Este 8 de marzo me ha sorprendido en un lugar difícil de imaginar cuando hablamos de liderazgo femenino: el Valle de los Reyes, en Luxor. Un paisaje de roca, silencio y eternidad donde descansan algunos de los gobernantes más poderosos del Antiguo Egipto.
Mientras avanzo por las tumbas excavadas en la montaña, los nombres que aparecen en los relieves se repiten: faraones, hombres, conquistadores, guerreros. Durante siglos, el poder se representó aquí de una forma muy concreta: dominación, victoria, enemigos sometidos.
Y entonces ocurre algo casi mágico. Entre todos esos nombres masculinos aparece el de una mujer. No una reina consorte. No la esposa de un faraón. Una faraona gobernante.
Hatshepsut.
Su historia sorprende incluso hoy. Gobernó Egipto hace más de tres mil quinientos años, en el siglo XV antes de Cristo, y su reinado fue uno de los más estables y prósperos del Imperio Nuevo. Pero lo que más llama la atención no es solo que gobernara, sino cómo lo hizo.

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- Foto: I. M. C.
Cuando uno observa los templos de otros faraones, las paredes están llenas de escenas de guerra: el rey aplastando enemigos, ciudades conquistadas, prisioneros encadenados. Es la representación clásica del poder masculino en la Antigüedad: fuerza, dominio, victoria.
Con Hatshepsut no se narran conquistas, sino contactos; no se glorifica la guerra, sino la prosperidad"
Sin embargo, cuando los egiptólogos explican el legado de Hatshepsut, el relato cambia.
En sus relieves aparecen barcos comerciales. Expediciones diplomáticas. Intercambios con otros pueblos. Árboles traídos desde tierras lejanas para plantarlos en Egipto. Animales exóticos, productos nuevos, rutas abiertas. No se narran conquistas, sino contactos. No se glorifica la guerra, sino la prosperidad.
Egipto, bajo su reinado, se abrió al exterior a través del comercio y la cooperación. Se fortalecieron las rutas comerciales, se impulsaron grandes proyectos arquitectónicos y se consolidó un periodo de estabilidad que permitió al país crecer.
Cooperación. Apertura. Prosperidad. Hoy lo llamaríamos, sin duda, liderazgo estratégico.
Y aquí es donde la historia conecta con algo que la neurociencia lleva años observando. Sin caer en simplificaciones, muchos estudios muestran que el liderazgo femenino tiende a orientarse con mayor frecuencia hacia modelos relacionales: cooperación, gestión del bienestar colectivo, visión a largo plazo.
Frente al paradigma clásico del poder como conquista, aparece otra forma de ejercer la autoridad: crear condiciones para que la sociedad prospere. Eso es exactamente lo que hizo esta faraona.
Mientras otros faraones llenaban los templos de enemigos derrotados, ella llenó los suyos de árboles traídos de tierras lejanas. Una metáfora extraordinaria del poder entendido como generación de riqueza y futuro.
Su nombre fue eliminado de monumentos, muchas de sus estatuas destruidas y algunas inscripciones martilleadas"
Pero la historia también tiene una segunda parte.
Tras su muerte, el sistema intentó borrarla.
Su nombre fue eliminado de monumentos, muchas de sus estatuas destruidas y algunas inscripciones martilleadas. Durante siglos, la memoria de su reinado quedó difuminada, como si la historia hubiera querido restaurar la continuidad de una línea de faraones hombres.

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- Foto: I. M. C.
Y, sin embargo, aquí estamos. Miles de años después, en el Valle de los Reyes, su nombre vuelve a aparecer entre las montañas de Luxor.
Tal vez esa sea la mejor forma de celebrar el 8 de marzo: recordar que las mujeres han gobernado, liderado y transformado sociedades mucho antes de que el liderazgo femenino fuera siquiera un concepto.
A veces, incluso en los lugares donde la historia parecía reservada solo para los hombres.
Isabel Martínez Conesa
Directora de la Cátedra de Mujer Empresaria y Directiva