Hay cifras económicas que tranquilizan cuando se analizan por separado y preocupan cuando se observan en conjunto. España sigue creciendo, por encima de buena parte de sus socios europeos. El empleo resiste, el consumo mantiene dinamismo y en los últimos años hemos recibido una inyección extraordinaria de recursos procedentes de Europa.
Podríamos concluir que la situación es razonablemente buena. Y en parte lo es. Pero solo estaríamos viendo una parte de la fotografía.
Hace unos días se conocía que la deuda de las Administraciones Públicas españolas ha alcanzado un nuevo máximo histórico: 1,763 billones de euros. Sin embargo, la ratio sobre PIB se sitúa en el 101,5 %, casi dos puntos menos que hace un año.
¿Cómo es posible deber más y estar relativamente menos endeudados? Porque el PIB ha crecido. Y esta aparente paradoja encierra una de las cuestiones centrales de los próximos años.
La sostenibilidad de una economía depende de la relación entre tres variables: crecimiento, deuda y coste de financiación. Y las tres están empezando a cambiar.
El Banco de España (2026) prevé un crecimiento del 2,3 % en 2026, que se moderaría al 1,7 % en 2027, frente al 2,8 % de 2025. No es una recesión, pero sí una desaceleración. También se observa pérdida de impulso en la inversión y una inflación aún relevante, que solo se moderaría gradualmente (Banco de España, 2026).
Mientras los recursos llegan y la economía crece, todo parece sostenible. El problema aparece cuando el ciclo cambia"
Este escenario coincide con el final de uno de los mayores programas de estímulo de nuestra historia reciente. Desde 2021, los fondos Next Generation han supuesto una inyección extraordinaria destinada a inversión, digitalización, transición energética y modernización económica.
Una oportunidad histórica. Pero también temporal.
Los fondos europeos se acabarán.
Y la cuestión clave no es cuánto se ha gastado, sino qué quedará cuando dejen de llegar esos recursos.
Más productividad. Mejores empresas. Más inversión privada. Mayor capacidad tecnológica. Una Administración más eficiente. Me temo que no. Porque en economía existe un riesgo bien conocido: financiar gastos permanentes con ingresos extraordinarios.
Mientras los recursos llegan y la economía crece, todo parece sostenible. El problema aparece cuando el ciclo cambia.
Díaz y Marín (2025) señalan que la mejora de la deuda autonómica sobre el PIB se explica sobre todo por el crecimiento del denominador, no por una corrección estructural del saldo fiscal. Ha mejorado el denominador, pero no necesariamente el numerador.
El problema no es solo cuánto se debe, sino cuánto crecimiento futuro habrá para sostenerlo y cuánto costará financiarlo"
A ello se suma una variable clave: los intereses de la deuda. El fin de los tipos cero ha elevado con fuerza su coste. El gasto en intereses de las comunidades autónomas pasó de 3.608 millones en 2022 a 7.452 millones en 2024, y seguirá aumentando (Díaz y Marín, 2025).
El problema no es solo cuánto se debe, sino cuánto crecimiento futuro habrá para sostenerlo y cuánto costará financiarlo.
Cada euro en intereses es un euro menos para políticas públicas esenciales.
España sigue creciendo y el Banco de España prevé una reducción gradual de la deuda sobre PIB hasta el 97,9 % en 2027 (Banco de España, 2026). Pero precisamente los periodos de crecimiento son los momentos en los que una economía debe prepararse para el siguiente ciclo.
Las empresas lo hacen: invierten, reducen deuda y mejoran productividad cuando pueden. Los países deberían hacer lo mismo.
Por eso la cuestión no es solo si habrá desaceleración —que es inevitable—, sino si estos años excepcionales han servido para aumentar la capacidad de crecimiento futuro.
Los fondos europeos se acabarán. Lo incierto es qué economía dejarán tras de sí"
Si los fondos europeos han impulsado productividad, inversión privada y reformas estructurales, habremos aprovechado una oportunidad histórica.
Si no, el próximo ciclo llegará con menos margen fiscal, más deuda y mayor presión de intereses.
En este sentido, el final de los fondos europeos exige tres prioridades: revisar el gasto estructural para hacerlo sostenible, concentrar la inversión pública en proyectos con impacto en productividad y reforzar las reformas que impulsen el crecimiento a largo plazo.
Las economías, como las empresas, no suelen tener problemas cuando los ingresos crecen. Los problemas aparecen cuando dejan de hacerlo.
Los fondos europeos se acabarán. Lo incierto es qué economía dejarán tras de sí.
Una economía más productiva y resiliente. O una economía acostumbrada a gastar más mientras los recursos eran abundantes.
Esa será la verdadera prueba.
Me temo que no la pasaremos. Como en tantas cosas … nunca pasa nada: España va bien.
Isabel Martínez Conesa
Catedrática de la Universidad de Murcia y directora de la Cátedra de Mujer, Empresaria y Directiva
Referencias
Banco de España. (2026). Proyecciones macroeconómicas e informe trimestral de la economía española. Junio de 2026. Banco de España.
Díaz, M., & Marín, C. (2025). Estimación del gasto futuro en intereses de la deuda pública de las CC. AA. (2022-2028) (Apuntes 2025/28). FEDEA.