Este 4 de julio de 2026, justamente en el 250 aniversario de su independencia, nos encontramos en un momento disruptivo, o al menos de profundo cambio, en la posición hegemónica mundial de los Estados Unidos de América, por el auge del imperio del Centro -China-, la trampa de Tucídides está servida.
Por cierto, estos 250 años es el marco temporal, el tiempo aproximado que tardó Roma, tras su fundación como monarquía por Rómulo y Remo, en el 753 a.c. (aprox) en proclamarse República en el año 509 a.c. (aprox), y según los críticos de la izquierda norteamericana estamos en un proceso a la inversa, pues acusan a Donald J. Trump de querer hacerse Rey.
Porque un 4 de julio de 1776 en Filadelfia, el 2º congreso continental proclamó la independencia de la 13 colonias británicas en América, la 14ª Canadá no quiso sumarse al proceso revolucionario; cuando se llevaban ya meses de combates y enfrentamientos, por cierto no muy favorables a los independentistas, y que si no fuera por la aportación transcendental de la Monarquía Española, no la hubieran logrado, o por lo menos la historia hubiera sido muy muy diferente, y mucho más difícil para los separatas.
Una declaración de independencia, por cierto, redactada por Thomas Jefferson, representante de Virginia, y posteriormente tercer presidente norteamericano, en donde se proclamó por primera vez el principio político (el cristianismo ya lo había hecho) de, “todos los hombres son creados iguales”, a pesar de que su redactor tenía esclavos y no fue hasta el año, aproximadamente, de 1967 gracias al Tribunal Supremo USA en el caso Loving contra Virginia, cuando se permitieron los matrimonios mixtos en los USA, cosa que en España se permitió por la Real Cédula de 1503 de la Reina Isabel I la Católica, entre españoles europeos e indios, para que lo sepan los acomplejados o más bien ignorantes de nuestra historia.
Y es justo en su 250 aniversario cuando el imperio del Tío Sam parece que hace aguas, a pesar de los intentos, acaso últimos estertores, aunque parezcan un poco estrambóticos, de Trump por salvarlo. Porque esas reuniones de Trump y Vladimir Putin en Alaska el año pasado, las visitas recientes primero de Trump y después de Putin a Pekín para reunirse con Xi Jinping en plena crisis de Ormuz, la firma del acuerdo/memorándum de 14 puntos con Irán, el cambio paulatino de actitud con los líderes venezolanos, etcétera, traslucen cierta debilidad.
Porque el modelo occidental está en franca retirada en el mundo. Un ejemplo de ello es la situación de África, y como Occidente ha ido saliendo de ese continente siendo sustituido por el poder blando (económico) de China, el llamado Soft power, y el poder duro (militar) de Rusia, el llamado Hard power, pero la aplicación de estos poderes por parte de esas fuerzas orientales ha sido muy diferente a como las ha utilizado Occidente.
En cuanto al poder económico, Occidente ha pretendido que el país receptor de sus IED, inversión extranjera directa, copie sus estructuras políticas y administrativas, fundamentalmente su división de poderes, el Estado de Derecho, para tener seguridad jurídica en esos negocios o international joint venture, por lo que entre otras cuestiones existe un proceso de aculturación o colonialismo cultural que dirían otros.
Por su parte a China no le importa el tipo de régimen político que exista, ya sea democrático o dictatorial, no le importa si hay división de poderes, no le importa esas estructuras administrativas y políticas, no le importa si hay muchos pobres o ricos, simplemente acuerda, pacta con el detentador del poder el realizar una serie de inversiones y negocios económicos, independientemente del color político o ideológico que tenga.
En cuanto a la perspectiva del poder militar, Occidente, intenta realizar un acuerdo basado en el modelo SOFA Status Of Forces Agreement, para establecer las Fuerzas Armadas de países democráticos, en todo el territorio del país anfitrión. Intenta realizar un despliegue completo con un comprehensive approach, un enfoque integral de cómo puede colaborar el empleo de esa fuerza, para apoyar el otro esfuerzo de implementar un sistema económico y político similar a los regímenes capitalistas y democráticos que tenemos los occidentales.
Por su parte, a Rusia no le interesa el enfoque integral, ni le importa el estar establecido en todo el país, ni que este progrese, lo que pretende es que esa presencia militar exterior le sirva de palanca geopolítica, a la par que utiliza esas fuerzas, simplemente para sostener al gobierno que le permite estar en ese territorio. Con lo que habrá simplemente una fuerza militar presente en la capital (y en alguna otra gran ciudad), y existirán algún otro contingente en otras localizaciones, en las que, por ejemplo, haya intereses económicos, como minerales, hidrocarburos, puertos, aeropuertos, que le sirvan además para mantener la viabilidad económica de esa fuerza desplazada. Por cierto, ese contingente militar, no tendrá que estar estrictamente integrado en sus Fuerzas Armadas, pueden ser (y es un eufemismo) empresas de seguridad privadas, al estilo Wagner o al estilo África Corps, lo que antiguamente se llamaban mercenarios o más bien en este caso serían corsarios, dado que son elementos militares que actúan por cuenta de un país en otros territorios sin estar integrados en las Fuerzas Armadas de ese país.
Como pueden observar son dos patrones de organización imperial, o de Orden Mundial, muy diferente, incluso podríamos decir que son dos modelos antagónicos y asimétricos; y en los que la parte Oriental, en otra época se habló de alianza euroasiática -Rusia y China-, están ganando la partida global, esperemos que sólo por el momento, al bloque Occidental. Por lo tanto, es momento de que todo el que quiera mantener su estilo de vida occidental, Libertad y Economía de Mercado, ergo la triada, Grecia-Roma-Cristiandad, se mantenga firme y haga frente a los desafíos internos y externos, y no buscar formulas apaciguadoras, recordemos como Winston Churchill afirmó aquello de "Os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra. Elegisteis el deshonor y tendréis la guerra", con motivo de la firma del Acuerdo de Múnich con Adolf Hitler en 1938, y ya saben cómo acabo todo aquello.
Porque, "para que el mal triunfe solo se necesita que los buenos no hagan nada" como dijo Edmund Burke, y así ocurre, por cierto frase reescrita por el Papa León XIII en 1890, quien dijo que "la cobardía de los buenos fomenta la audacia de los malos". Por lo que debemos,o, mejor dicho, lo que tenemos que hacer, en lugar de tanto quejarnos (que un poco también, ojo), es actuar y diseñar ese nuevo mundo que será además cibernético y robotizado con el 4.0 (y en el que ya estamos), dentro de ese gran proyecto que es la U.E., aunque tenga un largo camino de mejora, y trabajar por ese inevitable vinculo transatlántico, esté Trump o su relevo, ese cordón umbilical Occidental, que rememora la fructífera historia milenaria entre Grecia y Roma, porque si no, Vae victis -ay de los vencidos-.