VALÈNCIA. Catedrático emérito de Geografía Humana en la Universitat de València y conseller de Educación y Ciencia de la Generalitat Valenciana entre 1993 y 1995, Joan Romero (Albacete, 1953) es una de las voces intelectuales de mayor peso en el análisis de la gobernanza territorial y las políticas públicas. Su dilatada trayectoria llevó al Ayuntamiento de València a encargarle elaborar las bases del futuro Plan Director Metropolitano.
En esta entrevista en Valencia Plaza, Romero analiza los principales retos a los que se enfrenta la Gran València. A lo largo de la conversación, el catedrático aborda la necesidad de superar la fragmentación administrativa, las claves para articular la movilidad y el acceso a la vivienda a escala metropolitana, así como los mecanismos de cooperación institucional necesarios para dar respuesta a las demandas de la ciudad real.
¿Cómo surge el encargo del Ayuntamiento de València para elaborar un Plan Director Metropolitano?
El punto de arranque fue la celebración de la primera conferencia de expertos sobre cambio climático, territorio y riesgos ambientales en el Mediterráneo Ibérico. Fue una conferencia que reunió a todas las universidades y centros de investigación de Cataluña, la Comunitat Valenciana, Murcia, Andalucía y Baleares, tras la Dana.
Mi colega Ana Camarasa, catedrática de Geografía Física, y yo pensamos que Valencia estaba moralmente obligada a hacer algo serio y consistente. De aquel encuentro, en el que participaron más de 70 expertos, la última recomendación señalaba que es imperativo que las regiones del Mediterráneo incorporen la escala metropolitana en la planificación territorial y en las políticas de respuesta al cambio climático. Posteriormente celebramos varios seminarios y el Ayuntamiento de València se quiso incorporar a este proceso de estudio y nos ha permitido contar con un apoyo institucional que viene muy bien.
-¿Cuál es el objetivo de este Plan Director?
Estamos elaborando las bases para impulsar un Plan Director Metropolitano que es algo que deberíamos tener desde hace tiempo. España es una gran anomalía institucional y política en toda Europa en cuanto a la atención prestada a las áreas metropolitanas. Somos el único país de la Unión que no ha incorporado la escala metropolitana en su geografía administrativa. Salvo Barcelona, en el resto no existe.
Con estas bases intentamos tener un diagnóstico sobre qué está pasando en lo que defino como la "ciudad real": una gran región o área funcional que tiene entre 1,6 y 1,8 millones de habitantes, que afecta a algo más de 70 municipios y donde vive la mayor parte de la población de la provincia.
El sentido de elaborar estas bases es tener un buen estado de la situación de los procesos que tienen lugar en esta gran región metropolitana para que, inmediatamente después, se pueda impulsar un plan director si los actores políticos quieren.

- Foto: KIKE TABERNER
-¿En qué punto está la elaboración de estas bases?
Estamos elaborando las grandes áreas temáticas. Cada área tiene al frente a una comisión redactora académica y un responsable: vivienda, movilidad, gestión del agua, protección de la huerta, política territorial, etc.
En paralelo, y como segunda parte de estas bases, he querido que actores muy relevantes de nuestra sociedad den su opinión. Además de los documentos elaborados por expertos académicos, habrá documentos estratégicos elaborados por la Cámara de Comercio, la Confederación Empresarial Valenciana (CEV), Comisiones Obreras, UGT y algunos colectivos sociales, como los Comités Locales de Reconstrucción (CLER). A partir de ahí presentaremos a la ciudadanía el estado de la situación el 18 de diciembre de 2026 para que cada cual saque sus conclusiones y tome sus decisiones.
-¿Incluidos los actores políticos?
Especialmente los actores políticos. Comencé a ocuparme de esto en 1999 no por casualidad, sino porque en ese año se disolvió el Consell Metropolità de l'Horta, la primera iniciativa que hubo en España para intentar aproximarse a la realidad metropolitana. Pero en lugar de avanzar, como hicieron otros países de la Unión Europea, en esos años decidimos ir hacia atrás y disolver lo poco que teníamos. Ese mismo año, en Francia decidieron acelerar y pusieron en marcha una iniciativa legislativa para que los municipios crearan mecanismos de cooperación entre ellos.
En toda Europa existen entes metropolitanos dedicados a estas materias. Veintidós en Alemania, veinte en Francia y multitud en Italia. El actual primer ministro británico fue alcalde del Gran Mánchester. Los obstáculos para avanzar en esta escala en España son estrictamente políticos. Pero es que incluso dentro de España en València estamos rezagados respecto a Bilbao, Sevilla, Málaga o Tarragona en la coordinación metropolitana.

