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TRIBUNA LIBRE

Vara de Quart: el futuro aplazado, el presente perdido

Publicado: 24/01/2026 ·06:00
Actualizado: 24/01/2026 · 06:00
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En cada rincón de nuestras ciudades hay decisiones que marcan su porvenir. Algunas son visibles de inmediato: un nuevo puente, un rascacielos en la fachada marítima, una línea de metro, un jardín en un antiguo lecho fluvial. Otras, en cambio, se escriben con tinta invisible, en planes urbanísticos que definen qué ciudad queremos ser. La ciudad que pudimos ser. El polígono de Vara de Quart es uno de esos espacios decisivos para València. Y, lamentablemente, también es uno de esos lugares donde el futuro ha sido aplazado.

En los últimos años, trabajamos para transformar este antiguo enclave industrial en un Distrito Innovador: un entorno urbano capaz de integrar empresas tecnológicas, startups, centros de investigación y universidades, con el objetivo de crear valor, empleo de calidad y una economía del conocimiento enraizada en la ciudad.

No era una utopía. Era una propuesta seria y planificada, un proyecto decidido para ser trascendental y un modelo urbano con referentes sólidos: el 22@ de Barcelona, que desde principios de siglo ha convertido antiguos terrenos industriales en uno de los principales hubs de innovación de Europa; o el East London Tech City en Londres, donde se ha creado un clúster tecnológico de empresas de alta tecnología. Incluso Málaga -el ejemplo fetiche del actual gobierno municipal- apostó por este tipo de desarrollos con su Parque Tecnológico de Andalucía, clave en su reciente transformación.

El modelo del distrito innovador de Vara de Quart es la evolución de estos ejemplos, la mejor versión de experiencias previas de éxito europeo, aportando criterio a la densificación urbana con espacios verdes, viviendas asequibles y sedes de empresas tecnológicas.

Sin embargo, tras el cambio de gobierno en 2023, el rumbo cambió. La visión estratégica e innovadora fue reemplazada por la indefinición primero, y por una vuelta a modelos del pasado después. Lo que se perfilaba como un polo de conocimiento ha quedado reducido a un mosaico de actuaciones inconexas y desordenadas. Sin modelo. Sin proyecto. Sin futuro.

Recientemente se ha anunciado que “el Ayuntamiento trabaja en un proyecto específico para esta zona” y que “la zona va a sufrir una buena transformación”. Pero en realidad, lo que está ocurriendo es una cesión de la planificación urbana a los intereses privados atomizados, sin un proyecto global, sin una visión compartida con los agentes económicos locales, sin la participación ciudadana y, lo que es más grave, sin ambición.

Es cierto que hay inversiones relevantes. Por ejemplo el centro de datos de Nethits, con 60 millones de euros y la creación de 600 empleos directos e indirectos, o la ampliación de los centros de Mercadona y Saltoki. Pero esto no es incompatible con construir algo más grande, más estratégico y más transformador.

Como recuerda el urbanista Richard Florida, creador del concepto de “clase creativa”, las ciudades que más crecen no son las que se limitan a atraer empresas, sino aquellas que fomentan comunidades de innovación, diversidad y talento, capaces de crear ecosistemas sostenibles a largo plazo donde la gente quiera quedarse, crear y crecer.

En lugar de una oportunidad para convertir Vara de Quart en el epicentro de una nueva economía para València, junto al polo de La Marina, se ha optado por consolidar un modelo sin planificación que no transforma la estructura productiva ni genera sinergias. En definitiva, continuar con lo que hay sin pensar en lo que podría haber.

Esto no va de rechazar la inversión privada. Al contrario: va de canalizarla a través de una visión de ciudad donde la innovación y el urbanismo se den la mano. Como defiende la economista Mariana Mazzucato, el sector público no debe limitarse a facilitar la actividad económica, sino a liderar misiones transformadoras que definan el rumbo colectivo.

València tenía (y tiene) en Vara de Quart la oportunidad única de diseñar un nuevo polo de desarrollo económico urbano: conectado con sus universidades, con el ecosistema emprendedor, con el tejido empresarial e industrial que nos rodea, con los centros de investigación y tecnológicos, y con una red de vivienda, transporte y espacios públicos pensada para atraer y retener talento. Una apuesta clara para ofrecer un futuro mejor a nuestros jóvenes, a nuestro talento local, y mejorar sustancialmente la calidad de vida de quienes tenemos la suerte de poder vivir en esta ciudad.

Hoy, esa oportunidad se diluye. Se fragmenta. Sin planificación, sin gobernanza, sin colaboración. El proyecto de distrito innovador es una hoja de ruta para posicionar a València como referente de la economía del conocimiento, con empleo de calidad, sostenibilidad y arraigo territorial.

¿Estamos a tiempo de rectificar? Sí. Pero hace falta valentía política, visión de futuro y voluntad de diálogo real con todos los actores implicados. Porque cada metro cuadrado de ciudad que se planifica sin pensar en las próximas generaciones es una oportunidad perdida.

Y en Vara de Quart, no hablamos solo de urbanismo, sino del modelo de ciudad que queremos construir: una València del conocimiento, o una ciudad que se resigna a reproducir modelos del siglo XX.

Javier Mateo es concejal del PSPV en el Ayuntamiento de València

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