Opinión

Opinión

AL OTRO LADO DE LA COLINA

¿La Semana Santa ultrajada?

Publicado: 04/04/2026 · 06:00
Actualizado: 04/04/2026 · 06:00
Suscríbe al canal de whatsapp

Suscríbete al canal de Whatsapp

Siempre al día de las últimas noticias

Suscríbe nuestro newsletter

Suscríbete nuestro newsletter

Siempre al día de las últimas noticias

En un periodo tan convulso como el actual, ni los santos lugares, de las tres religiones monoteístas por excelencia, se libran de los tambores de guerra, además en plena Semana Santa. Y tristemente tiene su lógica, la sinrazón de la guerra para el común de los mortales, porque en la guerra todo se pone patas arriba, como diría un castizo, tanto lo humano como lo divino se ve afectado, y su primera víctima es la verdad.

En Jerusalén confluyen el judaísmo, el cristianismo y el islam; para los primeros es la capital del Rey David, donde se ubicaban sus dos Templos representados hoy por el Muro de las Lamentaciones; para los segundos el lugar de la última cena, la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo; y para los terceros es el lugar desde donde Mahoma ascendió a los cielos; por lo que, como entenderán las sensibilidades religiosas, están a flor de piel, en cuanto a la gestión de espacios y tiempos, más aún en plena Pesaj (Pascua Judía), Semana Santa, y tras el ayuno del Ramadán. 

Hace días, poco más de dos semanas, en concreto el 16 y 20 de marzo, por culpa de varios ataques de misiles iraníes, cayeron sus fragmentos sobre la ciudad vieja de Jerusalén, e impactaron en diversos lugares, como el Barrio Judío, cerca del Monte del Templo o la Mezquita de Al-Aqsa, también en el Santo Sepulcro (parece ser en el tejado de la parte del Patriarcado Greco-Ortodoxo), que además de daños materiales provocaron un herido.

Como comprenderán, y ante la escasez de refugios públicos en esa parte de la ciudad, las autoridades públicas, en aras de preservar la seguridad de la ciudadanía, propia y ajena (por la gran cantidad de turistas), decidieron la restricción del acceso a todos los santos lugares antes citados: el Muro de las Lamentaciones (judíos), el Santo Sepulcro (cristianos) y la Mezquita Al-Aqsa (musulmanes). 

El propio Cardenal Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén, en una carta del domingo 22 de marzo (el anterior al de Ramos), colgada en la web oficial del patriarcado el 23, y transformada en noticia por la agencia EFE el día 24, reconocía que no se estaba celebrando la cuaresma como correspondía por el conflicto: “A causa de la guerra, este año no nos ha sido posible vivir el tradicional camino cuaresmal en Jerusalén, con las solemnes celebraciones en el Santo Sepulcro y en los Santos Lugares de la Pasión”. Incluso reconocía que las celebraciones públicas del Domingo de Ramos no se podían celebrar: “La tradicional procesión del Domingo de Ramos, que sube desde el Monte de los Olivos a Jerusalén, está cancelada”, y por lo tanto no podía haber visitantes ni concentraciones del público, “Sin embargo, ya está claro que no podrán celebrarse celebraciones ordinarias abiertas a todos” y “Si no podemos reunirnos como quisiéramos, no renunciemos a la oración”, porque la propia iglesia del Santo Sepulcro estaba cerrada al público.

Después llegó el Domingo de Ramos y ocurrió lo que ocurrió, un choque inevitable en tiempos de guerra. Los medios de comunicación ofrecieron diversas perspectivas sobre los acontecimientos, aunque en general todos informaban contra la postura de las autoridades judías. Sin embargo, un pequeño número de medios presentaron ambas versiones de los hechos, incluyendo la perspectiva de la policía israelí, que afirmó que las acciones se tomaron por motivos de seguridad. Cabe destacar que incluso el sábado por la noche se había comunicado a Pizzaballa la imposibilidad de acceder a los santos lugares, como al resto de personas. Además, recordemos cómo la comitiva del Patriarca, según las imágenes que trascendieron en los medios, se observaban un importante número de curiosos, posibles peregrinos e incluso bastantes periodistas, por lo que el desastre/desencuentro estaba servido, dada la restricción, por ejemplo, de acceso al propio Muro de las Lamentaciones de 50 personas al día. 

Horas después, las autoridades hebreas ajustaron las medidas y acordaron el acceso individual del cardenal a los Santos Lugares, pero siempre manteniendo las limitaciones y restricciones al público en general, en aras de su seguridad, ya sean cristianos, judíos o musulmanes. Es triste que en el lugar donde se encuentran y coinciden las tres religiones monoteístas por excelencia, hijas todas del Patriarca Abraham y con un único Dios, ocurran estos desencuentros.

Recordemos, además, cómo los problemas en Jerusalén, respecto a los Santos Lugares, vienen de lejos. Durante la anexión por parte de Jordania (ya ven, Israel no es la primera) de la llamada por los palestinos Cisjordania, y para los judíos Judea y Samaria, durante casi 20 años entre 1948 y 1967, se produjeron diversos incidentes. Los judíos, por ejemplo, no podían acceder al Muro de las Lamentaciones; o a los cristianos se les ponían todo tipo de trabas burocráticas en el instante de acceder a través del puesto de control de la Puerta de Mandelbaum para cruzar la "Línea de la Ciudad" y así poder participar en las procesiones del Santo Sepulcro en Semana Santa; o cuando en ese periodo el cementerio del Monte de los Olivos fue profanado, destruyéndose decenas de miles de lápidas (entre 38.000 y 50.000), muchas de las cuales fueron reutilizadas como materiales de construcción. Ya ven, la sinrazón, o la lógica de la guerra viene de lejos.

Pero ahora, tras el acuerdo de las autoridades israelíes con el patriarcado, al final, aquí paz y allá gloria, como diría otro castizo. Lo único, dentro de la guerra cognitiva global, es que los enemigos de Israel han ganado un set, en esta partido (guerra) que nos tiene a todos en vilo, y aunque según algunos no sea nuestra guerra, sí que lo es para nuestros bolsillos, y en donde los israelitas no están dispuestos a perder ningún match ball (punto de partida), es decir, perder una guerra, pues sería su final, su exterminio como lleva pidiendo el régimen de los ayatolás iraníes desde 1979. 

Por eso, la contundencia de las respuestas israelíes ante los ataques asombra a la mayoría por su eficacia. Si bien algunos pueden considerarlas desproporcionadas, el principio de la disuasión y su proporción, según el Arte de la Guerra, establecería que Israel, siendo 100 veces más pequeña que sus enemigos (el mundo musulmán), debe responder con una fuerza 100 veces mayor para asegurar su supervivencia. Esta lógica de la Guerra, aunque sea la sinrazón para el común de los mortales que vive en paz, es fundamental para la estrategia de supervivencia de Israel. 

Recibe toda la actualidad
Valencia Plaza

Recibe toda la actualidad de Valencia Plaza en tu correo

Vuelve Mónica Oltra