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La Valencia que se emociona unida

Publicado: 11/05/2026 · 06:00
Actualizado: 11/05/2026 · 06:00
  • Traslado de la imagen peregrina de la Virgen de los Desamparados
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Valencia ha vuelto a vivir este fin de semana una de esas imágenes que explican perfectamente quiénes somos. Miles y miles de valencianos abarrotando las calles para acompañar a la Mare de Deu, a nuestra Mareta. Familias enteras, jóvenes, mayores, niños sobre los hombros de sus padres, flores, emoción, aplausos y una ciudad entera latiendo al mismo ritmo alrededor de aquello que siente como propio.

La Virgen de los Desamparados no es solo una tradición religiosa. Es memoria colectiva, identidad compartida y un símbolo profundamente arraigado en el corazón de Valencia. Forma parte de aquello que nos une por encima de las diferencias y que convierte a esta ciudad en una comunidad orgullosa de su historia, sus costumbres y sus raíces.

Y precisamente por eso ha sido tan importante recuperar la normalidad institucional en estas celebraciones tras ocho años en los que Joan Ribó decidió ausentarse deliberadamente de muchos de los actos más representativos de nuestra tradición valenciana. No se trata de creencias personales, cada uno tiene las suyas y todas merecen respeto, sino de entender qué representa un alcalde y qué significa institucionalmente estar presente allí donde están sus vecinos.

Confieso además que vivir estos actos en primera persona como concejal del Ayuntamiento de Valencia convierte este día en uno de los más bonitos y emocionantes del año. Hay algo difícil de describir cuando contemplas a miles de valencianos unidos alrededor de sus tradiciones, compartiendo emoción, orgullo y sentimiento de pertenencia. En momentos así reafirmas el privilegio y la responsabilidad que supone servir a tu ciudad.

Y este año había además una sensación especial en las calles. Se percibía en cada aplauso, en cada gesto de cariño y en el extraordinario calor con el que los valencianos han acompañado a la alcaldesa María José Catalá durante toda la procesión. Un afecto sincero y espontáneo que nace cuando la gente siente que quien les representa también vive y respeta aquello que para ellos es importante. 

Porque cuando Valencia sale a la calle para celebrar aquello que siente suyo, Valencia sale feliz. Lo vemos con la Virgen, con las Fallas, con la Navidad, con el Corpus, con la Semana Santa Marinera o con tantas fiestas de nuestros barrios y pedanías. Hay una alegría colectiva difícil de explicar a quien no la ha vivido nunca. Una forma de compartir ciudad desde la emoción, la convivencia y el orgullo de pertenencia.

Y frente a esa Valencia luminosa y abierta, hay quienes parecen empeñados permanentemente en instalar a la sociedad en el enfado, la confrontación y la tristeza. La izquierda vive cómoda en el conflicto constante. Siempre buscando la polémica, el enfrentamiento artificial, el insulto, la división entre buenos y malos. Siempre intentando convertir cualquier celebración, tradición o símbolo compartido en un motivo de batalla ideológica.

Pero la sociedad valenciana va por otro camino. La gente está cansada del ruido. Quiere serenidad, sentido común y estabilidad. Quiere políticos que gestionen y no activistas instalados permanentemente en la bronca. Y quizás por eso María José Catalá ha conectado tan rápidamente con una mayoría social amplia y transversal.

La alcaldesa estuvo este fin de semana donde debía estar: acompañando a los valencianos en uno de los días más importantes y emocionantes del año para la ciudad. Sin estridencias, sin intentar apropiarse de nada, sin convertirlo en un espectáculo político. Con naturalidad, respeto institucional y entendiendo perfectamente que cuidar las tradiciones es cuidar Valencia.

Esa manera de gobernar, basada en el equilibrio, el rigor y la normalidad, tiene reflejo también en la calle. La última encuesta realizada por SyM Consulting confirma que Catalá consolida su liderazgo y obtiene el respaldo de una ciudadanía que aprueba mayoritariamente su gestión, mientras la izquierda continúa suspendiendo y alejándose cada vez más de la realidad social valenciana.

No es casualidad. Frente a quienes llevan años intentando redefinir Valencia desde el conflicto ideológico, este gobierno municipal ha entendido algo fundamental: que una ciudad se construye protegiendo aquello que emociona y une a sus ciudadanos.

Porque en Valencia se gobierna levantando infraestructuras, aprobando presupuestos y ejecutando inversiones en barrios con cifras históricas. Pero también se gobierna sabiendo interpretar el alma de la ciudad. Estando presente en sus alegrías colectivas. Respetando sus símbolos. Cuidando sus tradiciones. Defendiendo aquello que hace sentir orgullosos a los valencianos.

Y este fin de semana Valencia ha vuelto a demostrar que, cuando se reencuentra consigo misma, es una ciudad imparable. Una ciudad alegre, orgullosa y unida alrededor de aquello que realmente importa.

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