Opinión

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POLÍTICOS AL HABLA

Jugando con fuego

Publicado: 04/03/2026 ·09:18
Actualizado: 04/03/2026 · 09:18
  • El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo (i) conversa con el presidente de VOX, Santiago Abascal.
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Como demócratas es normal que entendamos la alternancia de gobiernos en este sistema político: a veces ganan unos las elecciones, a veces otros. Todo dentro de la democracia parlamentaria y el respeto a los resultados electorales.

Pero algo está pasando que supone una ruptura de ese consenso. Se trata de la irrupción de los más poderosos a en el ámbito mundial para controlar  directamente  el tablero político, sin intermediarios. Y para ello necesitan vestirse de partidos políticos, como es el caso de Vox engañando a gente haciéndoles creer que salvan España, cuando la finalidad de la formación política es otra bien distinta y poco confesable. De ahí la lluvia de financiación extranjera con turbios intereses que reciben sea de Irán o de Orbán; de ahí la opaca gestión interna de Abascal y de ahí la permanente expulsión de cargos que incomodan solo por preguntar.

Porque Vox no es más que un instrumento al servicio de esos poderosos, a los que la democracia solo interesa como el instrumento mediante el cual llegar al poder para proteger sus propios intereses y seguir aumentando ese poder.

Las vías para llegar las conocemos: revisando la dictadura franquista, esa época de terror, pobreza y desigualdad, como una época de paz y prosperidad; negando y rechazando la necesidad de contribuir con impuestos al Estado de Bienestar a base de cuestionar el funcionamiento de los servicios públicos, a pesar de ser los impuestos el elemento clave en esa igualdad y seguridad que disfrutamos en este país. Y, para acabar, inventarse una inseguridad ciudadana en uno de los países más seguros del planeta, a costa de culpar de esa supuesta inseguridad a la inmigración que saben que aporta riqueza, pero les sirve para su discurso de odio.

Por ello no es de extrañar que en las negociaciones para alcanzar acuerdos de investidura Vox no pida gestión, solo reclama discurso. Es más, ponen de ejemplo esta Comunidad en la que tanto Mazón como Pérez Llorca asumen sin problema su discurso, ofreciéndoles el altavoz deseado para ir rompiendo España desde las emociones. Y ello especialmente influenciando a los jóvenes que por lógica son más desconocedores tanto de la historia de España como de las virtudes de un Estado con políticas de bienestar, aunque las disfruten.

Pero sabedores de que todo ello forma parte de una estrategia global, con el fin de poner al frente de las más altas responsabilidades a personas peligrosas para todos nosotros como Trump o Netanyahu ¿no sería mucho más sensato dejar de ofrecer ese altavoz a los discursos negacionistas y de odio de Vox y explorar otras vías de negociación?

A Mazón no le costó ni 24 horas entregar toda  su plataforma a los delirios negacionistas de Vox, posición de la que Pérez Llorca no se ha movido ni un ápice. A cambio, un Vox agradecido le da al Consell toda la cobertura necesaria para tapar las miserias de gestión de la peor catástrofe vivida sin nadie al frente, porque ni los 230 muertos se anteponen al objetivo final. También protegen al alcalde de Alicante (PP), a pesar del tenebroso escándalo del reparto a familiares, miembros y amigos del PP de las viviendas de protección pública del ayuntamiento.

Pero pensemos el precio de todo esto a largo plazo: alimentando a Vox alimentan a los aliados de quien dirige una fuerza policial como el ICE que en los EEUU asesina por gusto a quienes protestan, que encarcela a niños, deja morir a un refugiado ciego porque su piel es oscura. Esa es la gestión de un Presidente que invade países sin pasar ni por el Congreso de su país ni por la ONU, asesina a pescadores para justificar el ataque a Venezuela, ataque que como el de Irán solo tiene una motivación, el control del petróleo. Todo vale para que los ricos sean más ricos y garantizar el poder de “los suyos”. Tanto es así que la moral desaparece hasta el punto de traficar y prostituir a niñas, llegando hasta el canibalismo, como hemos visto en la isla de los horrores del multimillonario Epstein.

Prueba de ello es el hecho de que PP y Vox den apoyo a arrasar un territorio como Gaza, practicar un genocidio televisado de sus habitantes y bombardear una escuela en Irán sin pestañear. Para algunos la vida de la mayoría de la gente no valemos absolutamente nada, pues solo somos peones de su juego de poder sin límite.

Con ellos la democracia deja de ser un instrumento al servicio de la sociedad para convertirse en el instrumento de asalto al poder para después sacrificarla. Y nosotros vamos detrás.

Y yo me pregunto, ¿no podría el PP y los medios afines dejar de jugar con fuego?

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