VALÈNCIA. Will McCarthy lleva 30 años en España, pero en cuanto aparece la camarera de Las Cervezas del Mercado por la terraza, dentro de la barriga del fastuoso edificio modernista, le pide “una belga tostada”. Will, 56 años, bonito cabello plateado, camisa con palmeras estampadas, unos tejanos cortos y unas New Balance en los pies, habla sin parar y está obsesionado por mencionar las 25 fotos que cuelgan desde esta semana de las paredes del bar. Una hora después no está del todo claro a qué se dedica porque a ratos es periodista, a ratos es músico y a ratos, profesor de inglés. Así que de uno de estos tres oficios, o de la suma de los tres, se gana la vida y se paga las cervezas tostadas belgas.
Las fotos no tienen un gran valor artístico, la verdad, pero sí son 25 imágenes de 25 años a 25 euros que casi retratan más a Will que a la gente que sale. Son momentos de su vida y por eso él ha elegido una palabra que suena igual en inglés que en valenciano: Moments. Will es londinense y vivió varios años, de los seis a los catorce, en el oeste de Canadá porque su padre, Patrick McCarthy, empezó a trabajar en British Columbia. Pero más que británico o anglosajón se siente mediterráneo por la influencia de su madre, Josie, que era del sur de Francia, de las montañas de Niza, donde hablan el nissart, un dialecto, y de sus abuelos, que eran italianos. “Mi alma es mediterránea”, asegura con un acento que no ha perdido tres décadas después de mudarse de Londres a València.

- - Foto: KIKE TABERNER
Su padre era científico y durante sus años en la Universidad de Cambridge entabló amistad con Stephen Hawking. “Yo fui a la escuela con sus hijos”, presume. “Recuerdo que él estuvo presente en una fiesta de despedida que le organizaron a mi padre y juntos realizaron un estudio de topología. Cambridge, durante aquella época, era un lugar fascinante”.
No es fácil encauzar a Will y antes de que nos demos cuenta, sin saber muy bien el porqué, se ha puesto a hablar sobre Maradona y de que podemos ver su debut con Argentina, en un partido frente a Hungría de 1977, en un vídeo en blanco y negro en YouTube. El londinense mediterráneo no puede dejar de hablar tampoco del famoso Inglaterra-Argentina de México 86, de la Mano de Dios y del mejor gol de la historia.
El Valencia CF campeón
A Will le apasiona el fútbol y cuando recaló en València, Mestalla fue el refugio donde calmó su pasión por la pelota. El inglés llegó con 25 años, en la flor de la vida, y descubrió una ciudad efervescente, pasional, donde las noches eran muy largas y las Fallas, muy intensas. Will abrazó la ciudad y se enamoró perdidamente de ella. El romance sigue en pie, aunque la ciudad, siendo la misma, es otra. Él es un extranjero que apenas encontraba a otros pocos en los 90 y ahora es un valenciano que escucha mil acentos por la calle a diario. No es ajeno al cambio que ha experimentado esta urbe que describe con un punto de vista muy original en un artículo que escribió en ’24/7’, una revista en inglés, donde contaba, cuenta, particularidades de València. Y ahí explica que aterrizó en Manises con tres palabras: Hola, Olé y Cerveza. Suficiente para sobrevivir hasta aprender algunas nuevas.
No conocer el idioma le convirtió en un mirón y eso le dio tiempo a verlo todo con calma. “Observé una ciudad con una extraordinaria capacidad para disfrutar de la vida. El primer año pareció una fiesta interminable”, rememora. La noche le cautivó y en Mestalla empezó a florecer un equipo glorioso que terminó ganando dos Ligas, que conquistó una Copa de la UEFA y que incluso alcanzó dos finales de Champions. Parece increíble que sea el mismo equipo que ahora. “Durante todos estos años ha ido acostumbrándose a la presencia de extranjeros en la ciudad”, escribió antes de decir que ahora echa en falta cosas de los 90. “Como descubrir lugares por tu cuenta en lugar de encontrarlos por Instagram. València es una ciudad lo suficientemente grande como para ofrecer una extraordinaria variedad de personas y experiencias, pero lo suficientemente pequeña como para que la casualidad siga formando parte de la vida cotidiana”.

