Los municipios afectados por la Dana interesados en impulsar comunidades energéticas, formación ciudadana y herramientas para combatir la pobreza energética podrán presentar su candidatura hasta el próximo 30 de junio para participar en Tejiendo Energía Justa, un proyecto impulsado por Avaesen, AeioLuz y Catarroja Renovable con el apoyo de Fundación EDP.
La iniciativa seleccionará tres municipios, además de Catarroja, que actuará como experiencia piloto, para desarrollar durante los próximos 24 meses talleres ciudadanos, formación para técnicos municipales y que contará con Oficinas Verdes de asesoramiento energético. El objetivo es acercar las energías renovables a la ciudadanía, fomentar modelos de autoconsumo colectivo y ofrecer herramientas prácticas para reducir la vulnerabilidad energética.
Los municipios participantes recibirán acompañamiento técnico para organizar charlas abiertas a la ciudadanía, formación especializada dirigida a personal municipal y servicios sociales, así como asesoramiento individualizado para vecinos y vecinas a través de las denominadas Oficinas Verdes.
El programa parte de la consideración de que la transición energética parece muchas veces un concepto abstracto, que se entiende mejor cuando se explica como una herramienta para mejorar la vida cotidiana de las personas, especialmente de quienes más dificultades tienen para llegar a final de mes.
Aunque uno de los principales focos del programa son las familias vulnerables, sus impulsores insisten en un problema mucho más amplio: el desconocimiento generalizado que existe sobre el consumo energético, las facturas eléctricas y las posibilidades reales de ahorro económico, social y ambiental que ofrecen las energías renovables y las comunidades energéticas.

- Folleto explicativo del programa Tejiendo Energía Justa.
- Foto: AVAESEN
Más que instalar placas solares
Carlos Seguí, representante de Avaesen, la entidad que actúa como coordinadora del proyecto, explica que “la catástrofe de la Dana dejó, junto a daños humanos y materiales, un montón de familias cada vez más expuestas a la pobreza energética”. Seguí incide en que la transición energética no puede limitarse a instalar paneles solares o promover inversiones tecnológicas. “Tiene que servir también para proteger y ayudar a personas que puedan sufrir riesgos de vulnerabilidad”, señala.
El proyecto pretende precisamente unir tres ámbitos que rara vez trabajan de manera coordinada: el ecosistema energético, los servicios sociales municipales y la ciudadanía organizada a través de comunidades energéticas locales. Tejiendo Energía Justa no pretende sólo fomentar la generación de energía renovable, persigue además construir redes comunitarias capaces de reducir desigualdades y democratizar el acceso a la energía.
Las comunidades energéticas permiten que la ciudadanía se organice para producir y compartir energía renovable de manera local. Una fórmula especialmente importante para personas que no disponen de tejado o capacidad económica suficiente para instalar placas solares de manera individual.
Salva Moncayo, miembro del Consejo Rector de Catarroja Renovable, lo resume de forma sencilla: “La ciudadanía se puede organizar para producir energía de manera local, y es tan sencillo como eso”. Sin embargo, la realidad demuestra que estos modelos cooperativos encuentran dificultades para incorporar a personas en situación de vulnerabilidad. Muchas familias no pueden asumir inversiones iniciales de 1.200 o 1.800 euros para participar en instalaciones colectivas.
Por eso Catarroja Renovable llevaba tiempo intentando encontrar fórmulas solidarias antes incluso del nacimiento de este proyecto. “Ya contábamos con un capital donado por terceros y por la misma cooperativa para que un porcentaje de la producción de las plantas fotovoltaicas fuese dirigido a familias vulnerables”, explica Moncayo.
Ahora, gracias a Tejiendo Energía Justa, pretenden estructurar y documentar un modelo replicable que permita conectar la energía producida con familias que realmente la necesiten. “La idea es establecer esa línea conductora entre el kilovatio hora producido por la Comunidad Energética Local y la familia vulnerable que lo necesite”, señala. El reto es, más que técnico, administrativo y social, porque detrás de la pobreza energética existe una enorme complejidad burocrática y una profunda desconfianza ciudadana hacia el sector eléctrico.
Entender la factura de la luz, asignatura pendiente
Uno de los aspectos que más se repite en las entrevistas con las tres entidades participantes es el enorme desconocimiento existente sobre cómo funciona el mercado energético. AeioLuz, cooperativa especializada en alfabetización energética y acompañamiento social, será la encargada de impartir las formaciones tanto a ciudadanía como a técnicos municipales.
“Somos especialistas en explicarlo fácil”, afirma Nuria Baeza. “No vendemos luz, no instalamos placas solares, no somos comercializadora. Nos dedicamos a explicarle a la gente cómo puede poner en marcha cambios para hacer efectiva una transición ecológica”.

- Imagen de una formación sobre transición energética desarrollada por Avaesen.
- Foto: AVAESEN
Ese trabajo pedagógico es fundamental porque muchas familias pagan mucho más de lo necesario simplemente por desconocimiento. “Las familias no saben y compran tarifas muy caras”, explica Baeza. “La cuantía de las facturas no se debe muchas veces a malos hábitos de consumo, sino porque pagan el kilovatio muy caro y no lo saben”, añade.
