascas", que ha ocasionado, como dato anecdótico, que estemos llegando al final del abecedario, para los nombres de las borrascas, por ejemplo, la última, la de este finde semana se llama Borrasca Therese.

 

Esto nos podría llevar a pensar, ¿y si durante años se ha producido un discurso inexacto en cuanto a la apreciación del tipo de cambio climático? Me refiero al calentamiento global causado por el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero por culpa del ser humano, como lo describen el IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático) y las Naciones Unidas. Porque ya existe algún documento científico alternativo que lo rebate, lógico en todo proceso científico, ya saben tesis, antítesis y síntesis, un clásico de la dialéctica de Georg Wilhelm Friedrich Hegel, o el más sencillo, prueba, error y acierto de todo laboratorio. Es así como los premios Nobel Ivar Giaever (Nobel de Física 1973) y John F. Clauser (Nobel de Física 2022) han apoyado la Declaración Mundial sobre el Clima de la organización CLINTEL, que afirma que aunque existe cambio climático no existe una emergencia al respecto porque el cambio no es tan rápido como afirma el IPCC; por lo que nadie debería volverse loco llamando a la otra parte negacionista o alarmista, sólo hay que contraponer datos, entre otras cuestiones.

 

Porque cambio, variación del clima, recordemos, ha existido siempre, y durante el tiempo geológico actual, el cuaternario, se han alternado las glaciaciones con períodos interglaciares. Hasta en el actual momento interglaciar, el Holoceno, se han experimentado fluctuaciones de temperatura, con períodos de calentamiento y enfriamiento.

 

Algunos movimientos progresistas, al igual que la derecha acomodaticia con el globalismo, han proyectado el supremacismo del ser humano postmoderno sobre el clima, de manera similar a como Francis Fukuyama lo proyectaba sobre la Historia en su exitoso libro “El fin de la historia y el último hombre”.  Cuando creen que el hombre está por encima del bien y del mal, e incluso de la naturaleza, la cual utilizan como herramienta, instrumentalizada por la Ciencia (considerada la nueva religión en términos marxistas de Karl Marx, no de Groucho Marx, aunque cada vez más lo parece por la constante evolución de sus principios y opiniones), como un Mesías al que la humanidad resucitará, dando un vuelco a  toda la cultura occidental, Grecia, Roma y Cristianismo que nos ha traído hasta aquí, se alinean estrechamente con el nihilismo de Friedrich Nietzsche, quien proclamó: “Dios ha muerto”. 

 

La naturaleza, el clima, tiene tantos elementos y factores en juego, véase la teoría del Caos, que la influencia de la especie humana sobre ella es bastante relativa, a no ser que elijamos extinguirnos con un holocausto de bombas atómicas, porque si es de centrales nucleares, como por ejemplo evidencian Chernobyl o Fukushima, la naturaleza se recupera relativamente rápido en términos geológicos.

 

Volviendo al principio, también durante el Holoceno se alterna el frío y el calor, y lo que parecía, o muchos alertaban o más bien alarmaban, iba a ser un cambio climático a calor, pudiera ser a frío, y es sobre lo que trata en parte este artículo. En el actual periodo del Cuaternario en el que vivimos, han existido periodos muy cálidos en su conjunto, más que el actual, que permitió que el Sahara fuera una selva, que se produjera el llamado óptimo medieval, o etapas muy frías como el Dryas Reciente, o el enfriamiento del Holoceno Medio, o la Pequeña Edad de Hielo con el pico del siglo XVII.

 

Para empezar, cada región del mundo tiene unas condiciones climatológicas muy diferentes, influenciadas por múltiples factores geográficos, latitud, longitud, altitud, mares, montañas, etcétera. Para acotar estas líneas vamos a hablar de nuestras circunstancias, de Europa, algunos dirán que peco de eurocentrismo, que puede, pero ya saben lo que dijo José Ortega y Gasset “yo soy yo y mis circunstancias”. En el viejo continente, sobre todo los que estamos situados más al oeste, lindando con el océano Atlántico, nuestro clima (y perdonen el reduccionismo, obligado por el formato) se ve influido sobre todo por las bondades que produce la corriente de agua caliente del golfo que sube por la costa Este de los USA, llamada corriente del chorro del Atlantico,  que evita que el clima severo (sobre todo en invierno) que tiene New York, no lo suframos en la península ibérica que tiene la misma latitud norte en torno los 40º, por ejemplo en Madrid o Castellon, pues esta corriente suaviza nuestro clima al evitar que todo el frio del Ártico, nos alcance.

 

Bien pues ese motor climatológico que empieza calentando las aguas del Atlántico medio en torno al Ecuador que sube hacia el Caribe cargándose con las aguas del Golfo y sigue dirigiéndose hacia el Norte por la costa Este USA hasta Groenlandia, y vuelta a bajar (insisto con la disculpa por el reduccionismo), parece que se esta calando, se ha debilitado, y no estoy hablando del argumento (aunque sea parecido) de una película distópica de Hollywood, “el Día de Mañana”, sino al informe de uno de los referentes mundiales del clima, el NOAA (la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica, una especie de agencia meteorológica USA), que en un informe de abril de 2024 de su AOML (Laboratorio Oceanográfico y Meteorológico del Atlantico), ya advirtió que esta corriente, que como hemos dicho suaviza nuestro clima, ha disminuido en un 12% en el periodo 2000-2020, y desde 1950 un 15%. Incluso en estudios más recientes, de los últimos meses, casi casi alarmistas, podemos estar llegando a un punto de no retorno (en cuanto su debilitamiento) en esa corriente del golfo, y se pueda alterar drásticamente el clima en Europa.

 

Si a los anteriores análisis del clima actual, se le comparan los estudios paleoclimáticos existentes que hablan de los eventos de Bond, podemos tener un problema. Estos eventos climáticos hacen referencia a que durante los últimos 10.000 años existen unos ciclos, cada 1.500 años (+/- 500 años), de enfriamiento climático (de diferentes intensidades) de origen natural y asociados a la circulación oceánica en el Atlántico Norte, descritos por Gerard Bond (universidad de Columbia, USA), con repercusiones en todo el mundo, y que parecen coincidir con algunas crisis de la humanidad. Es así que podríamos estar cerca de uno de esos eventos, con los problemas medio ambientales que se generarían, y de los que deberíamos estar preparándonos, ya saben las crisis se salvan antes de que se produzcan, con mucha prevención.

 

Pues parece que andamos distraídos con urgencias de todo tipo, económicas, bélicas, sociales, etcétera, sin embargo existen cuestiones fundamentales, de gran importancia, que requieren la elaboración de todo tipo de planes de contingencia, porque en estas lides se habla mucho, pero se elucubra aún más. Porque tratar de asegurar, día a día, nuestra seguridad, frente a eventos severos climáticos o no, en emergencias, parece que no se hace mucho, según algún ex-político y Vicepresident del Consell en la actual legislatura, que habló de la autoprotección en el caso de la DANA y de que estábamos en peor situación si ocurría de nuevo. 

 

Esta cuestión de la autoprotección, que si es necesaria (yo creo que sí), requiere mucho adiestramiento e instrucción pública (cosa de la que estamos necesitados) por parte de la ciudadanía y los responsables públicos, pues sobre la seguridad climática o mejor aún de la seguridad integral, existe un largo camino de mejora, porque si no, después nos quejamos cuando Santa Bárbara truena.

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