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Sanae Takaichi o el exceso de wasabi en la política japonesa

Publicado: 25/01/2026 ·06:00
Actualizado: 25/01/2026 · 06:00
  • Sanae Takaichi tocando la batería.
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Ya he hablado de esto en esta columna. Escribir es muchas veces repetirse. Hay dos tipos de personas: a las que les gusta el picante y a las que no. Yo estoy en el primer grupo. Estoy entre los, como la legendaria película de Billy Wilder, “some like it hot”. Mientras que para algunos resulta una experiencia intolerable a mí me llena de regocijo y me parece uno de los grandes placeres gastronómicos. Es un viaje intenso y casi físico a través del cual uno experimenta múltiples sensaciones: calor muchas veces abrasador, sabor ultra potente y algo avasallante, descubrimiento de partes de nuestra anatomía que ignorábamos que existían. Hay muchos tipos de picantes: los graduales (como algunos curris), los bravos (divertidos y juguetones de nuestras guindillas españolas o de la tradición de Sichuan) y los demoledores (como los chiles habaneros).

El wasabi, esencial en la tradición japonesa, es uno de mis favoritos. Tiene un extraño hermanamiento con la buena mostaza de inglesa en cuanto a que le golpea a uno directamente en la nariz. Y es ultra seco (como el Dry Martini) y noble por su carácter honesto y frontal al pegar con fuerza como un destino inevitable. 

Pues bien, el protagonismo que ha asumido Sanae Takaichi en la política japonesa tiene algo de una ola de wasabi. La nueva primera ministra ha conseguido sacar a la política japonesa del tedio existencial y hacerla divertida. Solo por eso es de agradecer. Para esto ha sido determinante una personalidad arrolladora y dinámica. Es de todos conocidos que en la universidad tocó la batería en una banda de heavy metal así como su gran afición al Karaoke (solo superada por mi buen amigo Pablo Rodríguez). Incluso su vida sentimental resulta peculiar y daría para un jugoso artículo. Se caso con Yaku Yamamoto, miembro también de su partido, el Partido Liberal Democrático  (LDP en sus siglas en inglés) en 2004 para luego divorciarse en 2017 (por diferencias ideológicas irreconciliables, aunque Yamamoto siguió apoyándola a muerte) para luego volver a casarse con Yamamoto en 2021.  Los caminos del corazón son inescrutables. Yamamoto ocupa un lugar doméstico, casi ubicado en la cocina y en la retaguardia de la política que le resulta vital a la primera ministra.  

Sanae Takaichi no es de ningún modo una recién llegada. En octubre de 2025 accedió al cargo convirtiéndose en la primera mujer que lo hacía. Esto es un cambio radical en la política japonesa que hasta ahora ha estado presidida por un machismo inveterado que no permitía protagonismo alguno de las mujeres. Taikaichi tiene 64 años (nació en 1961) y proviene de un entorno profundamente conservador. Desde su infancia destacó su interés por la política y su convencimiento de que esta constituía un instrumento infalible para la transformación de la sociedad.

  • Sanae Takaichi. -

Por ello estudió derecho en Kioto interesándose por la administración pública y los precedentes jurisprudenciales como invocaciones argumentadas para respaldar sus propuestas de acción pública. De esta forma se convirtió en un miembro destacado del gran partido japones desde la posguerra, mencionado antes, el LDP. Su ascenso en el partido fue paulatino ocupando en numerosas legislaturas el puesto de diputada. Su gran mentor fue el carismático Shinzo Abe que siempre confío en su capacidad y fuerza. Sus planteamientos, que muchas veces ha comunicado de forma inusualmente transparente para la encorsetada etiqueta japonesa, estaban imbuidos de conservadurismo cultural y social y muchas veces se han centrado en un tema recurrente que la ha obsesionado: un Japón internacionalmente más fuerte y respetado lo que implica el reforzamiento de la seguridad nacional ante China para lo que la defensa nacional se convierte en un elemento clave.

Estas manifestaciones la han convertido en una política con un inusual gancho popular generando tanto adeptos como detractores incondicionales. Se la ha calificado como la Thatcher nipona lo que no le disgusta. Así ha ido consolidando su liderazgo (su historia política está jalonada de ocasionales derrotas) hasta ser elegida primera ministra por la Cámara de Representantes japonesa el 21 de octubre de 2025 gracias al apoyo de un partido de extrema derecha el Partido de la Innovación. Sin duda es un hito histórico y un escoramiento a la derecha, como está sucediendo en numerosas democracias, de la dirección de la política japonesa.  

¿Porqué puede resultar un revulsivo para la política del país del sol naciente? Sin duda su ideología es conservadora a la japonesa. Esto implica un patriotismo evidente y una defensa de los valores tradicionales japoneses que se proyecta en todos los aspectos de su actuación. En primer lugar, en el ámbito geoestratégico, Takaichi ha promovido un incremento del gasto de defensa de alrededor de un 2% lo que para un país que tenía un gasto militar residual resulta muy ambicioso. En este punto cuenta con la aquiescencia, como no podía ser de otra forma, de Donald Trump.

Takaichi ha puesto en entredicho el posicionamiento pacifista instaurado después de la Segunda Guerra Mundial entendiendo que la potencia militar es relevante a efectos de ser un país respetado. Por lo anterior, su postura hacia China es agresiva lo que ha provocado serias tensiones diplomáticas en relación con la situación de Taiwán y el activismo chino en el mar de China Oriental. También un inevitable acercamiento con los Estados Unidos. Su actitud es sin duda provocadora y podría incidir en el aumento de las tensiones militares en la zona. Y tener un impacto económico ya que China es el principal socio económico con Japón.

En segundo lugar, su política económica, bautizada con el nombre de “Sanaenomics” implica una orientación claramente expansiva y resulta en un potente cocktail con los siguientes ingredientes: disminuir la carga fiscal en general a los contribuyentes, estímulos fiscales, luchar contra la inflación de baja intensidad que ha caracterizado a Japón durante años y, y este es un rasgo muy japonés que la diferencia de su admirada Margaret Thatcher, propugnar un gasto público agresivo e intervencionista. Así las medidas adoptadas esenciales van en las direcciones mencionadas: se han suprimido impuestos sobre los combustibles, se ha suspendido el impuesto sobre los alimentos del 8% al menos durante dos años, incrementado el gasto público. En general Takaichi quiere conseguir con estos medios una economía fuerte y robusta. 

Desde su llegada al cargo su popularidad es enorme. Las encuestas más fiables indican que cuenta con el apoyo de cerca del 70% del electorado lo que resulta enorme. Ante esta situación Takaichi va a intentar que este respaldo sólido se traduzca en ganar votos para poder llevar a cabo con mayor libertad las medidas económicas, sociales y de seguridad nacional que preconiza. Para ello ha disuelto la Cámara Baja y ha convocado elecciones para el 8 de febrero próximo. Es un movimiento valiente pero no exento de riesgo. Como sabemos las elecciones anticipadas muchas veces las carga el diablo. Por ejemplo, en el desastroso caso de Emmanuel Macron que a su vez intentó imitar a nuestro afortunado Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, al que le salió muy bien anticipar elecciones. Ahora el Presidente se resiste algo más porque incluso la fortuna más infinita se puede acabar. ¿Qué va a suceder? Aun careciendo de dotes adivinatorias, puedo aventurar que es más que probable que Takaichi alcance una victoria potente. De esta forma su posición quedará fortalecida con una mayoría reforzada en la Cámara Baja lo que impulsará la realización de sus políticas que pueden resultar muy beneficiosas para Japón. Tendremos que estar atentos.

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