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Un año del apagón: energía, economía y lecciones pendientes

"Aquel episodio puso de manifiesto algo que normalmente nos pasa desapercibido: nuestra dependencia de la electricidad"

Publicado: 22/04/2026 · 07:53
Actualizado: 22/04/2026 · 07:53
  • Gasolinera en Murcia en el día del apagón eléctrico.
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La semana próxima se cumple el aniversario del apagón. El 28 de abril de 2025 muchos ciudadanos recordarán perfectamente dónde estaban cuando "se fue la luz". En cuestión de segundos, millones de hogares y empresas en toda la península (España y Portugal) se quedaron sin suministro eléctrico.

Necesitamos recordar las sensaciones de aquellas horas, más allá del impacto inmediato: semáforos apagados, trenes detenidos, comercios que no se podía cerrar, comunicaciones interrumpidas, incertidumbre y, por qué no, temor por lo que podía suceder… Aquel episodio puso de manifiesto algo que normalmente nos pasa desapercibido: nuestra dependencia de la electricidad.

Para entender lo ocurrido, conviene echar la vista atrás. En los años previos al apagón, España había avanzado de forma muy significativa en la incorporación de energías renovables. La solar y la eólica habían ganado protagonismo gracias a políticas que incentivaban su desarrollo, con el objetivo de reducir emisiones, abaratar costes y depender menos del exterior. Muchos recordarán la obsesión horaria para no conectar nuestros electrodomésticos durante el dia, las campañas que recomendaban poner la lavadora por la noche para aprovechar horas más baratas, las tarifas variables..., todo eso se transformó gracias a la entrada en escena de las energías renovables con momentos en los que el precio de la electricidad caía de forma notable, en las horas centrales del día, gracias a la abundancia de sol y al viento.

Luego llegó la guerra de Ucrania que provocó una escalada histórica del precio de la energía, recordándonos hasta qué punto Europa en general y España en particular seguían dependiendo de fuentes externas como el gas natural. Más recientemente estamos reviviendo esa incertidumbre internacional, con conflictos como el de Irán, que ha vuelto a situar la energía en el centro del debate económico y geopolítico.

 

Ya no basta con generar electricidad; hay que asegurarse de que el sistema puede mantenerse estable en cualquier circunstancia"

 

En ese contexto, el sistema eléctrico español había ido cambiando rápidamente. Cada vez más energía limpia, sí, pero también un sistema mucho más complejo de gestionar. Porque la electricidad no se puede almacenar fácilmente a gran escala y debe producirse en el mismo instante en que se consume hay que buscar el equilibrio entre oferta y demanda, entre generación y consumo. Además, no todas las tecnologías se comportan igual. Las centrales tradicionales como las hidráulicas, nucleares o las de gas, aportan estabilidad al sistema, mientras que las renovables, aunque imprescindibles, requieren apoyos adicionales para garantizar ese equilibrio.

El día del apagón, el sistema funcionaba con una alta presencia de renovables. Era, en principio, una buena noticia. Sin embargo, esa situación también implicaba que había menos “colchón” para absorber perturbaciones. Los informes posteriores han coincidido en que no hubo una única causa, sino una combinación de factores: pequeñas oscilaciones que fueron creciendo, instalaciones que se desconectaron automáticamente para protegerse y, finalmente, un efecto en cadena que terminó por provocar el colapso.

Durante este último año, se ha reflexionado mucho sobre lo ocurrido. Y una de las conclusiones más relevantes es que el sistema eléctrico no es solo una cuestión de producir energía barata, sino también de garantizar que esa energía llegue de forma segura en todo momento. Durante años, las políticas energéticas han logrado avances muy importantes: más renovables, menor dependencia exterior y, en muchos momentos, precios más competitivos. Pero también han puesto sobre la mesa nuevos retos.

Por ejemplo, igual que en su día aprendimos a adaptar nuestros hábitos como poner electrodomésticos en determinadas horas o ajustar el consumo según el precio, ahora el sistema en su conjunto necesita adaptarse a una nueva realidad. Ya no basta con generar electricidad; hay que asegurarse de que el sistema puede mantenerse estable en cualquier circunstancia.

 

Un año después, el sistema eléctrico español es más consciente de sus fortalezas y de sus debilidades"

 

Desde el punto de vista económico, esta transformación tiene implicaciones claras. Las energías renovables han permitido abaratar el coste de la electricidad en muchas franjas horarias, lo que beneficia tanto a los hogares como a la industria. Sin embargo, también es necesario invertir en nuevas tecnologías que refuercen la red: almacenamiento en baterías, sistemas más avanzados de control o infraestructuras que permitan conectar mejor nuestro sistema con el resto de Europa.

En este sentido, España tiene una oportunidad histórica. Su potencial en energías renovables es enorme, lo que puede traducirse en una mayor independencia energética y en una ventaja competitiva para el tejido industrial. Disponer de energía más barata y limpia puede ser un factor clave para atraer inversiones y generar empleo.

Pero esa oportunidad debe ir acompañada de una apuesta decidida por la robustez del sistema. Es decir, por garantizar que, pase lo que pase, una ola de calor, una crisis internacional o una incidencia técnica, la luz siga encendida. 

Eso implica revisar incentivos a la generación eléctrica, reforzar infraestructuras y, sobre todo, entender que hay que invertir en el sistema, que la seguridad del suministro es tan importante como el coste de la energía.

Un año después del apagón, el sistema eléctrico español es más consciente de sus fortalezas y de sus debilidades. Hemos aprendido que la transición energética no es solo una cuestión ambiental o económica, sino también técnica y estratégica. Y que avanzar hacia un modelo más sostenible y autónomo requiere no solo producir energía limpia, sino hacerlo con garantías.

Porque, al final, la electricidad forma parte de nuestra vida cotidiana de una manera tan natural que solo reparamos en ella cuando falta. Y aquel 28 de abril de 2025 nos recordó, de forma contundente, que detrás de cada interruptor hay un sistema complejo que debemos cuidar, mejorar y preparar para el futuro.

 

Marcos Mateos

Decano Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de la Región de Murcia

 

 

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