-¿Ha cambiado el escenario desde 1999?
Sobre todo después de la Dana he notado un cambio de opinión importante en favor de la necesidad de impulsar algún tipo de gobernanza metropolitana. Lo he notado en los empresarios, en la Cámara de Comercio, los sindicatos, en colectivos ciudadanos y los medios de comunicación. También en algunos actores políticos, aunque en menor grado. Se han acortado las distancias entre el saber y la realidad. La comunidad científica ya tenía acreditado que había que incorporar esta escala metropolitana en la gestión pública.
-¿Fue la Dana el punto de inflexión que evidenció que hay problemas que no atienden a las fronteras municipales?
La Dana evidenció que había tenido lugar una catástrofe metropolitana sin ningún tipo de mecanismo de gobernanza metropolitana y que las rutinas políticas seguían sin incorporar la escala metropolitana, incluso en el proceso de reconstrucción, con dos planes inconexos de las distintas administraciones. Evidenció también que los gobiernos locales están insuficientemente equipados y llevan cuatro décadas esperando una revisión de sus capacidades, competencias y recursos. Y evidenció, en cuarto lugar, que "local" no significa "municipal", sino escala subregional.
Todo esto lo han visto con claridad los empresarios, los sindicatos, la Cámara de Comercio y los medios. El reto es conseguir que se incorpore definitivamente en la agenda política.

- Foto: KIKE TABERNER
-¿Qué tiene que pasar para que este plan director no se quede en un excelente diagnóstico guardado en un cajón, sino que se traduzca en políticas concretas?
He pasado de escéptico constructivo a moderadamente optimista en el último año y medio. Creo que la toma de conciencia sobre la necesidad de adoptar políticas públicas coordinadas ha avanzado. Pero el futuro del área metropolitana de Valencia será lo que los actores políticos quieran que sea.
Quienes toman decisiones deben entender que nuestro modelo de Estado descansa sobre principios fundamentales como la lealtad institucional y la coordinación. Es un Estado compuesto con tres pilares: central, autonómico y local. Hay un ámbito muy importante de políticas públicas que requieren de la coordinación entre los tres.
El problema de la movilidad no se resolverá si no hay una coordinación efectiva y recursos compartidos entre el Gobierno central, la Comunidad Autónoma y los gobiernos locales. De nada sirve que cada uno actúe por su cuenta cuando todos tienen competencias y recursos. Lo mismo ocurre con el problema de la vivienda a escala metropolitana.
-¿Cómo se articulan las competencias y la financiación en ese marco supramunicipal?
Todo pasa por dos conceptos fundamentales: coordinación y cooperación. El principio de coordinación remite a cierta jerarquía, mientras que el de cooperación es más horizontal, y ambos son concurrentes. Si quieres resolver la movilidad sostenible en la metrópoli de Valencia, tienes que contar simultáneamente con Adif, la Autoridad de Transporte Metropolitano y los gobiernos locales.
Debe haber un único mapa de movilidad con muchas capas superpuestas. Si no pones en un mapa conjunto cuánto va a invertir el Gobierno central en Cercanías, cuánto invertirá el autonómico en metro o autobús, y no cruzas esa información con dónde están los polígonos industriales y las áreas de expansión urbana, tendrás un problema estructural que afectará a la vida cotidiana de la gente. Eso es la gobernanza metropolitana y es la gran asignatura que tenemos pendiente.
-¿Cuál ha sido la factura de la ausencia de una gobernanza metropolitana en el caso de València?
Si no abordamos esto mediante un mecanismo de gobernanza o un plan director metropolitano vinculante en áreas como política territorial, movilidad, trazado de infraestructuras críticas, equipamientos de emergencias, seguridad o gestión del agua, seguiremos pagando una factura alta por no estar equipados para actuar de forma coherente a escala supramunicipal en estas materias.
Desde nuestra cátedra queremos contribuir a que los actores públicos y privados tengan argumentos para dar el salto. El mejor momento para haber dado un salto cualitativo en gobernanza metropolitana fue hace 20 años; el segundo mejor momento es ahora.

