Es-Alert, otra vez tarde

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LA OPINIÓN PUBLICADA
Publicado: 19/09/2026 · 06:00
Actualizado: 19/09/2026 · 06:00
  • El túnel de Aldaia inundado debido a las fuertes lluvias.
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Afortunadamente la tormenta del miércoles no fue un diluvio comparable al del 29-O y no hubo víctimas (sí daños materiales), pero desde luego fue una tromba de agua considerable y que justificaba adoptar medidas. El Consell, esencialmente el mismo que gestionó con singular desidia y muy poca pericia la situación hace dos años, mostró más respeto por el riesgo de la situación. Se adoptaron algunas medidas preventivas, como el cierre de parques. El president Juanfran Pérez Llorca no desapareció del mapa como hiciera Carlos Mazón, sino que se molestó en prodigarse por las redes sociales informando de la situación y aconsejando prudencia. En fin, la situación no se le fue de las manos a la Generalitat, como sí lo hiciera en la catástrofe de la Dana (¡menos mal que esta semana no había ningún puente en lontananza para acoger a nuestros amados turistas!).

Eso sí: una vez más, el sistema es-Alert llegó a nuestras vidas no como un aviso para tomar medidas de precaución, sino como una especie de confirmación de que la cosa -la tormenta- había sido seria. Teniendo en cuenta que el aviso naranja de AEMET llevaba días anunciado, y que la tromba de agua comenzó más o menos a las ocho de la tarde, no se entiende cómo es posible que esta alarma tardase tanto en enviarse, salvo si combinamos, intuitivamente, dos factores que seguramente pesaron en el envío: el primero, que las predicciones atmosféricas siempre implican incertidumbre respecto de si se cumplirán y en qué condiciones (si lloverá cuando se ha pronosticado, con la intensidad y duración previstas y en los lugares previstos, o alguno de estos factores, o varios, cambiarán en el último momento), así que los poderes públicos tienden a esperar a confirmar que lo que AEMET pronostica que podría suceder efectivamente está sucediendo. El segundo factor tiene que ver con el proceso de toma de decisiones, que es manifiestamente mejorable, porque a la vista de la tardanza probablemente conlleva debates, dudas, y consultas a distintas personas, aunque no necesariamente para ver cómo se escribe el mensaje en valenciano (esta vez seguro que no fue por eso, porque para evitar complicaciones el Consell del PP ha decidido enviarlo en castellano e inglés y pasar del valenciano, que puede que emplee la mitad de la población, pero no atrae al turismo).

  • Un árbol caído en la calle de València debido a las lluvias. 

En fin, uno puede ser más comprensivo con la lentitud de la GVA en esta ocasión, por mucho que -por desgracia- llueva sobre mojado. Es cierto que muchas veces los avisos meteorológicos no se consuman con toda la gravedad que potencialmente tienen, lo cual es motivo de alivio. Pero esto también obliga a las autoridades a gestionar riesgos e incertidumbre cada vez que se produce un aviso de estas características; algo que, por desgracia, posiblemente sea habitual en los próximos años. Hay que conjugar muchas variables y no es fácil hacerlo. Sea como fuere, esta vez no acertó la GVA, que tardó más de la cuenta en lanzar el aviso. Porque, se pongan como se pongan en cuanto a la naturaleza de un es-Alert, lo que todo el mundo entiende es que un sistema de alerta que lanza la alerta cuando el motivo de alerta ya ha sucedido es un sistema de alerta que funciona mal.

Por esa razón, no acabo de entender la estrategia del Consell de tratar de culpabilizar a AEMET -aunque sea con la boca pequeña- porque el aviso no fuera rojo, cuando, de hecho, el aviso se ajustó exactamente a lo que después sucedió. En intensidad e incluso en temporalidad. AEMET avisó de que las lluvias comenzarían a las nueve de la noche en Valencia ciudad y así fue, con puntualidad casi bíblica. Y aunque no hubiera sido así, se trata de un instituto meteorológico que evalúa variables y a partir de las probabilidades emite una predicción, que puede matizarse y que puede fallar, sin que fallar deba conducir a exigir responsabilidades por sistema. Pero el caso es que no falló, sino que esta vez acertó de pleno.

  • Imagen del estadio del Levante UD tras la lluvia. 

La verdad es que yo, si tuviera que buscar alguien a quien criticar por lo sucedido el miércoles, no me centraría en AEMET (que acertó), ni siquiera en el Consell (que llegó tarde), sino en quien parece ser una especie de Estado dentro del Estado, para estupor general: la Liga española de fútbol. Por algún motivo, el partido Levante – Athletic de Bilbao se mantuvo, contra viento y marea, hasta que dicho viento y las lluvias torrenciales obligaron a anularlo pocos minutos antes del comienzo. El empecinamiento en mantener el partido fue cosa de la Liga de Javier Tebas, que por lo visto puede hacer lo que considere sin que los poderes públicos tengan derecho a interferir en su derecho constitucional a congregar a miles de personas bajo una lluvia torrencial (que luego tuvieron que salir corriendo hacia sus casas en pleno aguacero). Es la misma lógica que justifica que Tebas pueda cortar servicios de Internet a media España o a quien le plazca para impedir que alguien pueda piratear uno de los magníficos partidos de la Liga española que siempre ganan Barcelona y Real Madrid con decenas de puntos de ventaja sobre los siguientes equipos.

A mí no es que me importe, porque tengo el privilegio de disfrutar cada semana de una Liga auténticamente abierta y competitiva en la que mi equipo, el Real Zaragoza, es uno de los gallitos (Primera RFEF, Grupo 2), pero la verdad es que no acabo de entender por qué esa porquería de Liga española tiene tantas prerrogativas.

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