València

EL CALLEJERO

Miguel, el Jack Nicholson del Roig Arena

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Miguel Perelló abre la puerta de su casa y los ojos del visitante se van hacia decenas de estímulos. Uno de los más llamativos es un cartel de ‘Her’, la sensacional película protagonizada por Joaquin Phoenix. Miguel dice que le encantó, que fue profética y, como de pasada, cuenta que es amigo de Spike Jonze, el director. “Trabajé con él en Los Ángeles”, suelta. Luego saldrán más nombres conocidos del mundo del cine con los que ha entablado mayor o menos amistad y rápidamente, tímido como es, intenta restarle importancia. Miguel Perelló es productor de cine y también se ha atrevido a dirigir alguna película. Ahora, a los 62 años, de vuelta a València, trabaja menos, selecciona más lo que hace y, sobre todo, disfruta de lo que le gusta.

Una de sus pasiones es el baloncesto. Miguel Perelló es el hombre, siempre vestido de negro, que se sienta justo al lado del banquillo del Valencia Basket. El aficionado al que a veces le toca quitar los pies porque pasa por delante Pedro Martínez. La afición le viene también de sus años en California, donde comenzó a frecuentar el Staples Center para ver los partidos de Los Angeles Lakers. Como hacía el actor Jack Nicholson, sentado con sus gafas de sol oscuras en la primera fila para convertirse en el fan más famoso de los Lakers de ‘Magic’ Johnson. Cuando el Valencia dejó la Fonteta para mudarse al Roig Arena, la mujer encargada de vender los asientos más caros llamó por teléfono a Miguel y le dijo que creía que le podrían interesar un par de localidades en primera fila al lado del banquillo del Valencia. No se lo pensó. Su economía le permitía pagar los 7.500 euros que cuesta cada localidad y empezó a sentarse junto al equipo. “Es una pasada”, concede.

Este productor, hijo de un político -fue presidente de la Diputación en tiempos de Franco y una persona determinante para que la Ford llegara a Almussafes- y una pintora, nació en València pero vivió varios años en Madrid. A los cinco regresó a su tierra y, con el tiempo, influido por su padre, se animó a estudiar Ciencias Políticas en la Complutense, de nuevo en la capital. Su padre estaba feliz, pero no sabía que lo que verdaderamente apasionaba al menor de sus cuatro hijos era el cine. Cada año mandaba una solicitud a la New York University para estudiar cine en una escuela con profesores como Spike Lee o David Mamet. Siempre se la denegaban, pero al final lo admitieron y le tocó enfrentar a su padre. “Él sabía de mi afición, lo aceptó y me ayudó para poder irme a vivir a Estados Unidos”.

  • Foto: KIKE TABERNER

A la vuelta se fue directamente a Madrid y en 1995 empezó a trabajar en Cartel, una productora emergente. “Hacía cuatro o cinco películas al año y me especialicé en coproducciones, especialmente con países sudamericanos. Soy un productor muy atípico, que lee mucho, y cuando eres así necesitas otra cosa, que es dirigir. Por eso he hecho siete películas”. Por el camino, lo llamaron para unificar las dos asociaciones de productores que había en la Comunitat Valenciana.

Se mudó a Los Ángeles

Miguel pasó 13 años en España antes de irse a trabajar a Los Ángeles. Primero estuvo fijo unos años y después se dedicaba a ir y venir. “Fue una pena porque si me llega a pillar con 30 años, me como Los Ángeles. Y ahora ya me dan mucha pereza esos viajes tan largos”.

Miguel tuvo la oportunidad de producir en España películas de tanto éxito como ‘La niña de tus ojos’, de Fernando Trueba, y la primera entrega de ‘Torrente, el brazo tonto de la ley’, de Santiago Segura, que superó los tres millones de espectadores. Jamás olvidará su primer gran proyecto cuando acudió a una reunión con los cuatro grandes: Enrique Cerezo, Andrés Vicente Gómez, Fernando de Garcillán y Pedro Pérez. Luego vinieron también las series, con títulos como ‘Los ladrones van a la oficina’ o ‘La casa de los líos’.

Cuando se mudó a Los Ángeles comenzó a vivir en West Los Angeles. Luego se trasladó a Silver Lake, donde tenía una pequeña productora que se asociaba con otras productoras. Una vida que le encantó a pesar de las distancias kilométricas dentro de esta megalópolis. “Pero cuando volví a València, una ciudad increíble, dije: a mí ya no me mueven de aquí. Esto es una maravilla. Allí me dedicaba a estudiar guiones de diferentes plataformas, y tanto desde mi punto de vista como director, como de productor, pues recomiendo ir por un lado o por otro”.

  • Foto: KIKE TABERNER

En Los Ángeles también se aficionó al baloncesto. “Tuve la suerte de hacer cosas para los Lakers y tuve el privilegio de ir invitado. Muchas veces iba a la pista. Aún pillé el final de la carrera deportiva de Kobe Bryant y el inicio de la de LeBron James. Pero mi jugador favorito ha sido Kevin Durant, al que vi jugar en Nueva York cuando estaba en Brooklyn y lo tuve al lado porque estaba lesionado y yo me sentaba detrás del banquillo. Un tipo muy elegante”.