Por eso las formaciones arrancan desde lo más básico: aprender a leer una factura eléctrica. “La pregunta mágica es a cuánto pagas el kilovatio hora. Y eso mucha gente ni siquiera sabe localizarlo en su factura”, asegura. Ese desconocimiento afecta a toda la sociedad, no solo a colectivos vulnerables y a las personas mayores afectadas por la brecha digital.
Oficinas Verdes y asesoramiento personalizado
Además de talleres y charlas abiertas, el proyecto pondrá en marcha las denominadas Oficinas Verdes, un servicio itinerante de asesoramiento individualizado. Profesionales especializados se desplazarán a los municipios participantes para atender a la ciudadanía, analizar facturas y ofrecer recomendaciones prácticas para reducir el gasto energético.
En esas sesiones se revisarán contratos, tarifas, hábitos de consumo y posibles cambios de comercializadora. También se informará sobre las posibilidades que ofrecen las comunidades energéticas y el autoconsumo colectivo.
“Simplemente dedicando tiempo a optimizar las facturas conseguimos ahorros que liberan parte del presupuesto familiar para otras necesidades”, explica Nuria Baeza. “Para pagar el alquiler, comprar comida o arreglar un electrodoméstico”.
La iniciativa también pretende desmontar numerosos mitos asociados al sector energético.“Hay personas que piensan que si cambian de compañía se van a quedar sin luz”, comenta Baeza. “Hay mucha desinformación e interés por parte de las grandes compañías en que nos conformemos y desistamos de cambiar nuestro contrato”, añade Moncayo por parte de Catarroja Renovable.
Formación para técnicos municipales y servicios sociales
Para generar confianza en la ciudadanía, especialmente entre los más vulnerables se configura otro de los pilares del proyecto, que es la capacitación de técnicos municipales y personal de servicios sociales. Según los responsables del programa, muchos ayuntamientos cuentan con herramientas para actuar ante emergencias sociales, pero no siempre tienen conocimientos específicos para detectar y abordar situaciones de pobreza energética.
Por eso AeioLuz impartirá formación especializada para que los profesionales municipales puedan identificar problemas relacionados con suministros, contratos eléctricos o vulnerabilidad energética. “Muchas veces los equipos técnicos no tienen tiempo para ahondar en las razones que mantienen a las familias en esa situación”, explica Baeza. El objetivo es que los propios ayuntamientos puedan acompañar mejor a la ciudadanía y reducir situaciones de exclusión vinculadas al acceso a la energía.
Catarroja como punto de partida
Catarroja será el primer municipio donde comenzarán las acciones del proyecto. Allí, Catarroja Renovable ya cuenta con una comunidad energética en funcionamiento y su experiencia servirá para poner en marcha protocolos, detectar dificultades y generar documentación que posteriormente pueda replicarse en otros municipios.
“La idea es que la experiencia de Catarroja Renovable se pueda escalar”, explica Moncayo. “Generar tutoriales y procedimientos para que alguien que quiera hacerlo en otro contexto pueda utilizar lo que pongamos en práctica”.
Actualmente, el proyecto se encuentra en fase inicial y abierto a incorporar otros tres municipios afectados por la Dana. Según Avaesen, lo único que necesitan de los ayuntamientos interesados es colaboración para organizar formaciones, facilitar espacios y ayudar en la conexión con ciudadanía y servicios sociales. “No pedimos más que tiempo y facilitar el acceso al municipio”, resume Carlos Seguí.
Energía, justicia social y derecho ciudadano
Más allá del ahorro económico o de la instalación de renovables, Tejiendo Energía Justa reivindica una idea de fondo: la energía como derecho. AeioLuz forma parte de la Red Estatal por el Derecho a la Energía y defiende que cualquier persona debería poder acceder a un suministro básico asequible y digno. Y en territorios marcados por la Dana, donde muchas familias todavía intentan reconstruir sus vidas, esa cuestión adquiere todavía más relevancia.
También existe una dimensión climática evidente. La Dana dejó al descubierto las consecuencias del cambio climático y reforzó la necesidad de acelerar modelos energéticos más sostenibles y descentralizados. “Tenemos claro que es mejor que la energía que utilizamos no pase por el estrecho de Ormuz”, apunta Salva Moncayo, defendiendo la importancia de producir energía localmente y reducir dependencias externas. Pero el proyecto también quiere recuperar algo más intangible: la dimensión colectiva y humana de la transición energética.
Moncayo lo expresa de manera poco habitual en el discurso energético: “Estamos instalados en un discurso del odio y yo creo que tenemos que hablar más de amor y de afectos”. Porque, en el fondo, Tejiendo Energía Justa no solo habla de electricidad. Habla de cooperación, de comunidad y de construir modelos más justos desde lo local.
En definitiva, se trata de que se vea la transición energética no como una cuestión tecnológica, sino una herramienta social, capaz de reducir desigualdades, fortalecer a la comunidad y devolver capacidad de decisión a la ciudadanía sobre algo tan básico como la energía que consume cada día.
Los ayuntamientos interesados en participar en Tejiendo Energía Justa podrán presentar su candidatura hasta el próximo 30 de junio a través de las entidades impulsoras del proyecto.