La incertidumbre de las nuevas generaciones del Mercado Central: "El futuro se lo comen los turistas"

València

  • Mercado Central de Valencia.
Suscríbe al canal de whatsapp

Suscríbete al canal de Whatsapp

Siempre al día de las últimas noticias

Suscríbe nuestro newsletter

Suscríbete nuestro newsletter

Siempre al día de las últimas noticias

VALÈNCIA (EP). Las nuevas generaciones de vendedores del Mercado Central de València han visto cómo este 'corazón' comercial de la ciudad del Turia se ha transformado radicalmente en las últimas décadas y ha virado desde la tradicional 'parada' a la que acudían los vecinos de siempre a un modelo en el que los numerosos visitantes internacionales pasean por sus instalaciones. Ante esta situación, comparten su incertidumbre y afirman que "el futuro se lo comen los turistas".

Un ejemplo es Violeta, una joven de 23 años que ha heredado el amor por el mercado de su padre y su tío, a quienes acompaña y ayuda. Reflexiona sobre el hecho de que el 'mercat' ha pasado a ser "un monumento turístico para sacar beneficios".

Su padre, David, siempre le cuenta que la imagen actual no tiene nada que ver con la de hace unas décadas, cuando aún se escuchaba "el habla" de la gente: "Si llega a desaparecer algún día, se perdería la esencia de la ciudad y de todos sus barrios, la esencia de ser valenciano. Y, ya no es tan solo su pérdida, es todavía peor: se trata de que la gente ya no lo conocería nunca", advierte. Violeta también alude al progresivo aumento de los supermercados, a los que cada vez acude más gente.

Aunque afirma que a veces surgen conversaciones espontáneas, ya no identifica el sentimiento de comunidad que existía antes: "Esta sensación es mínima y dentro de poco, será cero. Además, la gente que nos visita es muy mayor y cuando esas personas ya no estén, no habrá nadie que lo continúe", lamenta.

Por su parte, el propio David, que lleva trabajando en el mercado 42 años, recuerda que ha dedicado toda su vida al negocio familiar, transmitido de generación en generación. Después de haber pasado por numerosas paradas de uno de los núcleos más antiguos del comercio local valenciano, hoy en día, dedica casi todo su tiempo a vender lechugas y otras hortalizas

"Claro que he notado cambios", pronuncia el comerciante y añade: "Cada vez la gente compra menos producto para elaborar y yo lo que vendo es precisamente eso". En su día a día, se da cuenta de que los supermercados han comenzado a apostar por productos listos para consumir, como en su caso, las ensaladas preparadas. "Nos han quitado mucha demanda, porque la gente se ha vuelto cómoda", reconoce.

Con el paso de los años, ha observado que el comercio local ha experimentado una brecha notoria. Rememora que hace unas décadas, los habitantes venían expresamente a hacer la compra al mercado para disfrutar de productos frescos. En el contexto actual y frente a la expansión de las grandes cadenas, "el pequeño negocio es el primero en morir", porque el ámbito comercial se encuentra más limitado en cuanto a los horarios y la gente ha de desplazarse hasta ellos, reconoce.

El Ayuntamiento de València anunció el pasado mes de abril actuaciones de rehabilitación y restauración del Mercado Central, orientadas a recuperar elementos patrimoniales y modernistas del edificio y a mejorar el interior y la iluminación.

A pesar de las obras previstas, estos vendedores consideran que la principal problemática no es la estética del recinto, sino la progresiva desaparición del comercio de proximidad y su transformación en "un espacio cada vez más atrapado por el turismo": "Una red tradicional que se hunde", confiesa David.

  • Varios vendedores en el Mercado Central. 

"Como 'ninots indultats'"

Y, al plantearse el futuro del mercado, no duda en responder que "se lo comen los turistas". "Para ver el mercado y pasearse, súper, pero para que estemos aquí, como 'ninots indultats'", asevera.

Cerca del establecimiento de David se encuentra el de su hermano Javier, que también ha desarrollado toda su vida profesional en el mercado. Ante un mundo marcado por la globalización, se describe a sí mismo como "una especie en peligro de extinción".

Javier alerta también de la falta de relevo y recalca que una prueba de ello es la decisión de sus tres hijos de continuar por ámbitos laborales distintos.

El vendedor comenta que hay clientela que continúa apostando por la compra tradicional y que le demuestra que se aferra a la calidad y al sabor de sus productos. Sin embargo, analiza que el volumen vendido hace 30 años no tiene nada que ver con el de hoy en día: "No hay tantas familias numerosas y ya no se cocina en las casas como se hacía en el pasado".

No obstante, mantiene un poco de esperanza, porque aprecia que aquellos clientes que buscan calidad continúan acudiendo a ellos. En realidad, siente que la rivalidad de las grandes superficies ayuda al mismo tiempo a reconocer su distinción: "Quien busca una lechuga acabada de cosechar, se ha quedado siempre con nosotros".

Respecto al turismo, opina que el sector terciario es un motor económico imprescindible, pero hace falta establecer una racionalización adecuada para equilibrar la agricultura, englobada dentro del sector primario, la industria y el turismo. En unos años, Javier cree que los mercados municipales derivarán en un modelo convertido completamente en un lugar de visita turística. "No diría que es miedo a desaparecer", se sincera, "al final, la sociedad nos marca el ritmo".

Recibe toda la actualidad
Valencia Plaza

Recibe toda la actualidad de Valencia Plaza en tu correo