Cuando llegan estas fechas, inicio de septiembre, la mayoría de los parroquianos reajustan sus hábitos y otros biorritmos veraniegos, para la vuelta al cole, como dirían los más jóvenes, así como sus sufridos padres. Entre estas costumbres, de la vuelta a la normalidad otoñal, está la ocupación o preocupación por asuntos noticiosos, tanto nacionales como internacionales.
Desde la penúltima pandemia, la del COVID-19, se habla de la nueva normalidad, concepto proveniente de la obra de George Orwell, 1984, y que es en sí un contrasentido, si es nuevo no puede ser normal…., pero que sirve para usar cómodamente el capote con la opinión pública, frente a cualquier crisis, y para el caso de las epidemias, algo repetitivo e inevitable a lo largo de la historia, es muy cómodo para los responsables públicos.
Porque en septiembre, además de la vuelta al cole o al trabajo, termina ese paréntesis vacacional donde nos intentamos oxigenar y desintoxicar de las noticias, ya sean cercanas o lejanas. Los acontecimientos domésticos y locales, los percibimos casi sin darnos cuenta, por el simple hecho de salir a la calle y toparnos con la realidad del día a día, es algo inevitable.
Pero las noticias internacionales se perciben más como esos acontecimientos que nos esperan a la vuelta de la esquina, tras el fin de una tregua, en el que nos enfrentamos a ese síndrome post-vacacional, en el que volvemos a la cruda realidad y volvemos a percibir los conflictos y las guerras, por todo el mundo, los problemas y crisis económicas y todo eso malestar que se generan en la siempre crispada opinión pública y publicada, recuerden la existencia de los famosos muros.
Porque al volver a los noticiarios vemos de nuevo el conflicto de Ucrania, enquistado en el Este Europeo, y posible (algunos parece que lo desean) Casus Belli entre la OTAN y Rusia; el conflicto en el estrecho de Ormuz que tanto afecta a nuestras economías, aunque a pesar de los últimos ataques, parece incrementarse el flujo de petroleros a través de sus aguas, etcétera, etcétera, etcétera.
Ese apunte anterior, del aumento de disponibilidad de petróleo en los mercados gracias a la acción de la US Navy en el golfo Pérsico, puesto en relación con el acuerdo de los Estados Unidos con Venezuela, por el cual, el país caribeño vende a los USA unos 65.000 millones de barriles de petróleo por un precio de unos 209.000 millones de dólares es muy importante. Pues, ¡ojo!, sale a 3,22$ el barril, una baratija, aunque haya que invertir para actualizar las yacimientos, como así se han comprometido, unos 100.000 millones de dólares (lo que resultaría un total de no llega a los 5$ el barril), y es muy curioso que no haya tenido mucha repercusión en los precios del mercado, ahora mismo entorno a los 90$ por barril.
Por lo que ya ven, parece que algunos siguen haciendo caja a costa de las guerras y de ustedes, sufridos paganos de impuestos. Porque, por otra parte, en la UE siguen aprobando transferencias y ayudas de miles de millones para el ejército ucraniano, que está logrando hacer frente de forma durísima al agresor ruso, y todas esas ayudas, ya saben que salen de más impuestos, o de deuda pública, comprometiendo nuestro futuro.
Además, en algunos casos existen no muy buenas noticias sobre proyectos, megaproyectos, como la giga factoría de Sagunto, en la cual ha habido una serie de cambios, como la del CEO, que producirán un retraso en el inicio de las operaciones y que, como es lógico, han generado, inquietud en el tejido económico, social y empresarial valenciano. Y, por cierto, abundando en todo ello, las inquietudes en estos proyectos aumentan ante el anuncio de reajuste del grupo Volkswagen en su Plan Futuro 2030, con hasta 50.000 empleos para despedir, así como las posibles repercusiones en la planta de Martorell, incluida la marca SEAT.
Pero, como Dios aprieta pero no ahoga, nos podemos consolar con ese acuerdo entre la FORD y la empresa China GEELY para la factoría de Almusafes, que hará posible construir 5 modelos de vehículos y que permitirá, si el acuerdo sindical, pendiente aún, no lo impide, un futuro más halagüeño a uno de los buques insignia de nuestra economía.
Otro sector, con una gran repercusión social y efecto multiplicador en la economía es el de la construcción. Por fin parece que se empieza a mover la cosa, como dirían los castizos. Existen datos por ejemplo, en cuanto la diferencia de licencias para construir desde el año 2023 a hoy, que son optimistas, se ha conocido que en el mismo periodo del año se han dado cinco veces más licencias en este año 2026 respecto el mismo periodo del año 2023, lo cual, unido a que parece que todos los agentes sociales y económicos están por la labor de subsanar ese gran déficit de viviendas, y que empuja a la inflación de los precios del alquiler y compra venta de pisos, pueda ser otro elemento, primero reparador del drama social que conlleva, como la imposibilidad de emancipación de nuestros jóvenes y que tengan un futuro y formen una familia, además del efecto multiplicador, como hemos dicho, en la economía. Esperemos que los políticos se pongan a la labor y lo faciliten, y no pongan más trabas 'burrocráticas'.
En fin una difícil vuelta al cole, a la nueva normalidad, en este septiembre y eso que no hemos tratado nuestra frontera sur, África, aún al rojo vivo, que la dejamos para otra ocasión; ánimo Ceuta !!!