España lleva gobernando tres años sin nuevos Presupuestos Generales del Estado, encadenando prórrogas y sin una hoja de ruta económica clara. Mientras tanto, la presión fiscal aumenta de forma constante y la deuda pública ha alcanzado la cifra más alta de su historia en términos absolutos, por encima del 100% del PIB, lo que impacta en la capacidad de inversión futura.
Frente a ese escenario nacional, Valencia, acaba de cerrar 2025 con el mayor volumen de inversión de su historia, reduciendo deuda y bajando impuestos al mismo tiempo. No es casualidad. Es la consecuencia de dos formas muy distintas de entender la gestión económica: una basada en la prórroga y la incertidumbre; otra en el rigor y la planificación.
El modelo Valencia que impulsa la alcaldesa María José Catalá es claro: menos presión fiscal, más inversión, más libertad económica y más seguridad jurídica. No es un eslogan. Es una forma de gobernar basada en una convicción sencilla: cuando se facilita la actividad y se elimina carga innecesaria, la economía responde.
La liquidación del Presupuesto 2025 confirma con cifras que es posible bajar impuestos, invertir más que nunca y reducir deuda al mismo tiempo. Hemos ejecutado 201 millones de euros en inversión, la cifra más alta de la historia de la ciudad y un 54% superior al año anterior. Más barrios en transformación, más equipamientos, más infraestructuras. Y lo hemos hecho aplicando la mayor rebaja fiscal de la historia del Ayuntamiento, con un ahorro anual superior a 52 millones de euros para los valencianos.
Además, hemos reducido la deuda municipal hasta 72 millones de euros, situándonos entre las administraciones de España menos endeudadas, apenas el 6,5% del presupuesto. Pagamos a proveedores en una media de 18 días. Significa rigor, solvencia, confianza y dinamismo económico.
Generamos confianza porque cumplimos. Porque pagamos a tiempo. Porque reducimos cargas en lugar de aumentarlas. Porque entendemos que la mejor política social es la que crea oportunidades, no la que multiplica la dependencia.
Frente a este modelo de equilibrio y responsabilidad que defendemos en Valencia, en España asistimos a un clima creciente de incertidumbre con el Gobierno de Pedro Sánchez. Subidas fiscales continuas, intervencionismo normativo, cambios constantes en las reglas del juego y una preocupante sensación de inseguridad jurídica que afecta a propietarios, autónomos, pequeñas empresas y ahorradores.
Porque cuando las normas dejan de ser claras y estables, la inversión se paraliza. Cuando la propiedad no se percibe como protegida, el mercado se retrae. Cuando la presión fiscal se dispara, el crecimiento se resiente. La inseguridad económica, jurídica o institucional tiene consecuencias cada día.
El contraste es evidente. En el ámbito nacional vemos prórrogas presupuestarias, tensión parlamentaria permanente, incremento del endeudamiento y cambios normativos constantes en materias sensibles como vivienda, energía o fiscalidad. En Valencia hemos elegido el camino contrario: estabilidad normativa, planificación presupuestaria, reducción de deuda, inversión récord y alivio fiscal responsable.
El debate es claro. ¿Queremos un modelo basado en la confianza y la previsibilidad o uno asentado en la improvisación? ¿Un modelo que incentive la creación de oportunidades o uno que dependa cada vez más de la recaudación para sostener estructuras crecientes?
Valencia está demostrando que se puede gobernar con rigor y sentido común. No hemos elegido entre bajar impuestos o invertir; hemos demostrado que una buena gestión permite hacer ambas cosas. No hemos elegido entre apoyar a las empresas o sostener los servicios públicos; hemos demostrado que el equilibrio es posible cuando se prioriza la eficiencia. Hemos demostrado que invertir más no es incompatible con sanear cuentas. Y que la estabilidad genera prosperidad.
Hoy Valencia ofrece un modelo de estabilidad y responsabilidad que contrasta con la deriva nacional. Y esa comparación no es teórica: es política. Porque al final, lo que está en juego no es solo una cuenta pública, sino el rumbo económico de nuestro país.
Gestionar o prorrogar. Reformar o resistir. Generar confianza o vivir de la incertidumbre. Los valencianos ya están viendo cuál funciona. España también tendrá que decidirlo, ya no admite más prórrogas.