VALÈNCIA. Las altas temperaturas representan un importante desafío para la salud de toda la población, pero sus efectos pueden ser especialmente graves en las personas que padecen enfermedad de Alzheimer. La pérdida de memoria, la alteración del juicio y la dificultad para identificar sensaciones básicas como la sed convierten a estos pacientes en uno de los colectivos más vulnerables durante las olas de calor.
La doctora Erika Torres, jefa del Servicio de Neurociencias Avanzadas de los hospitales Quirónsalud Torrevieja y Quirónsalud Alicante, advierte que "el calor no solo incrementa el riesgo de deshidratación, sino que puede provocar un empeoramiento brusco del estado cognitivo y funcional del paciente. En muchos casos, la persona con Alzheimer no es consciente de que tiene sed, no recuerda beber agua o no percibe que la temperatura ambiental supone un peligro para su salud".
A esta situación se suma el propio envejecimiento del organismo. Con la edad disminuye la capacidad para regular la temperatura corporal y conservar un adecuado equilibrio hídrico, una circunstancia que se agrava en quienes padecen enfermedades neurodegenerativas.
Un deterioro que puede aparecer en pocas horas
Durante un episodio de calor intenso, el organismo necesita activar mecanismos para disipar el exceso de temperatura. Cuando estos sistemas no funcionan correctamente o la hidratación es insuficiente, el riesgo de sufrir complicaciones aumenta considerablemente.
"La deshidratación reduce el volumen de sangre que llega al cerebro y esto puede traducirse en una mayor desorientación, confusión, somnolencia e incluso alteraciones del nivel de conciencia", explica la especialista. "En ocasiones, las familias interpretan estos cambios como una evolución natural de la enfermedad, cuando en realidad pueden ser consecuencia directa del calor y de una deshidratación que requiere tratamiento".
Si no se actúa de forma precoz, esta situación puede evolucionar hacia un golpe de calor, una urgencia médica potencialmente grave que puede afectar al funcionamiento del cerebro, el corazón y otros órganos vitales.
Cambios de comportamiento que nunca deben pasarse por alto de personas con Alzheimer
Uno de los principales problemas es que los primeros síntomas pueden resultar difíciles de identificar.
"Cuando un paciente con Alzheimer presenta un empeoramiento repentino de la orientación, está mucho más irritable, excesivamente somnoliento o deja de participar en actividades que antes realizaba con normalidad, debemos pensar que puede existir una causa médica detrás y no asumir automáticamente que la enfermedad ha avanzado", señala la doctora Torres.
Otros signos de alarma son la debilidad intensa, los mareos, la piel muy caliente y seca, la disminución de la cantidad de orina o la fiebre elevada. Ante cualquiera de estas situaciones, la recomendación es acudir a un servicio de Urgencias para una valoración inmediata.
La hidratación no puede depender de que el paciente tenga sed
Uno de los errores más frecuentes durante el verano consiste en esperar a que la persona solicite agua.
"En la enfermedad de Alzheimer desaparece progresivamente la capacidad de reconocer la sensación de sed. Por eso la hidratación debe organizarla el cuidador y no el paciente", afirma Erika Torres.
La doctora Torres recomienda ofrecer pequeñas cantidades de agua varias veces al día, incluso cuando la persona asegure que no tiene sed. Además, conviene complementar la hidratación mediante frutas de temporada, gazpachos, cremas frías o alimentos con un elevado contenido en agua.
Establecer horarios fijos para beber, utilizar recipientes fáciles de manejar y recordar periódicamente la ingesta de líquidos son medidas sencillas que pueden prevenir complicaciones importantes.
Adaptar la rutina para prevenir complicaciones
Durante los meses de verano también resulta recomendable modificar algunos hábitos cotidianos.
Los paseos deben realizarse a primera hora de la mañana o al anochecer, evitando siempre las horas centrales del día. Asimismo, es importante mantener el domicilio bien ventilado o climatizado, utilizar ropa ligera y favorecer una alimentación fresca y equilibrada.
La doctora Torres recuerda que "muchas personas con Alzheimer no verbalizan que tienen calor, por lo que los cuidadores deben observar de forma activa su estado general y comprobar con frecuencia que se encuentran cómodos y correctamente hidratados".
Cuándo acudir a Urgencias
Los expertos insisten en no minimizar determinados síntomas cuando coinciden con una ola de calor. Una fiebre elevada, la dificultad para despertar al paciente, la pérdida de conciencia, los vómitos persistentes, la respiración acelerada o un incremento muy llamativo de la desorientación son signos que requieren atención médica inmediata.
"La prevención sigue siendo la mejor herramienta para proteger a las personas con Alzheimer durante el verano", concluye la doctora Erika Torres. "Mantener una adecuada hidratación, evitar la exposición prolongada al calor y estar atentos a cualquier cambio en el comportamiento puede evitar complicaciones graves. En estos pacientes no debemos esperar a que aparezcan síntomas evidentes, porque muchas veces ya no son capaces de expresar que algo no va bien".