Antes de irse a Estados Unidos, su relación con el deporte era el fútbol y el Valencia CF, al que iba a ver con su padre. “Yo sufro mucho con el deporte. Jamás olvidaré un partido en el que expulsaron a Juan Cruz Sol y me puse a llorar. Luego, con el tiempo, tuve la suerte de conocer a Sol y cada vez que estaba con él, le recordaba la anécdota. Pero el baloncesto me parece mucho más divertido que el fútbol”. Ahora, a partir de esta temporada, disfruta de su deporte favorito en uno de los lugares más privilegiados que existen: en la primera fila del Roig Arena pegado al banquillo del Valencia Basket. “Allí estoy con mi gran amigo Jon Fatalevich, un exjugador argentino al que conocí porque nos sentábamos juntos en la Fonteta con Jorge Martínez ‘Aspar’ y Amparito. En estas localidades puedes ver cosas increíbles, como que el Facu Campazzo inicie un ataque, marque la jugada y de repente veas que le guiña el ojo a Jon Fatalevich porque son amigos. Entonces él tiene dos asientos y yo los otros dos”.

Al lado de Pedro Martínez

Al principio fue un poco extraño. El club, para que Pedro Martínez no se molestara, pegaba a los abonados todo lo que podía a la mesa de anotadores. “Y, claro, un día acabamos detrás de la fotocopiadora, que era como en la ópera, con visibilidad reducida, y me tocó decir que los pases costaban un huevo como para estar ahí arrinconados. Rápidamente nos volvieron a poner bien, al lado del delegado, Alfonso Castilla, que es un tipo encantador”.

  • Foto: KIKE TABERNER

Miguel está encantado con su asiento en el despampanante Roig Arena. No es fácil deslumbrar a un hombre que ha estado en la gala de los Oscar y de los Goya. Un productor que conoce a Brad Pitt. “Pero no tiene ningún mérito. Lo raro sería que tuviera una carnicería y conociera a Brad Pitt, pero si soy productor de cine y he trabajado en Los Ángeles… Allí el 80% de la gente se dedica, directa o indirectamente, al cine”.

El cine está por todos los rincones de la casa: desde una nutrida estantería llena de libros de todo tipo -sobre una mesa de centro tiene ‘Blanco’, de Han Kang, Premio Nobel de Literatura en 2024- hasta una frase que tenía Billy Wilder en su despacho y que Miguel ha estampado en la pared con letras naranjas: ‘How would Lubitsch do it?’ (¿Cómo lo hubiera hecho (Ernst) Lubitsch?). Al lado, la silueta de la actriz y ‘playmate’ Jayne Mansfield (1933-1967), que se la encontró tirada en un contenedor y que se la llevó hasta casa debajo del brazo. En un lado del comedor, amplio, diáfano, hay también dos butacas que eran del Teatro Español, en Madrid.

El caso es que Miguel Perelló conoce a actores como Brad Pitt, Tom Cruise o Michael Madsen, el Señor Rubio de ‘Reservoir Dogs’. O a la directora Sofia Coppola. A Tom Cruise lo conoce de cuando fue novio de Penelopé Cruz, con quien ha trabajado el productor valenciano. Más curiosa es su conexión con el protagonista de ‘Once upon a time in Hollywood’. “Yo, cuando iba a Los Ángeles, tenía ‘jet lag’ y me despertaba a las tres o las cuatro de la mañana. Entonces lo que hacía era levantarme e irme a andar por un lago que había por allí cerca, y esperaba a que abriera el primer bar para desayunar. Un día estaba en mi barrio, en Silver Lake, esperando a que abriera una cafetería y, de repente, vi que al lado estaba Brad Pitt. Y nada, nos abren, cada uno se va a su mesa y ya está. Pero al día siguiente, otra vez lo mismo. Un día yo estaba hablando por teléfono con alguien de España y, al colgar, me preguntó si me dedicaba al cine y ya nos sentamos juntos. Y desde entonces tenemos cierta amistad. Más adelante fui con unos amigos a Cafe Stella, que era un bistró francés muy bueno, y cuando ya nos íbamos vino a saludarme Brad Pitt. Mis amigos se quedaron alucinados. ¿Pero conoces a Brad Pitt? Y les dije: ‘Desayuno con él…’ Brad Pitt me contó que allí al lado, en una esquina, había pasado muchas horas vestido de gallina repartiendo publicidad de un local de pollo frito”.

  • Foto: KIKE TABERNER

A Miguel Perelló también le gusta ir mucho a la casa materna, en Xert, en la Baix Maestrat. “La arreglé y voy a menudo porque es una casa maravillosa, donde nació mi madre. Allí llevo a veces a actores amigos y la alcaldesa me riñe porque no se los presento, así que la última vez le dije a Imanol Arias si no le importaba ir a saludar a la alcaldesa, e Imanol, que es un encanto, me dijo que por supuesto. O Ernesto Alterio. Ahora, en cuanto acabe la temporada de baloncesto, me iré otra vez a Xert”.

Sobre una mesa hay un curioso retrato en blanco y negro. Miguel cuenta que es David Lynch, el fabuloso director de ‘El hombre elefante’, Mulholland Drive’, ’Blue Velvet’ o ‘Twin Peaks’. “Eso fue una vez que estábamos en el aeropuerto de Los Ángeles con mi hermano y mis sobrinos sentados en un banco haciendo tiempo. Entonces vi que enfrente estaba él echando una cabezadita. Cogí el móvil y le hice una foto en la que se ve, ademas, que tiene una cagadita de pájaro en el zapato. Luego la pasé a blanco y negro y se la regalé a un amigo que lo admira con una dedicatoria por detrás: Si se hubiera despertado, le hubiera hablado de ti”.

Miguel ha sufrido esta semana las dos derrotas del Valencia Basket en los playoffs de la Euroliga. Mucha gente se pregunta quién es ese hombre tan característico: vestido de negro, con la cabeza afeitada y unas llamativas gafas de pasta. Muchos aficionados se refieren ya a él como el Jack Nicholson del Roig Arena. Ese hombre tiene nombre, Miguel Perelló, y, como el actor de Hollywood, trabaja en el cine.

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