La ingeniería invisible que cuida: del páncreas artificial a la protonterapia

plazapodcast

El Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Valencia aborda con José Luis Díez Ruano y María José Picazo el trabajo que convierte algoritmos, aceleradores de partículas e infraestructuras complejas en una atención sanitaria segura y personalizada

Suscríbe al canal de whatsapp

Suscríbete al canal de Whatsapp

Siempre al día de las últimas noticias

Suscríbe nuestro newsletter

Suscríbete nuestro newsletter

Siempre al día de las últimas noticias

La medicina más avanzada no comienza ni termina en la consulta. Detrás de un sensor que mide la glucosa, de un algoritmo que calcula una dosis de insulina, del aire limpio de un quirófano o de un acelerador capaz de tratar un tumor con gran precisión hay años de investigación, diseño, validación y mantenimiento. Hay, en definitiva, ingeniería.

¿Cómo funciona un páncreas artificial? ¿Qué debe ocurrir para que una innovación desarrollada en un laboratorio pueda utilizarse con pacientes? ¿Cómo se instala un acelerador de partículas en un hospital que no puede interrumpir su actividad? ¿Y qué papel desempeñan los ingenieros industriales en una atención sanitaria cada vez más tecnológica?

En este nuevo episodio de Con ingenio y a lo loco, el pódcast del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Valencia, recorremos el camino que va desde los datos y los algoritmos hasta las instalaciones hospitalarias que permiten aplicar una tecnología con seguridad. Dos ámbitos aparentemente distintos que comparten una misma finalidad: cuidar mejor.

José Luis Díez Ruano, ingeniero industrial, profesor titular de la Universitat Politècnica de València, investigador del Instituto Universitario de Automática e Informática Industrial y codirector de Tecnodiabetes, explica cómo la ingeniería contribuye al desarrollo de nuevas tecnologías para la diabetes tipo 1.

Un páncreas artificial integra tres elementos esenciales: un sensor que mide la glucosa, un algoritmo que procesa esa información y calcula la dosis necesaria y un dispositivo que administra la insulina. Los sistemas disponibles actualmente son híbridos, ya que todavía necesitan que el paciente comunique cuándo va a comer o hacer ejercicio. El gran reto es avanzar hacia soluciones más automáticas, capaces de anticiparse y adaptarse a cada persona y a cada momento.

Una persona con diabetes puede llegar a tomar alrededor de 180 decisiones diarias relacionadas con la gestión de su enfermedad. Reducir esa carga es uno de los objetivos de Tecnodiabetes, que también desarrolla simuladores y herramientas gamificadas para que los niños y sus familias aprendan en un entorno seguro. Estos gemelos digitales permiten comprobar los efectos de distintas decisiones sobre un paciente virtual, evitando que el aprendizaje dependa únicamente de equivocarse sobre el propio cuerpo.

La otra mirada del episodio la aporta María José Picazo, ingeniera industrial, doctora en Ingeniería y Producción Industrial, subdirectora económica de Infraestructuras del Departamento de Salud Valencia La Fe y presidenta de la Asociación de Ingeniería Hospitalaria de la Comunidad Valenciana.

Un hospital funciona las 24 horas y no puede detener su actividad para realizar una reparación o renovar una instalación. Por eso necesita sistemas redundantes, alimentación eléctrica alternativa, climatización capaz de garantizar la esterilidad de los quirófanos y una monitorización constante de las infraestructuras. Gran parte de este trabajo permanece fuera de la vista del paciente y de los propios profesionales sanitarios. Su éxito consiste, precisamente, en que nadie perciba toda la complejidad que existe detrás.

Picazo participa actualmente en la implantación del nuevo centro de protonterapia de La Fe, un proyecto que integra un acelerador de partículas en el corazón de un hospital en funcionamiento. La instalación requiere un edificio de más de 5.500 metros cuadrados, búnkeres con muros de hormigón de casi tres metros de espesor, una precisión estructural inferior al milímetro y sistemas energéticos especialmente fiables.

La coordinación resulta tan importante como la tecnología. Ingenieros, arquitectos, radiofísicos, profesionales sanitarios, especialistas informáticos, constructores y técnicos del fabricante deben analizar cada decisión desde una perspectiva técnica, asistencial y de seguridad. El objetivo es transformar una infraestructura extraordinariamente compleja en una realidad clínica capaz de funcionar sin interferir en la atención diaria del hospital.

El episodio también examina el recorrido que debe completar una innovación antes de llegar al paciente. No basta con que una tecnología funcione correctamente en el laboratorio. Los dispositivos médicos deben superar procesos de validación, ensayos clínicos y estrictos controles de calidad, además de contemplar su fabricación, mantenimiento y vigilancia durante toda la vida útil.

La incorporación de la inteligencia artificial plantea nuevos desafíos. Frente a los algoritmos convencionales, cuyo funcionamiento ha sido programado paso a paso, algunos sistemas de inteligencia artificial toman decisiones a partir de aprendizajes que no siempre resultan fáciles de explicar. Demostrar que actuarán correctamente en todas las circunstancias será una cuestión decisiva para generar confianza y cumplir las exigencias regulatorias.

En los hospitales, la digitalización y el mantenimiento predictivo permiten detectar señales de desgaste antes de que se produzca una avería, planificar mejor las intervenciones y reducir las paradas imprevistas. El futuro apunta hacia infraestructuras más automatizadas, habitaciones con sensores discretos y dispositivos médicos personalizados que acompañen al paciente sin convertirse en una carga.

Trabajar en este ámbito exige una formación técnica multidisciplinar, pero también capacidad para escuchar y colaborar. El ingeniero industrial debe comprender las necesidades del personal clínico y de los pacientes para traducirlas en algoritmos, equipos, espacios e instalaciones que funcionen en condiciones reales.

Con ingenio y a lo loco muestra en este episodio una ingeniería que casi nunca ocupa el primer plano, pero que sostiene buena parte de la atención sanitaria. Desde el dato que se convierte en una dosis hasta el edificio que alberga un acelerador de partículas, la tecnología cuida cuando mejora la calidad de vida y permite ofrecer una medicina más segura, humana y personalizada.

Recibe toda la actualidad
Valencia Plaza

Recibe toda la actualidad de Valencia Plaza en tu correo