VALÈNCIA (EFE). El portero del edificio en el que residía el canónigo emérito de la Catedral de València que fue asesinado en enero de 2024 ha testificado este lunes que era "muy frecuente" el acceso de "chicos" a la vivienda del sacerdote, la mayoría "personas muy necesitadas" y algunos de ellos con problemas de adicción a las drogas.
Este conserje ha sido el primer testigo en declarar en el juicio, con jurado, que se ha iniciado este lunes en la Audiencia Provincial de Valencia contra el único acusado del asesinato del sacerdote, para el que la Fiscalía pide veinte años de prisión por el delito de asesinato, cinco años por robo con violencia y otros tres años de cárcel por otro delito continuado de estafa.
El fiscal considera que el acusado, quien mantenía una relación de amistad desde hacia meses con el canónigo, facilitó la entrada al autor del crimen, que no ha sido identificado, y que hay "indicios" de que "tuvo participación directa, eficaz y decisiva en los hechos", por lo que le considera "coautor o partícipe necesario".
La defensa del acusado, por su parte, señala que "no existe ninguna huella del acusado, ni rastro alguno de su ADN en la vivienda", ni tampoco imágenes suyas en las cámaras de seguridad que en su día visionó la Policía, ni testigo que le viera entrar o salir esa noche del inmueble.
En su declaración ante el juzgado, el acusado sí que reconoció haber usado fraudulentamente la tarjeta de la víctimas, con la que hizo cuatro reintegros en el cajero automático, dos de ellos de 300 euros y otros dos de 600 -un total de 1.800 euros-, de los que 875 le fueron intervenidos por la Policía.
También hizo compras y consumiciones que pagó con la tarjeta, por un importe total de 527 euros, por lo que el total defraudado ascendería a 2.327 euros.
La defensa considera que los hechos son constitutivos de un delito continuado de estafa pero que no existe una responsabilidad penal por la muerte del sacerdote y pide una condena de un año de cárcel y, en concepto de responsabilidad civil, indemnizar a la familia de la víctima con el pago de 1.452 euros.
La primera jornada del juicio, que está previsto que se prolongue hasta el 3 de febrero, ha comenzado con el testimonio del portero del edificio en el que residía el sacerdote, de 79 años de edad, y donde se produjo su asesinato, en la calle Avellanas, en pleno centro histórico de València y a escasos metros del Palacio Arzobispal y la Catedral.
El hombre ha relatado que al piso del sacerdote subían frecuentemente jóvenes varones, "personas muy necesitadas", algunos de ellos con problemas de adicción a las drogas y "decaídos".
Ha relatado que fue testigo de varios incidentes, como el de un joven que bajó por las escaleras gritando que "iba a denunciar" al sacerdote porque había intentado propasarse con él.
Una situación que "como creyente", ha añadido, le resultaba "dolorosa" y "repugnante", en mayor medida por parte de un clérigo de esa categoría.
Sobre el acusado, ha manifestado que le conocía de vista, de haberlo visto en el edificio "dos o tres veces como máximo", pero que no le levantó "ninguna sospecha".
En cuanto al día del crimen, ha relatado que la jornada siguiente, a primera hora de la mañana, recibió un mensaje a su móvil del canónigo en el que le decía que se iba a ausentar hasta el fin de semana y que le extrañó cómo estaba escrito.
Ese mismo día, sobre las 12:15 horas, apareció un amigo de confianza del canónigo y le advirtió de que creía que algo raro ocurría porque el sacerdote no le cogía el teléfono.
Llamaron a la puerta pero nadie contestaba, entraron en la vivienda y descubrieron el cadáver en la cama, tumbado boca arriba, la cama revuelta, "como de haberse usado", y ambos sufrieron un ataque de nervios.
Ha relatado también que cuando salió de la vivienda recibió un segundo mensaje desde el móvil del canónigo que le decía: "¿Miguel, está todo bien?" y llamaron no recuerda si al 112 o al 091.
El portero ha señalado que el canónigo tenía un carácter "complicado" y que ambos mantenían una relación correcta a pesar del "asco" que asegura sentía al saber lo que hacía en el piso, en referencia al trasiego de jóvenes, a quienes además dejaba a veces encerrados en la vivienda.
La defensa del acusado considera que ha podido haber "presiones" para "aligerar" la investigación "a sabiendas de que no estaba siendo profunda".
València
El portero del edificio donde asesinaron al canónigo: "El acceso de chicos era frecuente"
- Juicio con jurado popular contra el hombre acusado de matar en enero de 2024 al canónigo.
- Foto: EFE/ANA ESCOBAR
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