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En su recorrido por sus 30 años en València, cuenta también cómo la conoció. "He visto la ciudad desde bambalinas, desde palcos de prensa de fútbol, desde bares a las cuatro de la mañana, desde salas de conciertos, desde las calles durante las Fallas y desde el centro de eventos internacionales”. La revista ’24/7 Valencia’ la empezó a editar en el año 2000. Y durante años escribió en una publicación llamada ‘Tribal Football’. Ahí cubría los partidos del Valencia y entrevistaba a exjugadores como Dario Felman, presente en uno de los retratos. Felman colmaba su fervor maradoniano y le contaba que conoció al Pelusa cuando era recogepelotas.
Su elección por València
A Will siempre le interesó el periodismo pero cuando dejó la escuela no había muchas opciones para estudiar la carrera y se matriculó en Lengua y Literatura en la Universidad de Gales. Aquel adolescente ya había escrito sus primeros artículos en un modesto periódico de pueblo llamado ‘The Guardian Gazette’. De la universidad salió antes un profesor de inglés que un periodista. Eso le permitió viajar a la República Checa y a Génova, al norte de Italia. “Allí me di cuenta de que me sentía a gusto y de que me gustaba estar cerca del Mediterráneo. Pero nada comparable a mi llegada a València, donde sentí que estaba en casa”.
Como muchos de los extranjeros que viven en València, quería mudarse a España pero no a una de las dos grandes urbes, Madrid y Barcelona. València, Granada y Sevilla encajaban a la perfección en sus pretensiones. Las dos ciudades andaluzas tenían a favor el flamenco que, nunca supo por qué, siempre le fascinó y le empujó a tocar la guitarra. Pero finalmente se decantó por València. Llegó en 1995 y le encantó. Los dos primeros años estuvo dando clases de ingles tanto en academias privadas como en clases particulares. En 1997 regresó a Londres para estudiar algo parecido a un máster, para hacer un Postgraduate Certificate of Education que le permitía enseñar inglés por toda Europa. “Pero me di cuenta de que Inglaterra no era para mí. Imagínate estar en un pub y que te echaran a las once de la noche, que era la hora a la que salía de casa en València… Así que cogí y volví para quedarme. Es una ciudad excelente donde no he tenido la necesidad de aprender a conducir”.
Al acabar el siglo puso en marcha la revista en inglés después de ver con “otros guiris” que sería interesante. Aquella idea surgió en una de sus visitas a La Siesta, un bar que había por la calle Tapinería, en el casco viejo. “Era un lugar que recordaba a los de Barcelona y que era representativo de la nueva València en la época de la Ciudad de las Artes y las Ciencias y del Valencia campeón. Yo estuve en la final de Champions de Milán. Viví toda la trayectoria con Claudio Ranieri, Héctor Cúper, Rafa Benítez… Estuve en algunas fiestas privadas con los futbolistas porque era amigo de Vicente y Santi, que llevaban Diablito y Warhol. Era una época fascinante en la que aún podías hablar con los jugadores. Ahí me di cuenta que lo de la revista era mi vocación”.

- - Foto: KIKE TABERNER
No dejó la docencia, las clases de inglés, y eso le salvó cuando llegó la crisis del papel y muchas publicaciones se quedaron sin tinta a mediados de la década pasada. “Pero soy como mi madre, no soy de tirar la toalla fácilmente, y aguanté hasta la pandemia, donde encontré un pretexto para dejar el papel y mantener solo la versión digital. Mi padre falleció de cáncer hace 21 años y mi madre estuvo a su lado todo el tiempo, sin desfallecer. En lo bueno y en lo malo”.
No aguantó tanto en ‘Tribal Football’, pero siempre aprovechó su rol como británico experto en València y en la última Tomatina entró en la BBC para explicar las particularidades de la fiesta. “Sonaba una canción y yo sabía que era Nino Bravo y lo que significa ‘Un beso y una flor’, por ejemplo, algo que un enviado especial jamás sabrá. También sé que en Buñol entrena el Levante. Cosas así”.
Su noche con el bajista de Stones Roses
Durante todos esos años, sin considerarse un profesional, también le gustó hacer fotos o aprovechar que tenía delante a Ferran Torres o a Zinedine Zidane para retratarlos. Y ahora ha reunido una selección de esas imágenes para hacer una exposición en Las Cervezas del Mercado que ha titulado ‘Moments’. “Son momentos y va ligado a algo tan valenciano como el pensat i fet. Yo vivo en el Botánico y tenía muchos anunciantes en el Carmen. Me gustaba quedar con la gente en el Café Lisboa. Era amigo del dueño, de Toni, que me ponía publicidad, y el Lisboa era un sitio clave para dejar la revista. Era mi sitio favorito. Me gustaba ir y leer el periódico ‘Levante’ en papel. A veces ‘Las Provincias’. Siempre me ha gustado el papel”.

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Gente anónima se junta con otros más conocidos en esta exposición. Uno de sus personajes preferidos es Chris Wrigth, un inglés de 90 años que ha escrito un libro sobre el Maestrazgo. “Yo tocaba en una banda con él años atrás. Tocábamos en pueblos con dos españoles. Nos gustaba tocar blues, rock and roll, a los Beatles… Él vino a España en el 59 o 60. Primero a la Costa Brava y le gustaba recorrer los pueblos con su coche. Su libro sobre el Maestrazgo es fascinante. Ahora estoy editando su biografía”.
Su afición por el jazz también se refleja en su exposición con una foto en los Gestalguinos. “Yo toqué allí muchas noches”, recuerda. Pero también hay músicos callejeros. Porque siempre le gustó lo que se encontraba por las calles de València, como cuando conoció a Vicente y su perra Luna. Will les hizo un retrato que ahora está en uno de esos 25 Moments. O las Fallas, que tanto impactan a los extranjeros, aunque él ya hace tiempo que dejó de serlo.
Aunque ninguno de los personajes fotografiados le trae tantos recuerdos como Mani, “uno de los mejores bajistas de su generación”. Gary ‘Mani’ Mounfield fue uno de los integrantes de Stone Roses y Primal Scream. “Lo conocí una noche que estaba con el DJ en Loco Club. Él me dijo: ‘Sal conmigo’. Y me contó muchas historias que no puedo traicionar. Cuando cerraron allí acabamos la noche en Látex Club, una discoteca de música electrónica. Me dijo que el mejor fin de semana de su vida lo pasó en València. Después de tocar en Barraca en un concierto legendario (Stones Roses actuó allí, el 23 de septiembre de 1989, por primera vez en España y aunque las entradas costaban mil pesetas no lograron llenar), se fueron por la Ruta del Bakalao hasta el domingo. Dos noches sin dormir”.

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Will sonríe recordando aquella noche. Fueron los años alegres de una València que todavía no había sido tomada por el turismo. El profesor-periodista-músico lanza otra frase muy certera en aquel artículo sobre València. "La ciudad no debería convertirse en una versión de otro lugar”. Un dardo al centro de la diana de este hombre que apura su cerveza tostada belga antes de despedirse rodeado de fotografías, sus fotografías.