- Foto: KIKE TABERNER
-¿Por qué cuesta tanto incorporar esa mirada metropolitana?
Creo que la escala metropolitana no está todavía en la mente de los tomadores de decisiones. Si no está en la mente, no tiene traducción al BOE o al DOGV. Seguimos pensando en clave de estructuras de gobierno separadas, muy weberianas, divididas por departamentos, por ministerios o por consellerías. Y además, la polarización ha agudizado mucho que las administraciones trabajen por separado.
-En plena era de polarización, ¿no resulta utópico proponer un mecanismo basado en la cooperación entre administraciones?
Nuestro modelo de Estado, que es el que aprobamos todos, dice que los principios de coordinación, de lealtad institucional y de acuerdo son principios fundamentales. Si no los aplicamos, no habrá políticas públicas coherentes ni eficaces, despreciaremos muchas oportunidades y recursos, y complicaremos mucho la vida a la gente.
-¿Cómo se debe articular para que no se interprete como un plan de València para su área sino un plan del área metropolitana?
La propuesta tiene que ser para todo el mundo. En su momento, el presidente Ximo Puig me encargó explorar la posibilidad de impulsar una ley de áreas metropolitanas. Comprobé que no existían condiciones para transitar esa vía legislativa de arriba abajo, entre otras cosas porque el Estatuto de Autonomía requiere una mayoría cualificada de dos tercios en las Cortes Valencianas.
Por eso, tras la conferencia de expertos, concluimos que la mejor vía es un proceso de abajo hacia arriba: desde la escala local, los actores implicados, el tejido productivo y los colectivos sociales. Este proceso debe ser abierto, transparente, participado, horizontal, integrado, sin tutelas, con mirada larga y con liderazgos compartidos.
-¿Tiene el Cap i Casal la responsabilidad de liderar su área metropolitana?
No tiene y no debe ser así porque el área metropolitana de Valencia es policéntrica. Tiene una gran ciudad, pero también ciudades grandes como Paterna o Torrent, y nodos económicos fundamentales; por ejemplo, el principal polígono industrial de la provincia está en Riba-roja. En un entorno de casi 1,8 millones de habitantes y más de 70 municipios, la mirada debe ser conjunta, equilibrada y sin prevalencias. Tengo la esperanza de que se entienda que si no hacemos así las cosas a mucha gente le complicas la vida.

-¿Qué contenidos concretos aportará el documento que entregarán en diciembre?
Vamos a proponer un gran mapa metropolitano con capas superpuestas. A fecha de hoy no disponemos de un diagnóstico de conjunto actualizado. No sabemos con precisión cuántos trabajadores acuden diariamente a los polígonos industriales ni los flujos de movilidad exactos que derivan de ello. Tampoco tenemos datos robustos sobre el suelo disponible para edificar vivienda en el conjunto de los 70 municipios.
Lo que ofrecemos es una visión de conjunto basada en datos actualizados y cartografía básica: localización y conectividad de áreas industriales, disponibilidad de suelo residencial, mapa de emergencias y delimitación de zonas realmente inundables.
-Con todas estas herramientas sobre la mesa, la inacción resultará más difícil de justificar...
Al menos no podrán decir que no conocen. Confío en que a partir de mediados de 2027 los actores políticos asuman compromisos firmes que permitan crear, al menos, una oficina del plan director para sentar las bases definitivas de una política supramunicipal real. Yo espero que con muchos datos disponibles, los poderes públicos entiendan que aunque sean ‘adversarios’ deben sentarse en la misma mesa.

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-¿Considera que València entendida como ‘la Gran Valencia’ puede seguir creciendo sin colapsar?
Las costuras del Estado autonómico, después de la Dana, han saltado. El Estado autonómico, sin los tres principios que he dicho, funciona en el día a día, pero cuando llega una situación crítica, las costuras saltan. Empiezo a leer que ya no hay garantía de energía si hay un incremento de la oferta de vivienda o de empresas que se quieren instalar, porque hay una infradotación de subestaciones. Empiezo a ver situaciones de caos en Cercanías y esto nos indica que hay cosas que hemos desatendido durante mucho tiempo: movilidad y vivienda fundamentalmente. Y solo se podrá resolver desde la escala metropolitana.
-Señala la falta de coordinación entre administraciones pero, ¿hay falta de recursos?
Ha llegado la hora de cambiar la proporción de recursos que se destina a inversión en AVE frente a Cercanías. Entre 1995 y 2018 España invirtió 56.000 millones de euros en AVE y 3.600 en Cercanías. ¿Qué esperaban? La vida de la gente transcurre en la proximidad. España necesita un plan de vivienda asequible hasta 2040 coordinado entre todos los poderes públicos. Ni Casa47 ni el Plan Vive van a resolver el problema de la vivienda si no se abordan conjuntamente.
—¿La vivienda puede convertirse en una barrera de acceso a la Universidad?
La vivienda y la movilidad se están convirtiendo en un obstáculo para que familias modestas puedan hacer que sus hijos prosigan sus estudios. Que ya sea más caro alquilar una vivienda que pagar la matrícula significa que tenemos un problema muy grave. O que sea difícil garantizar que un estudiante que tiene clase a las ocho en Tarongers pueda llegar en transporte público, es un problema.