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Manuel Palomar, el rector que pudo 'reinar' en Alicante

Publicado: 07/06/2026 · 06:00
Actualizado: 07/06/2026 · 06:00
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La Universidad de Alicante entregó el jueves al ex rector Manuel Palomar Sanz (Ontinyent, 1964) la medalla de oro de la institución académica. Fue un homenaje merecidísimo a un rector que está detrás de decisiones claves para el desarrollo del campus de Sant Vicent (sin quitar ningún mérito a la obra de otros rectores), y que ese día recibió un amplio espaldarazo de profesores, estudiantes, antecesores en el cargo, empresarios y muchos cargos políticos (la fotogalería del evento habla por sí misma). 

Ese mismo día, el profesor Carles Cortés, que formó parte de su equipo rectoral, detallaba en su columna de Alicante Plaza parte de esos méritos, de los que yo destacaría la apuesta por la territorialidad.  Palomar luchó, con todos los respetos hacia otros campus, para que la UA fuera la universidad de la provincia de Alicante. Y durante su etapa amplió la apuesta por extender las sedes a todas las comarcas y llevar estudios allí donde fuera posible. Ya existían titulaciones en Elda y Orihuela; con Palomar llegaron los estudios de Magisterio a Alcoy y la apuesta por Gastronomía en Dénia, en lo que será el campus de Torrecremada.

Palomar hizo del Consejo Social una simbiosis entre sociedad y universidad, primero con Francisco Gómez y, posteriormente, con Adolfo Utor. He de reconocer que, en el acto de presentación del campus de Dénia, de la mano de los empresarios de la Marina Alta, entendí parte de esa estrategia: Palomar siempre buscaba que los estudiantes tuvieran una alternativa en su comarca, o en su provincia, antes de tener que buscar sus estudios en otro lugar. Y sí había una comarca hérfana, ahí estaba la UA para ocupar ese espacio.

Con anterioridad ya se habían producido dos grandes hitos: la construcción de los primeros edificios del campus oeste y el impulso del Parque Científico (que en su día ideó Andrés Pedreño y que le enfrentó políticamente con Eduardo Zaplana) y la decisión de impulsar la creación del Grado de Medicina para recuperar unos estudios cuya pérdida generó una profunda herida universitaria en la provincia de Alicante: la escisión y posterior creación de la Universidad Miguel Hernández de Elche con la llegada del PP al Gobierno de la Generalitat Valenciana.

 

Ambos hitos han sido dos éxitos rotundos, que han permitido a la Universidad de Alicante recuperar la autoestima sin necesidad de romper relaciones con la UMH, pese a que algunos políticos sí lo intentaron con Carlos Mazón como presidente y con el último episodio jurídico relacionado con la negativa a defender la autorización del Grado de Medicina aprobada por el Gobierno de Ximo Puig, además del intento de crear un sucedáneo de campus sanitario provincial en el que no creían ni los alcaldes del PP. Pero eso ya lo dejó claro el Tribunal Supremo para tranquilidad de todos.

Más allá de los logros universitarios, que son muchos más, Palomar siempre ha hecho gala de su capacidad para gestionar equipos. Así lo recordó en su discurso del jueves. Como muestra, puso su candidatura a rector, el equipo que le acompañó durante los ocho años al frente de la Universidad y su reciente labor investigadora en el Cenid como reconocido catedrático de Lenguajes y Sistemas Informáticos de la UA, así como su papel como altavoz en la defensa de las lenguas cooficiales frente a la amenaza de la extinción digital.

Y además de eso, está su perfil político. Porque, aunque no lo haya asumido públicamente ni haya hecho bandera de ello a lo largo de estos años, Palomar siempre fue un activo político. Primero, en su lucha contra la implantación de universidades privadas en la provincia de Alicante, especialmente durante el mandato de Alberto Fabra, cuando la UCAM y una denominada Universidad Mediterránea intentaron establecerse en Sant Joan y El Campello, respectivamente. Palomar fue voz de reivindicaciones y apoyo para muchos responsables políticos cuando la situación de la Comunitat Valenciana se deterioró por los casos de corrupción y el deterioro de los servicios públicos, especialmente los universitarios.

He llegado a pensar que la recuperación de Medicina para la UA fue también una forma de ocupar un espacio estratégico, además de cerrar una herida histórica, antes de que otros lo hicieran. La creación del grado provocó a Manuel Palomar su primera gran crisis con el Gobierno del Botànic, con el que —hay que decirlo— empatizaba en sus primeros años.

