VALÈNCIA. La actualidad política municipal valenciana vuelve a girar alrededor del concejal de Patrimonio del Ayuntamiento de València, Juanma Badenas (Vox). Y, como ya es recurrente, no por gestión de gobierno, sino por una polémica que vuelve a colocar a la alcaldesa, María José Catalá, en una posición incómoda.
La difusión de las imágenes de las cámaras de seguridad, en las que se ve al concejal acceder sin permiso al local municipal cedido al Sindicat d’Estudiants se propagaron con rapidez en redes sociales este fin de semana y el propio sindicato ha anunciado que presentará una querella criminal contra Badenas por allanamiento, mientras la oposición exige su cese inmediato. Según la denuncia, Badenas habría accedido al local sin autorización ni aviso previo, forzando la cerradura y registrando las instalaciones mientras sus asesores graban la escena con un teléfono probablemente para elaborar contenido para las redes sociales del edil.
Para Catalá, el problema es doble. Por un lado, vuelve a enfrentarse a la presión de la opinión pública y de la oposición, que exige explicaciones y medidas ante el comportamiento de Badenas. Por otro, se reactiva una imagen que ha intentado contener desde 2025: la de una alcaldesa condicionada por un socio incómodo.
Su reacción, de momento, ha sido similar a anteriores crisis: prudencia y petición de informes jurídicos. De hecho, la alcaldesa evitó pronunciarse al respecto este lunes al ser preguntada sobre su opinión y optó por esperar a los citados informes.
No es una estrategia nueva. De hecho, tras la crisis de marzo de 2025 —cuando estalló el escándalo por el presunto amaño de contratos por parte de Badenas en Valencia Activa— Catalá decidió apartarlo del ejecutivo y solicitar también un informe jurídico. Sin embargo, la decisión duró poco: la aritmética se impuso y la alcaldesa terminó readmitiéndolo para sostener la mayoría.
El regreso, no obstante, fue limitado. Badenas volvió con la única competencia de la delegación de Patrimonio y perdió la tenencia de alcaldía y la portavocía de su partido. Desde entonces, son escasas sus intervenciones en los plenos y su actividad pública se ha desplazado en gran medida a las redes sociales.
El nuevo episodio vuelve a poner de relieve la peculiar realidad del gobierno municipal. Badenas representa un apoyo necesario para la estabilidad de la mayoría, pero también un foco de tensión por su imprevisibilidad política. Cada una de sus actuaciones abre frentes que la alcaldesa debe gestionar con cautela, calibrando el coste de cada decisión.
Por ahora, Catalá ha optado por escudarse en los informes jurídicos y requerir a Badenas una explicación por escrito sobre lo ocurrido. Está por ver, sin embargo, si dará algún paso más allá de esas medidas o si volverá a optar por una gestión de mínimos que le permita contener la crisis sin alterar el equilibrio de su gobierno.