El postre suele ser un plato que llega en desventaja. Ya has comido bien, de entrantes y principal; has bebido bien, y a gusto. A veces dices que no quieres postre, solo café, que estás lleno. Pero ante esta tartaleta de manzana con helado de vainilla uno no puede decir que no. Desde que la pides hasta que te la traen a la mesa, tarda en llegar unos doce minutos, porque la hornean en el momento. Te la sirven caliente, dorada, redonda, tierna, cremosa por dentro y algo crujiente por fuera, jugoso el centro al mezclarse poco a poco el helado. Es un sol de manzana. Ya ves, pensábamos que el sol es de naranja (o de piña). Pero resulta que el sol es de manzana, y dulce.
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