La determinación del rector chocó con las pretensiones del Ejecutivo de Puig, que no veía viable el proyecto por motivos presupuestarios. El coste de una nueva facultad y la inversión necesaria no encajaban en las cuentas del Consell, hasta el punto de que las conselleras Ana Barceló (Sanidad) y Carolina Pascual (Innovación) fueron enviadas a convencer a Palomar para que desistiera, pese a contar con informes favorables.

Entre medias, a finales de 2018, Palomar recibió la oferta de convertirse en candidato del PSPV-PSOE a la Alcaldía de Alicante, más por iniciativa de Ferraz que por convicción del PSPV. Y en ese mismo contexto, ya durante el segundo Botànic, también sonó para ocupar la Conselleria de Innovación.

Sin embargo, hubo otro precedente que sepultó ambas opciones: la creación de la Agencia Valenciana de la Innovación y su política de ayudas. A Palomar nunca le convencieron ni los criterios de reparto ni el modus operandi de su director, Andrés García Reche, con sede oficial en Alicante, pero con su principal despacho en València.

A partir de entonces, y con la pandemia de por medio, se produjo el punto de inflexión: Palomar se distanció del Botànic. Al mismo tiempo, el Gobierno de Ximo Puig asumió que los estudios de Medicina eran más necesarios que nunca, pese a no disponer de los fondos suficientes. En 2022, el Consell autorizó el Grado de Medicina, pero para entonces —entre recelos personales, manías y rencillas heredadas— Palomar ya transitaba más cerca del argumentario del PP de Carlos Mazón.

El entonces presidente de la Diputación de Alicante impulsó el Centro de Inteligencia Digital junto a la UA y la UMH y fichó a Palomar para contrarrestar la estrategia digital del Botànic, representada por Distrito Digital y la Conselleria con sede en Alicante. Los caminos se separaron. Con la llegada de Mazón a la Generalitat, el nombre de Palomar volvió a sonar para varios cargos. Pero se impuso el silencio, y la crisis de Medicina, hasta el punto de que Palomar nunca se posicionó públicamente sobre la decisión de la Generalitat de Mazón de no defender su implantación. Ya lo dije en otra ocasión: era como si el pichichi de la Liga, porque Palomar fue el gran impulsor del grado que hoy ya cursan varias promociones, decidiera no reivindicar sus propios goles.

Con perspectiva, y tras escuchar su discurso, es posible que todo se entienda mejor. Palomar siempre fue un hombre de liderar equipos, de ahí sus continuas alabanzas a sus colaboradores. Por tanto, ser alcalde de Alicante o ser conseller de Innovación no le habrían permitido hacerlo. En el primer caso, porque la agrupación socialista de Alicante era un campo de minas con Ángel Franco al mando y una mochila cargada de metralla. En el segundo, porque la propia composición del Botànic exigía convivir con Compromís.

Y añado yo: el talante de Palomar tampoco encajaba en ese escenario. El profesor que aterrizó en 1994 en el campus de Sant Vicent procedente de la UPV era más partidario de unir, pactar y convencer. Y todo eso, en la política de los últimos años, resulta muy difícil, por no decir imposible. Y la vertiente familiar: después de 8 años entregados en cuerpo y alma a la universidad, decirle a los tuyos que quieres más marcha (en otros sitios), a veces, cuesta de comprender.

Lo que sigue siendo difícil de comprender —o quizá no— es su sepulcral silencio durante el conflicto de Medicina abierto por el Gobierno de Mazón. Está claro que la bofetada era para Puig, que esa bofetada pudo acabar con un drama, pero al menos levantar la mano y decir: "Fui yo". Menos mal que aquello acabó bien y que los tribunales terminaron dando la razón a la UA. Pero, ¿se imaginan una Medicina desgajada por segunda vez? El trauma social en la provincia de Alicante habría sido colosal.

Lo de poder reinar desde la Alcaldía o desde una conselleria parece hoy un alivio. Pero me cuesta creer que la conciencia del Palomar conciliador, persuasivo y líder de equipos —el mismo que se ganó a les Fogueres y a su Hércules— se hubiera perdonado otro desenlace. ¿Se acuerdan de la película Match Point, de Woody Allen? Quizá la fortuna del profesor Palomar ha consistido en que (en la mayoría de las veces) el anillo siempre ha caído en el lado correcto (aunque en el bolsillo ajeno) sin necesidad de posicionarse. Ni para alcalde, ni para conseller, ni para defender Medicina en su momento más crítico. Pudo reinar más allá de los muros del campus, pero nunca se convenció de ello. O no era su guerra. O simplemente, dijo: "Yo ya he hecho mi contribución a la causa pública". Pero siempre podrá mirar atrás y estar orgulloso de lo conseguido.

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